Reorientar la Política Exterior en Tiempos de Cambios Geopolíticos: que se Cumpla la Ley

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

El asunto de la amenaza en el aumento de las tarifas comerciales como una sanción contra México, por parte del gobierno de Estados Unidos expuesto en los medios de comunicación y redes sociales en los últimos días, concretamente de su presidente Donald Trump, de manera unilateral, es una clara violación al derecho internacional, debido a que la relación comercial  entre ambas naciones, está sujeta a un “Tratado de Libre Comercio de América del Norte” (TLCAN) que desde su entrada en vigencia, en el año de 1994, es el marco jurídico que regula las relaciones comerciales entre: México, Estados Unidos y Canadá.

Por supuesto, el TLCAN no cuenta con la posibilidad de que se dicten sanciones comerciales por asuntos de carácter migratorio, que rebasan los marcos de dicho tratado, pues son esferas de acción diferentes.

Por lo tanto, el episodio de la negociación entre México y Estados Unidos para evitar semejante amenaza de aumentar gradualmente los aranceles a los productos que provengan de México, y su resultado, que a la postre, dio pie al Acuerdo del 8 de junio, es necesario analizarlo a la luz del derecho internacional para proyectar en lo futuro, la política exterior de México, basada en principios y en el derecho internacional, buscando espacios para negociaciones futuras que permitan vacunarlos de los embates de un vecino que no respeta la normatividad internacional.

Aunado a lo anteriormente expuesto, es importante agregar que desde la perspectiva internacional, Estados Unidos, viola el derecho internacional comercial, sustentado en el tratado de Marrakech que, como se sabe, da vida a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Como se puede apreciar, es claro que esta amenaza (de llevarse a cabo), constituye una violación a tratados comerciales cuya esencia ha sido establecer el libre comercio. Aumentar los aranceles de manera unilateral, sin una causa derivada del TLCAN, lo que constituiría una violación al derecho de los tratados antes referidos.

Así, la decisión presidencial y la aplicación de tal disposición, violarían los artículos 26 y 27 de la “Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados” efectuados en 1969, de la cual como se sabe, no son parte los Estados Unidos, sin embargo, se le aplica, en virtud de que son normas de carácter consuetudinario y son la base del sistema jurídico internacional.

La decisión del Presidente de los Estados Unidos de América, en caso de que se hubieran aplicado, las medidas arancelarias (lo cual, aún es una amenaza latente), violaría uno de los principios fundamentales del derecho internacional: el principio pacta sunt servanda, que establece que los Estados de la comunidad internacional, deben de cumplir los tratados internacionales de buena fe. Este principio es esencial, ya que, sin él se destruye el orden internacional de coexistencia y convivencia social y económica.

¿De que serviría dedicar tanto tiempo, recursos humanos y materiales para negociar los tratados internacionales, si no se cumplen? La respuesta en este sentido, la debería de dar Estados Unidos, ya que el cumplimiento de buena fe de los acuerdos internacionales, permite relaciones pacíficas, ordenadas, seguras, sin que existan guerras entre las naciones. Lo cual es válido y útil para todos los Estados, chicos, grandes, no importando su sistema y orientación política. Sin embargo, estos postulados según parece, no le interesan para nada al vecino del norte.

Ahora bien, la decisión unilateral de aumentar los aranceles, de manera progresiva, del comercio entre los dos Estados, en contravención del TLCAN y la Organización Mundial de Comercio (OMC), traería consecuencias jurídicas; en principio, porque ambos tratados tienen sistemas de solución de controversias que nos son ajenos a México, pues varias veces se ha litigado en estos foros.

El problema con los Estados Unidos, es que es un país, que en algunas ocasiones no cumple sus obligaciones internacionales, alegando que su normatividad interna le da facultades para llevar a cabo esas acciones. Lo cual como ya se ha visto, el derecho internacional no lo permite. Pese a ello, los estadounidenses han salido de manera impune, bien librados.

Hay algunos casos que así lo demuestran; como el incumplimiento del fallo a favor de México en un panel de solución de controversias del TLCAN en el asunto de la transportación mexicana en el territorio de los Estados Unidos que duró 15 años y que este país no cumplió.

Otro caso, ahora de derechos humanos, es el caso Avena; un proceso legal presentado ante la Corte Internacional de Justicia, en donde se dictó sentencia a favor de México, sin que los Estados Unidos hayan cumplido dicha orden.

Estos dos simples ejemplos, nos hacen ver que el intentar un remedio legal como un camino para solucionar los conflictos en relación al comportamiento del vecino del norte, no ayuda mucho en un asunto de tanta importancia y urgencia como puede ser, el aumento ilegal de aranceles en una economía que ya ha llegado a cierto nivel de imbricación.

¿Pero entonces como debe resolver el problema México sin ser severamente afectado, ya sea en lo económico o en el fenómeno migratorio, convirtiéndose en tercer país seguro?

¿Qué camino debería elegir México?

Como ya es conocido por la opinión pública, dentro de las normas jurídicas, se encuentra el de realizar represalias, que según el derecho internacional, son medidas ilegales que se convierten en legales, en virtud de constituir una respuesta a una medida ilegal anterior. México lo ha hecho anteriormente en el caso del transporte y en el caso del acero. Esto significaría también enfrascarse en una especie de vencidas con la gran potencia económica y sería peligroso, porque pueden ir escalando las represalias recíprocas y su evidente magnitud y alcance.

Está claro que el gobierno mexicano no puede liarse a golpes con el grandulón agresivo del barrio, que sigue la máxima de “quien golpea primero, golpea dos veces”. La economía mexicana no tiene la fuerza suficiente para soportar una guerra comercial con una potencia económica como representa Estados Unidos. Una muestra de esto, pudo verse en estos días, cuando el peso se deslizó y las calificadoras internacionales ubicaron a la baja al país, en sentido crediticio negativo.

Por lo que una medida más inteligente en el mediano y largo plazo, sería redoblar los esfuerzos en materia de seguridad en la frontera sur del país, con la finalidad de establecer un mejor control y modernización del territorio mexicano en su símil con Centroamérica y al mismo tiempo, fortalecer los lazos comerciales con: China, India, Corea del Sur, Alemania, Turquía, e inclusive Rusia. Quienes presentan índices de crecimiento económico sostenido en un contexto de prolongados cambios e inestabilidad en los mercados internacionales.

Es momento de ubicar a la geopolítica como estrategia de cambio estructural en el mercado interno y en la relación bilateral con los Estados Unidos.

Acerca de misionpo 3835 Articles
Noticias nacionales e internacionales. Investigación y reflexión política.