Flujos Migratorios: Nuevos Escenarios Comerciales y la Relación México-EU

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

La coyuntura geopolítica ha sido el principal tema de conversación en la agenda nacional en los últimos días. Al respecto, México y Estados Unidos enfrentan un problema migratorio serio y creciente, que proviene principalmente de Centroamérica y solo puede ser abordado de manera conjunta entre ambas naciones. No hay soluciones fáciles, ni de corto plazo para tratar de dar una salida a este problema.

Sin duda alguna, México puede hacer un mayor esfuerzo para mejorar la pobre infraestructura de su frontera sur, invertir en instalaciones consulares para procesar visados y ofrecer una política de ingreso generosa, pero ordenada, a los migrantes de estos países.

El objetivo de esta transformación en el Instituto Nacional de Migración (INM) debería ser lograr el tránsito ordenado de una persona a la vez para aquellos que busquen oportunidades de trabajo y evitar de esta manera, el abuso de las leyes de asilo. Este tránsito ordenado requeriría, por supuesto, del otorgamiento de un gran número de visados (50.000 al año, por ejemplo), en origen para desincentivar que el migrante económico se haga acompañar de su familia como estrategia de entrada en territorio nacional. Por otra parte, EU y Canadá podrían también ofrecer un número de visados con posibilidades de empleo con criterios similares.

Asimismo, se requiere de una gran inversión para promover el desarrollo económico de Guatemala, Honduras, El Salvador y el sur de México. Al respecto, Canadá, EU y México, podrían trabajar juntos, para invertir en infraestructura de transporte y energía para que esta región tenga la oportunidad de formar parte de la economía de Norteamérica y crezca de manera sostenible.

La Unión Europea y otros países, también, podrían ser invitados a colaborar en este esfuerzo.

Si el Gobierno de Trump opta por no comprometerse a este programa de desarrollo, debería perseguirse este objetivo de cualquier manera, debido a que atiende las causas que originan el fenómeno de la migración.

Sin embargo, invocar la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), como ha hecho el presidente Trump, con el objetivo de frenar los flujos migratorios, solo empeorará la situación, porque esta ley, le otorga amplios poderes para proteger la integridad de EU frente a amenazas extraordinarias e inusuales. Es restrictiva en su esencia, y no ayuda a fortalecer los lazos de unidad y trabajo conjunto, entre México y Norteamérica.

Al respecto, conviene ser objetivo y preciso en este sentido. Los flujos migratorios centroamericanos son un problema y un reto importante, pero no una amenaza para su seguridad nacional e integridad. Además, culpar y castigar a México por estos flujos es evidentemente injusto y contraproducente, e invocar la IEEPA parece más bien una estrategia político-electoral para el mandatario norteamericano, que un argumento sustancial que ayude a solucionar el conflicto.

De igual manera, la aplicación de aranceles a las importaciones mexicanas destruye el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y el nuevo T-MEC, debido a que el impacto económico negativo resultaría profundo y duradero para ambas economías: el arancel inicial del 5% sería mayor al que se aplicaba a bienes mexicanos antes del TLC (4%) y un arancel general de 25%, colapsaría al comercio bilateral. Por ello la economía mexicana sufriría de manera significativa, pero también la estadounidense, ya que México está por convertirse en su principal socio comercial, ante la consolidada guerra arancelaria existente con China.

Es precisamente el daño regional -en Texas, California, Arizona, los Estados del cinturón del maíz y del medio oeste- y el sectorial -agricultura, autos, autopartes, electrónicos, dispositivos médicos, bienes de consumo, propiedad intelectual, telecomunicaciones, tecnologías de la información y comercio electrónico- lo que podría detener la imposición de aranceles en un escenario a largo plazo.

Si bien hay un consenso en EU para enfrentar el reto de China, el presidente Trump se topará con una amplia oposición para hacerlo con México, debido a los factores ya expuestos.

Asimismo, el impacto de estos aranceles sería tan generalizado que se puede concluir que no serían aplicados durante mucho tiempo. Esta es, sin embargo, la razón principal del presidente estadounidense para imponerlos: ya que la situación se volvería tan insostenible para México, que el país terminaría por aceptar sus condiciones, sin importar qué tan extremas fueran estas.

El problema en este escenario, es que el costo sería insostenible en ambos lados de la frontera, aunque con mayores consecuencias, para este lado del río bravo. Así mismo, el comercio en Norteamérica cabe recordar, responde a la producción conjunta, por lo que aplicar aranceles a insumos, partes y componentes al cruzar la frontera, volvería imposible la profunda integración económica existente. Este escenario por supuesto, es el que México, debe evitar a toda costa.

Adicionalmente, visto desde los Estados Unidos, es difícil pensar en una manera más perniciosa de alejar a México de una política de economía de mercado y apertura comercial estratégicos en América del Norte, ya que, el colapso del comercio bilateral entre ambas naciones, sería interpretado en México como una confirmación del equívoco de haber abierto la economía y buscado una integración con su vecino del norte.

Para confirmar la vocación a favor de la apertura de la economía mexicana en estos momentos, se vuelve crucial anunciar la conclusión exitosa de la revisión del acuerdo de libre comercio con la UE y enfatizar la relevancia del acuerdo transpacífico (TPP) recientemente terminado. La mejor ocasión para hacerlo se daría en la reunión del G20 a la que el presidente López Obrador, hasta ahora, ha declinado asistir.

Es tiempo de cerrar filas y diversificar ofertas comerciales con potenciales aliados que ayuden a México en la disminución sustancial de la dependencia económica asimétrica, que se tiene, hasta el día de hoy, con los Estados Unidos ante el impredecible escenario de convivencia con el presidente Donald Trump, si se llega a reelegir como el líder político de su nación.

Este escenario es el más factible en el futuro inmediato.

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