La Hiperviolencia Como Discurso Taquillero

La Tiendita de los Horrores

Por Emilio Hill B.

Ya se han calmado un poco las aguas. Después de semanas en que el reinado de Avengers: Endgame (Anthony y Joe Russo, 2019) era incuestionable, tuvo que llegar el cine hiperviolento para tomar venganza en la taquilla. Y lo hace contra el género de filmes de acción convencional de Hollywood.

John Wick Parabellum (Chad Stahelski, 2019) le ha dado buena pelea al grupo de superhéroes más poderosos de la tierra. En su semana de estreno, logró 57 millones de dólares. Eso sí, el filme sobre la máquina de matar, no pudo con la llegada de Aladdin (Guy Ritchie,2019), la cual a nivel mundial se encuentra a la cabeza ya que en su primera semana acumuló la friolera de 200 millones de billetes verdes.

Pero en el caso de la tercera parte de la saga John Wick, el vehículo de la revancha es la estética violenta que se contrapone con el regodeo cultural de Avengers y que se alimenta del cine bélico a la Howard Hawks hasta los primeros cliffhangers.

Porque John Wick: Capítulo 3-Parabellum  (Chad Stahelski, 2019) armoniza una orgía sanguinolenta y la dota  de cinismo mezclado con  humor. Pero también hamburgueriza (ya que, para ser precisos, no cabe el término tropicalización) al cine violento y de acción surcoreano. Oldboy (Pak Chan–uk, 2003), que pertenece a la llamada Trilogía de la venganza y I Saw the Devil (Kim-ji –woon, 2010) son dos ejemplos.

En esta ocasión, John Wick (Keanu Reeves) huye de la organización de asesinos a la cual ha jurado obediencia. La orden es eliminarlo a cualquier costo. Ese es el pretexto para que el filme se sostenga en un ritmo coreográfico de sangre. La violencia como belleza estética y discurso final.

Pero también Wick mezcla las influencias mencionadas con el vengador anónimo del cine hollywoodense a la Don Siegel. El personaje es un proscrito solitario que entiende a la justicia bajo sus propios términos. Una mezcla de Harry el Sucio, y el arquetipo hiperviolento del cine surcoreano.

Una muestra de cómo Hollywood se adapta sin mayor problema a las modas fílmicas para complacer a su público. Reeves, se siente más que cómodo en el papel y de paso obtiene una saga que tiene el éxito probado en la taquilla como cualquier estrella que se respete.

La franquicia se sostiene de pulsiones. La violencia extrema –y eso lo ha entendido la serie- se complementa por medio de un humor cínico y sanguinolento. Eso sí, como todo cine de Hollywood cabe un respiro de moral y redención que incluye freno en una batalla en el metro de Nueva York mientras pasan unos niños. Cuando la pelea continúa, por cierto, los habitantes de la llamada Gran Manzana, ni se inmutan.

El valor de John Wick, visto como saga fílmica, se encuentra en equilibrar dos mundos cinematográficos: el cine violento asiático, y el del bastardo justiciero hollywoodense, propio de los años setenta. Por lo menos el asunto va más allá de la acción clásica que ofrecen las películas de súper héroes, muy orgánicas y equilibradas, a pesar de los intentos por darle su revolcadita al género.

Para complacer a las audiencias, se vale la hamburguerización y Hollywood con tal de no perder influencia lo entiende. ¿Otro ejemplo? El halitoso monstruo Godzilla, película que abordaré la próxima semana.

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