Guerra Comercial Entre China y Estados Unidos: Primer Gran Golpe de Occidente

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En semanas anteriores se dio origen a una guerra especialmente cruenta, que ya comienza por afectar a los mercados internacionales e involucra a grandes proporciones de seres humanos, que buscará definir las formas en las que el nuevo mundo habrá de comportarse, a partir del balance, que se espera se encuentre, entre China y Estados Unidos después de que, se dé a conocer un ganador.

Hasta ahora, se cree que el acuerdo estaba cerca, sin embargo, sobresaltos con uso de la violencia, nuevos aranceles y nuevas amenazas van escalando una tensión que excede a los dos protagonistas y que, como pasó durante la Guerra Fría, de una manera u otra, involucra a muchas naciones. No hay nadie que esté fuera de esta batalla, hoy inmersa en el G-5. Una guerra que también se ha centrado en el uso de los sistemas de comunicación que hoy rigen el destino de millones de personas y que se han convertido en la brújula social de millones de seres humanos, llamados teléfonos inteligentes.

En este sentido, Oriente ha ganado una posición de ventaja que no solamente se limita o se resume al G-5. Hace más de 35 años Oriente logró convencer a Occidente de que no era necesario seguir trabajando y que ellos por poco dinero, podrían trabajar para todos los demás. Eso fue especialmente importante a la hora de ser planteado, resuelto y llevado al éxito en las mayores y más desarrolladas economías del planeta.

En la actualidad, cuando el presidente Donald Trump, con cierta razón en la política que mantiene contra China, dice y promete volver a trabajar, olvida con frecuencia que el gran problema de su país, como de muchos otros, es que hace mucho tiempo que dejó de laborar en las industrias que han ido acumulando día a día, las posiciones de mercado chinas. Pero mientras tanto, y sin pretenderlo, va surgiendo una pregunta en el panorama, ¿cómo va a buscar Trump mantener la relación con las economías orientales y sobre todo el balance con China?

La respuesta a esta interrogante, es que el déficit comercial es importante, aunque no está motivado de una manera unilateral porque unos estén vendiendo de una forma más agresiva que los otros. Más bien, lo está porque las dos economías, hace tiempo que, salvo por la tecnología y el dominio financiero, cambiaron de perspectiva. Una recibió una mayor inyección para producir y otra una mayor inyección para especular.

En este contexto, México va sufriendo los cambios de la adaptación de su cuarta transformación y está concentrado, en noventa por ciento de su tiempo, en los debates y en las cuestiones de orden interno. Sin embargo, y mientras el mundo se sigue moviendo, el peso de los mercados internacionales tiene cada día, un papel más protagónico en el comportamiento del mercado mexicano.

Veámoslo con detenimiento.

México ha sufrido en algunos momentos los vaivenes de la guerra entre China y Estados Unidos, lo que ha generado algunas recomendaciones por parte del vecino del norte, sobre qué hacer o qué dejar de hacer en la relación con China. Es evidente que este momento es diferente; está claro que el presidente López Obrador ha elegido llevarse bien, sobre todas las cosas, con el difícil vecino norteamericano. También es cierto que espera, (y ojalá tenga éxito, porque si le va bien a su administración, le ira bien al país), reconvertir el dinero que Trump quiere gastar en hacer muros o en controlar por la fuerza la inmigración ilegal, mediante una inversión social que ataque directamente al origen de las necesidades de tener que migrar. Es decir, crear puestos de trabajo en sus lugares de origen, para no tener que ir a buscar cada día el famoso sueño americano.

Por lo tanto, el acuerdo que pueda llegar a surgir entre China y Estados Unidos, afectara de una manera decisiva estos objetivos.

Hay que recordar las declaraciones del jefe de la oficina de la Presidencia sobre lo que sucedió durante las negociaciones de los aranceles al acero y al aluminio. En dichas declaraciones Alfonso Romo, señaló que hubo una recomendación sobre limitar la inversión activa china en el país, lo cual lleva a una gran pregunta: ¿puede México tener una estructura económica que no solamente esté afectada por esa imposición física de ser el vecino de Estados Unidos, sino que pueda prescindir en sus sistemas económicos y comerciales de cualquier relación importante con China? Esa es una gran pregunta que, al día de hoy, la cuarta transformación no tiene que resolver. Pero tarde o temprano y una vez terminada la guerra de los celulares, la guerra de los aranceles y la guerra de las tecnologías, es algo que terminará afectando a este país.

Aunque México tiene una gran ventaja en todo ese proceso, y esa ventaja es que  sigue siendo una nación con capacidad de trabajo. La capacidad del mexicano de reinventarse a pesar de la adversidad, es un enorme aliciente que no lo tiene casi, ninguna cultura en el mundo.

Por eso resulta clave, saber vivir todos los días con las demandas del monstruo. Esto significa que, al mismo tiempo, se necesita construir un escenario donde las consecuencias para México sigan siendo, de momento, únicamente verbales sin pasar a los hechos.

Pero de igual manera, es necesario ir desarrollando una serie de relaciones con un abanico de países, no sólo de Oriente, que le den estabilidad, seguridad y, sobre todo, un trato más ecuánime a todos aquellos que tienen negocios o inversiones en el país. Hay que saber diversificar negocios sin depender de un mercado como el americano y de un presidente tan iracundo y volátil como Trump.

Por ejemplo, el nuevo gobierno español estará listo y en funciones, en no más de dos semanas. El sentido común indica que, para ese momento, México ya debería haber preparado la base de la relación, con el que es su segundo mayor inversionista, caracterizado no sólo por la fuerte presencia de sus empresas en territorio nacional, sino también, por la gran cantidad de dividendos que obtienen y que normalmente son sacados sin ninguna condición, sin reinvertir nada en México.

Esta reunión será el perfecto momento para replantear la relación y acrecentar más los lazos comerciales nivelando la balanza del superávit con España.

Este es el momento de hacer un nuevo tratado con las empresas y con los intereses de cualquier país, pero especialmente con esta nación. Las inversiones y los puestos de trabajo que crean son bienvenidos, pero también es necesario encontrar una manera en la que participen en los cambios estructurales que, con más o menos problemas, está implementando la administración actual.

México debe aprender a crecer y aprovechar la vorágine comercial, que el conflicto entre Estados Unidos y China dejará tras de sí,  y el momento es ahora o nunca.

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