Precios de Gasolinas en el Mundo y el Caso de México, ¿Qué Esperar?

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

La movilidad en el mundo occidental es uno de los ejes principales que determinan las agendas programáticas de varios gobiernos. No es un secreto que los problemas en los precios de los combustibles, son factor que ayuda a determinar la inflación de las economías en todo el globo terráqueo.

Aunque la gasolina (o el diésel) se venda en todas partes, las condiciones que determinan su precio son muy distintas. Y las razones que lo hacen aumentar, también.

El precio de los combustibles está sujeto a muchas y diferentes variables. Entre los principales factores que ayudan a determinar estos precios, suelen influir: las ayudas del gobierno, los impuestos, el precio del barril del petróleo, las políticas antiinflacionarias, o si un país ha de importar el petróleo o, por el contrario, puede producirlo.

Todos estos elementos en conjunto, pueden determinar las coordenadas sobre las cuales, gravite el valor en el precio de los combustibles fósiles.

Ahora bien, el conjunto de todos estos factores puede modificar el precio del litro de gasolina de forma radical, haciendo que en un país se pague hasta 200 veces más que en otro. Pero también influye el poder adquisitivo del consumidor. Por ejemplo, aunque el precio de la gasolina sea muy alto en Holanda y muy bajo en Bolivia, eso no quiere decir que la gasolina resulte muy cara para los holandeses o muy barata para los bolivianos. Todo dependerá de su poder de compra para poder adquirirla.

De acuerdo con la consultora de Global Petrol Price, Venezuela es el país que tiene la gasolina más barata del mundo, entre los 167 países y territorios analizados en su informe más reciente, publicado el pasado mes de mayo, de este año.

El estudio de la consultora develó, que el costo del valor de la gasolina en el país latinoamericano es de 10 centavos de dólar el litro y sigue siendo increíblemente barata, a pesar de que el país esté atravesando una crisis económica con una inflación galopante.

De acuerdo con este índice de precios los cinco países con los precios más baratos en los combustibles fósiles son: Venezuela (US$ 0,010), Irán (US$0,28), Sudán (US$0,34), Kuwait (US$0,35), Argelia (US$0,36).

Sin embargo, manteniendo estos precios tan bajos para financiar parte de la gasolina a sus ciudadanos, estos países renuncian a obtener ingresos mediante la exportación del petróleo a precios internacionales, donde el beneficio sería mucho mayor para sus reservas económicas.

En el último año, el precio del petróleo subió y si continúa este camino, como muchos analistas prevén, el costo de mantener la gasolina tan baja podrá ser mayor a lo esperado.

En contraposición los países con los precios más altos en los combustibles son: Islandia (US$2,15), la provincia de Hong Kong (US$2,14), Noruega (US$2,05), Holanda (US$1,97), Mónaco (provincia francesa), Grecia Y Dinamarca (US$1,92).

En el caso de Noruega, la explicación de tales costos es muy sencilla: en lugar de subsidiar el combustible, el gobierno de este país ha creado impuestos altos para restringir y limitar el uso del automóvil privado e incentivar el transporte público, a través de este método.

De esta forma, el dinero que obtiene de las exportaciones de petróleo, lo utiliza para nutrir el Fondo Soberano de Noruega que se usa para intentar diversificar la economía, teniendo en cuenta que las reservas algún día se agotarán. Ello se traduce en una medida inteligente, al preparar el futuro a corto plazo pensando siempre en la adecuada administración de los recursos públicos.

La misma lógica se aplica en Holanda y el resto de los países que lideran los costos más altos de combustibles fósiles. Grecia, por ejemplo, se vio obligada a subir el precio de la gasolina para ajustar sus finanzas, como uno de los requisitos exigidos por sus acreedores internacionales.

Israel, que ocupa el 10º puesto entre los países con la gasolina más cara, US$1,86 el litro, también aplica impuestos muy altos a los combustibles preparando el camino para una reconversión energética por medio de la transferencia tecnológica que Estados Unidos podría proveerle.

¿Y a todo esto, qué pasa en el caso mexicano?

A tres semanas de que el presidente Andrés Manuel López Obrador diera a conocer –como lo prometió repetir cada lunes– a las estaciones de servicio que venden más cara la gasolina en México, empresarios del ramo y expertos aseguran que los precios del hidrocarburo no pueden bajar por decreto presidencial, porque existen al menos 4 razones que no lo permiten.

Esos 4 factores que evitan que los comercializadores del carburante bajen el precio al consumidor son: falta de infraestructura para importar y transportar el energético; que Pemex es casi el único proveedor del mismo; los impuestos aplicados por el Gobierno y el alza en el precio del petróleo en el mercado mundial.

Aunque en 2016 la reforma energética abrió la puerta para eliminar el monopolio de Pemex en la venta de gasolinas, a más de dos años de esa apertura y poco más de un año de la liberación del precio, aún no hay suficientes gasolineras en manos de privados como para incidir en la reducción de precios, de acuerdo con la lógica de mercado.

En México existen alrededor de 12 mil 837 estaciones, sin embargo, apenas 2 mil 907 son de empresas privadas, es decir alrededor de 23 por ciento son gasolineras de firmas como: Shell, Petro-7, Oxxo Gas, Chevron y Exxon Mobil.

La competencia ahora (más que en precios) está en posicionamiento en la calidad del servicio que ofrecen, programas de lealtad y generar beneficios importantes para los consumidores”, destacó Pablo Zárate, director de Pulso Energético, firma de análisis del sector.

Esta declaración confirma que la inversión en los energéticos, en especial en la cadena de comercialización y transportación sigue siendo financiada por el Estado sin lograr grandes beneficios por parte de las empresas privadas, debido a que estas últimas, reciben un subsidio por los costos de operación de parte del gobierno y reduciendo de esta forma, el impacto negativo en sus inversiones.

La pregunta obligada en este sentido es clara: ¿hasta cuándo las empresas privadas invertirán en el mercado nacional adquiriendo su propia tecnología y dejando de obtener beneficios sin inversión propia?

Actualmente el precio promedio del combustible automotriz en México, se ubica en 19.77 pesos el litro, 12.3 por ciento más caro, que lo que valía hace un año, según datos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

De acuerdo con empresarios gasolineros, el costo de la molécula, logística y distribución tienen un peso aproximado entre 60 y 65 por ciento en el precio final; mientras que los impuestos son entre 25 y 30 por ciento; eso les deja un margen de utilidad que asciende hasta a un 10 por ciento del total mismo que se divide entre el comercializador y el distribuidor.

Si esto es cierto, el negocio de la comercialización de los hidrocarburos en México no es tan rentable como se piensa, sin embargo, contrario a esta lógica, cada día son más los empresarios que quieren sumarse a este boyante mercado.

De acuerdo con declaraciones vertidas por los mismos empresarios de los combustibles, es importante desarrollar mayor infraestructura y transporte de combustibles, que permita a las nuevas marcas de estaciones de servicio, tener un menor costo logístico y con ello ofrecer el mejor precio a los consumidores. Pero esa obligación corresponde a estos personajes, pues el nivel de sus inversiones es ínfima comparada con el de los costos orientados al consumidor. Tenemos combustibles caros, porque los empresarios gasolineros en México no quieren invertir en más y mejor tecnología para la transportación y su comercialización.

Tenemos una clase empresarial de los hidrocarburos que quiere ganar mucho, invertir poco y exigirle al gobierno demasiado.

Ellos mismos lo reconocen, pero no hacen nada para solventarlo y atenderlo.

“Esto también permitirá diversificar la proveeduría de las gasolineras al incrementar la capacidad de importación de privados, pues la mayoría (más de 95 por ciento) sigue comprando a Pemex su producto”, aseguran.

Por lo anterior, está claro que los empresarios gasolineros en México, no han querido invertir en nuevos productos que ayuden a introducir mejores combustibles en el mercado nacional a través de la adquisición de mejor tecnología en su transportación y refinamiento.

De seguir las cosas como están, es complicado visualizar una reducción sustancial en los costos de los combustibles sino es a través de la intervención del gobierno y la PROFECO, así como de la CRE para destrabar esta situación y favorecer el poder de compra de los consumidores nacionales.

 

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