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Las Revueltas de Silvestre

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Se les Olvida el Juramento

Cuando se están escribiendo las presentes líneas, los medios y en directo, transmiten la ceremonia por medio de la cual Aurelio Nuño Mayer deja la Secretaría de Educación y es reemplazado por Otto Granados quien juró respetar las leyes y ser eficiente en su encargo al frente de la dependencia federal. En caso de que no lo hiciere, subraya la formula protocolaria, la nación tiene el derecho de exigirle responsabilidades. Este relevo en la cúpula del gabinete se sucede al destape de Meade que provocó a su vez otros cambios como el señalado en este preciso momento: Mikel Arreola deja el IMSS para autopostularse como candidato por el PRI al gobierno de la Ciudad de México.

 

¿Dónde quedó la soflama cuando levantaban la mano y con voz trémula juraban hacer cumplir con lo que la Constitución establecía? Rápidamente olvidaron su compromiso como altos funcionarios públicos para con la nación, al privilegiar el interés particular porque por mucho que el llamado “de los cuates” sea en el sentido de que, en caso de ganar las elecciones presidenciales el próximo gobierno se volcará a convertir a México en un país moderno (???), en combatir la pobreza, en defender los frutos de la patria y demás lindezas, la realidad es que, una renuncia más, otro cambio en la burocracia federal y otro volver a empezar, en términos prácticos del día a día, los susodichos cambios alteran y entorpecen la “marcha del gobierno”; los mentados cambios fracturan el deber que las autoridades tienen para con el pueblo mexicano.  Lo anterior lo saben perfectamente ellos, porque han sido funcionarios y cuando llegaron a un determinado puesto el diagnóstico de sus asesores es que debía modificarse todo respecto a la administración anterior para que la gente advirtiera la variación en la dependencia. Estimados lectores, cuando hay cambios en las oficinas hasta los boleros ven perturbada su chamba. Se pintan las paredes de otros colores, alteran el nombre a los proyectos, hacen una serie de gastos en maquillaje y los empleados de la dependencia como la nación entera, con el Jesús en la boca implorando que el nuevo ungido sea menos malo que el anterior.

Es una frase muy trillada, pero al repetirse la expresión “cuando me desperté el dinosaurio continuaba allí”, la referencia no solamente se aplica al destape del candidato Meade sino a las costumbres que de décadas atrás se materializan cuando los funcionarios mexicanos lo mismo sirven para la titularidad de la Secretaría de Pesca que de Educación Pública o ser embajador ante España o las Islas Fiji como le sucedió a Echeverría. Pero ese no tan pequeño dinosaurio ha invadido a toda la oposición política y hasta el ínclito jefe Mancera está a punto de olvidársele su compromiso para con la Ciudad de México, especialmente cuando lo expresó después de los daños causados por el temblor en septiembre pasado. Los malpensados que somos muchos, especulamos que su desinteresada entrega por la ciudad capital era para vigilar que los destrozos en bienes inmuebles no fueran a afectar sus inmensos intereses en este “Distrito Federal”. Ojalá así vuelva a llamarse como lo dicta la tradición republicana liberal y el nuevo gobierno que llegue en diciembre del 2018 cambie el color rosa. Así se volverá a gastar mucho dinero público en papelería, mobiliario, transportes y ¡¡todos tan felices!!

Ya nos lo han dicho los asesores gringos, alemanes, inversionistas japoneses y de Francia: los gobiernos mexicanos y los empresarios ligados a la presidencia a lo sumo calculan y piensa en los frutos del sexenio. Son muy pocos los proyectos que se conciben para ser desarrollados y mantenidos a lo largo de las décadas, salvo la estrategia neoliberal de venta total de los activos del alguna vez obeso gobierno mexicano. Un ejemplo paradigmático es el caso de PEMEX y el petróleo mexicano, cuyo desmantelamiento supera sexenios y siglas partidistas de aquellos que han detentado la Presidencia de la República.

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