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Las Revueltas de Silvestre

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francisco_i._madero

¿Se Acuerda Usted de la Revolución Mexicana?

*La Última Administración Emanada de Aquella Gesta

*El Aceite que dio Vida a la Corrupción que Vivimos

*Un Recuento Histórico Desde el “Sufragio Efectivo…”

Dicen los especialistas en comunicación y aquellos politólogos que estudian la problemática de los estados nacionales que, socavar las conmemoraciones cívico/históricas  en un determinado país tiene al menos dos racionalidades: que la población termine por olvidar acerca de lo que se conmemora en una fecha precisa, y segundo, que dicha estrategia de omisión responde a una condena ideológica/histórica en torno al evento que el calendario cívico rememora. Dicha táctica que implica un antagonismo político ha sido implementada por los últimos gobiernos mexicanos de tinte panista y el último priismo cuyo espíritu es azul, contra-revolucionario, clerical y elitista como el más rancio porfiriato.

 

Se ha repetido muchas veces que la administración de López Portillo fue la última de la Revolución Mexicana; bajo la lectura del nacionalismo revolucionario efectivamente lo fue. Pero hay que conceder, desde su institucionalización el de 1976-1982 fue el peor sexenio del siglo XX porque ahondó la quiebra en temas como la deuda pública, la inseguridad, el narcotráfico y otros males que resultaron siendo el aceite que da vida a la corrupción gubernamental que hoy, en el 2017, se paga con creces en asuntos como la deuda resultante de la nacionalización bancaria o el accionar del crimen organizadísimo en asuntos como las drogas, los secuestros, los robos a PEMEX y en general una podredumbre que ha minado las bases de la sociedad mexicana.

Los teóricos que han estudiado los procesos revolucionarios señalan que éstos son violentos, momentáneos, llevan a cabo cambios fundamentales, pero cuando la revolución se institucionaliza, hasta el propio nombre es un sinsentido. Vale la pena hacer un recuento histórico de la Revolución Mexicana que inició ayer 20 de noviembre, hace ciento siete años, con el lema y propósito de “sufragio efectivo no reelección”.

Cuando los seguidores de Francisco I. Madero se levantaron en la Ciudad de Puebla aquella tarde otoñal, su racionalidad se fundamentaba en el Plan de San Luis que entre otras peticiones recalcaba la necesidad de una reforma de la propiedad agraria, la necesidad de una reforma en las relaciones laborales, y subrayaba que el general Porfirio Díaz se había eternizado en el poder desnaturalizando el republicanismo democrático que en su origen planteaba la Constitución de 1857. Finalmente redundaba y reiteraba que el proceso electoral de 1910 había sido fraudulento porque se habían amañado los números de votos, porque se habían comprado votos a costa de la pobreza de la mayoría de los campesinos y porque el único candidato realmente opositor (Madero) había sido hecho preso. Recomiendo a mis lectores vuelvan a leer de don Francisco su libro “La Sucesión Presidencial” y el documento revolucionario titulado “El Plan de San Luis” y desgraciadamente se percatarán, que con diferencias de un siglo el tema electoral respecto a la presidencia ha variado poco: sigue siendo un problema.  En la actualidad el futuro candidato tricolor, azul, amarillo, moreno y disque independiente: es producto de “las mafias” partidistas pero de ninguna manera resultado democrático de sus pares adentro de los organismos de partido. La Revolución tuvo sus etapas, maderista, el régimen encabezado por Victoriano Huerta, la reacción constitucionalista cuyo jefe era Venustiano Carranza y por último el cuartelazo que materializado en un gran movimiento militar fue acaudillado por Álvaro Obregón. Todo esto, en tiempo real abarcó de 1911 a 1921. Fue un desastre en términos financieros porque arruinó a México, la economía se vino abajo y llegó a materializarse en años de una genuina hambruna entre 1914 y 1916. Finalmente, el país volvió a sufrir la invasión de los Estados Unidos y en el terreno de las relaciones internacionales, más allá de la animadversión de Woodrow Wilson hacia el México revolucionario, el país fue favorecido porque las potencias europeas se vieron inmiscuidas en la Primera Guerra Mundial.

En contrasentido a todo lo anterior, el movimiento revolucionario produjo la primera reforma constitucional del siglo XX otorgando muchos derechos sociales; el gran problema como hoy, era traducir esa magnífica legislación en realidad para los ciudadanos del campo y las ciudades. Hubo luces y sombras, pero si comparamos el número de escuelas, hospitales, universidades, caminos carreteros y en general servicios  urbanos como en el campo, el siglo XX transitó de un mapa casi oscuro a otro lleno de puntitos relucientes. La única empresa propiamente mexicana se desarrolló en la postrevolución con un marco jurídico ad hoc entre 1930 y 1990, situación que se les olvida a muchos empresarios y a otros tantos que desde los tiempos del neoliberalismo han vendido sus negocios al capital extranjero. Pero no hemos podido los mexicanos resolver los dos problemas con los que se inicia el presente artículo: llegar a una genuina democracia y abatir la práctica cotidiana de la corrupción.

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