Banner




Ud. está aquí

Las Revueltas de Silvestre

Correo electrónico Imprimir PDF
crystia_freelanda_robert_lighthizer_ildefonso_guajardo

Negociaciones Ingratas en Torno al TLCAN

Cuando se están escribiendo las presentes líneas, los medios de información, superficialmente han dado cuenta de los temas donde han existido desencuentros entre los negociadores del gobierno de los EU y aquellos que representan a Canadá y México.

Asimismo, se ha dejado notar, lo mismo entre los funcionarios públicos mexicanos que entre los voceros de la iniciativa privada, que como dicen, tienen un cuarto de guerra al lado de los negociadores oficiales, que, entre un pésimo tratado para México más nos valdría salirnos del TLCAN, fomentar la relación bilateral con Ottawa y respecto a la relación económica con los estadounidenses: seguir la normatividad que señala la Organización Mundial de Comercio (OMC).

 

Sin duda y por sus declaraciones, el gobierno mexicano y los empresarios de la república -porque no sé si llamarlos nacionales- han llevado a cabo una obligada transformación que hace palidecer al de Oscar Wilde, “Retrato de Dorian Gray”. Me explico: un semestre antes de las elecciones en los Estados Unidos, cualquier funcionario que en ambos sectores hubiera sugerido la idea de modernizar el TLCAN habría sido cesado ipso facto. Llegado Trump a la presidencia y al constatar que no moderaría su retórica y que teniendo la idea de complacer a sus votantes, continuaría con la idea de tirar el TLCAN, los corifeos mexicanos tuvieron que aceptar la necesidad de renegociar los términos del tratado. Hoy, las posiciones divergentes reflejan luces y sombras. Canadá y los EU han subrayado que se debe mejorar los salarios del conjunto de los trabajadores mexicanos, particularmente el de todos aquellos trabajadores ligados a las ramas productivas del TLCAN; sorpresivamente, la posición, igualmente intransigente del gobierno y empresariado mexicanos es que el tema de los salarios no es materia del TLCAN; luego desempolvaron y utilizaron el Concepto de Soberanía –ello habrá sonado francamente a herejía en el ITAM, IPADE, CEESP y demás lindezas-. Y finalmente, unos y otros están actuando en materia salarial, particularmente en lo tocante a la administración de empresas transnacionales con oficinas en México: igual al “Crony Capitalism” que se desarrolló durante el porfiriato. Éste modelo fue la norma en la mayoría de las empresas instaladas en Latinoamérica y ha sido espléndidamente retratada por aquellos especialistas, que no parciales, de la historia del capitalismo dependiente y señorial en nuestro subcontinente. Una frase los describe muy bien: “Empresario rico, empresa pobre”. Uno usa Rolex con diamantes y manda a la familia un mes a viajar al mundo, en cambio la fábrica sigue utilizando máquinas del tiempo de la Segunda Guerra Mundial; ya no hablemos de los baños, inmuebles viejos, colapsados, y salarios míseros de los trabajadores.

Vuelvo a repetir a mis queridos lectores, que desde 1826 México negoció tratados de Amistad, Comercio y Navegación con la Gran Bretaña. Nuestros negociadores estrellas cedieron mucho a la Pérfida Albión y treinta años después teníamos una enorme deuda producto de reclamaciones diplomáticas; lo mismo nos pasó con Francia y España, porque el caso de los Estados Unidos tuvo rutas más intrincadas y fue desde Washington y su Senado Federal de donde provinieron los diversos rechazos a México en los años de 1860 y 1880. La experiencia decimonónica demostró que sí eran importantes los tratados, pero el intercambio comercial bilateral floreció más allá de lo establecido en tales acuerdos. Es obvio que las cosas cambiaron en el siglo XX y que a partir de la globalización la economía y sus derivaciones están íntimamente ligadas; la sociedad está acostumbrada a consumir muchos artículos cuya factura proviene de países muy lejanos, pero al mismo tiempo y hay que reconocerlo, las desviaciones de la globalización ya han producido críticas a semejante modelo: la de Trump es la que más cercana nos toca, pero no es la única. Asimismo tales críticas en Europa, y China van más allá del comercio: es la cultura del hedonismo, del consumismo y de la monotonía la que ha propiciado que personajes como el Papa Francisco o pontífices anteriores, partidos políticos de extrema derecha o izquierda, ecologistas científicos que no ideológicos, estén señalando los errores de una economía, de un comercio regulado en beneficio de pocos pero preponderante en la vida diaria de muchos.

Escribir un comentario