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Las Revueltas de Silvestre

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La Siempre Conflictiva Relación España-Cataluña

*Equivocado Camino del Gobierno de Mariano Rajoy

*El Problema se Pudo Manejar con la Mano Izquierda

*Perdida la Oportunidad, el Futuro Inmediato es Violento

Cuando se escriben las presentes líneas los distintos medios de comunicación de España reproducen el mensaje que el rey Felipe VI ha dado sobre el problema que significa la ruta seguida por el nacionalismo catalán para conseguir en último caso la independencia de Cataluña.

Es indudable que lo que está sucediendo en Barcelona y en diversas poblaciones catalanas ya se convirtió en un asunto de extrema peligrosidad para el estado y la monarquía española por el republicanismo ya vociferado por el Presidente Puigdemont y su gabinete. De primera instancia y para algunos, el mensaje del rey Felipe recordaba la gravísima situación cuando su padre el rey Juan Carlos I encaró, por medio de otro mensaje televisivo, el golpe militar que el coronel Tejero entre otros militares, intentaron contra la joven y frágil democracia española después de la muy violenta, longeva e intolerante dictadura franquista. Sin embargo, lo que sucede en la actualidad es muy distinto. No es el problema catalán un cuartelazo sino un cada vez más beligerante movimiento que comenzó pidiendo mayores poderes locales, mayores facultades fiscales. En Cataluña, más amplio de lo que el resto de España y sus autoridades reconocen, poco a poco se ha transitado a un integrismo nacionalista que, en la lengua, en los símbolos y en sus metas últimas ya no se contenta con la autonomía sino que pide la independencia de Cataluña y que ésta se convierta en una república: ello es una genuina ruptura en cuanto al sistema de gobierno frente al reino de España. El rey Felipe, el gobierno de Mariano Rajoy y toda la pléyade de corifeos oficiales repiten con razón que el referéndum era anticonstitucional y por lo tanto ilegal; ello es cierto, pero su lectura jurídica, judicial e insistencia unidireccional deja de lado los argumentos históricos y culturales catalanes. Cuando en Escocia, Valonia, Cataluña, Kosovo, en Irlanda del Norte o Quebec, por mencionar algunos casos europeos -porque Canadá quién sabe qué sea- el común denominador de todos ellos es que tales provincias fueron las partes derrotadas a resultas de las guerras imperiales sucedidas en los siglos XVIII, XIX, XX y cuyos resultados últimos fueron la constitución de los modernos estados nacionales.

 

A principios del siglo dieciochesco Cataluña perdió en el terreno militar, pero desde la segunda mitad del siglo XIX creció en los planos de la urbanización y la cultura que ello conlleva, durante tales años y principios de 1900 los catalanes produjeron la mayor cantidad de modernos empresarios españoles, inventaron diversos artefactos industriales, la industria editorial se convirtió en referente de calidad en la península y para Hispanoamérica. El clero catalán podía ser conservador, pero no en los grados de Galicia o la profunda Andalucía. A través de las décadas mantuvo una identidad (la bandera catalana es anterior a la española) y los afanes republicanos tuvieron en su geografía bastante aceptación, sin embargo, en estos dos últimos aspectos, el tránsito entre la guerra civil (1936-1939) y la dictadura de Franco que prohibió el uso público del catalán y las demás lenguas regionales en España, potencializó la sensación de estar sometido al poder del centro madrileño-castellano. Lo anterior sin olvidar que Cataluña fue el último bastión republicano. No se trata en este espacio de hacer un recorrido de lo conseguido por la sociedad y políticos catalanes durante el postfranquismo y la democracia española. Como lo dijo el rey Felipe en su alocución televisiva: Cataluña y los catalanes han sido uno de los principales beneficiarios del despegue español; la idea es subrayar el equivocado camino y obtusa actitud del gobierno de Rajoy para resolver un problema que se pudo manejar con la mano izquierda. De tiempo atrás se hubiera pactado la realización de un referéndum aclarándose que no era vinculante y también lo era anticonstitucional. Los independentistas desplegarían su campaña a favor de la secesión y yo como gobierno lanzaría a todas mis huestes políticas, empresariales, eclesiásticas, del ramo educativo y con datos fidedignos a la mano, demostrar que la separación es contraproducente; estoy seguro que bajo semejante marco el resultado del referéndum habría favorecido la unión, habría dado prestigio a la visión “democrática” de la administración Rajoy y con un sesenta por ciento de votos a mi favor podría presionar a la Generalitat de forma más contundente. Se perdió tal oportunidad y después de escuchar la argumentación del Rey preveo un futuro inmediato violento.

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