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Votar o no Votar, he ahí el Dilema

*Historia del Ganador: Entre 36 y 38% de Sufragios

*Significarían de 16 a 18 Millones de Simpatizantes

*Los Restantes 32 o 34 Millones Votarán Otra Opción

*Acotar el Absolutismo es Impulsar la Transparencia

En este espacio periodístico escribí que al menos existen seis motivos por los cuales votamos. Permítame recordarlos: 1) El voto al candidato; 2) El voto de castigo;3) El voto de lealtad al partido al que se pertenece; 4) El voto diferenciado; 5) El voto frívolo y, 6) El abstencionismo que es una manifestación del voto y que a su vez se divide en dos rubros: 6.1) No acudo a las urnas porque no creo en la democracia, todo está arreglado y me parece una pérdida de tiempo y, 6.2) Porque ya se sabe quién va a ganar y no tiene caso votar. Seguramente existen otras categorizaciones por las cuales la gente vota o no vota, pero en esencia considero que esos son los motivos del comportamiento político el día de las elecciones.

 

El próximo domingo 1 de julio acudiremos aproximadamente el 60% de los 89 millones de empadronados y nos manifestaremos políticamente. Las variables serán múltiples y tendremos un nuevo encargado del despacho del Poder Ejecutivo federal, un renovado Congreso de la Unión, nueve gubernaturas, cambios en ayuntamientos y diputados locales. En otras palabras, votaremos cerca de 50 millones de mexicanos, lo que quiere decir que un punto porcentual será más o menos de 500 mil votos. La historia nos dice, desde el año 2000 que el ganador logra entre el 36 y el 38 por ciento de sufragios, lo que equivale, de manera especulativa, a pensar que quien gane la Presidencia de la República lo haría con 16 o 18 millones de simpatizantes y los restantes 32 o 34 millones votarán por otra opción. Ahora bien, que quede claro, las reglas de operación de la democracia en México precisan que el triunfador de la contienda será quien obtenga el mayor número de sufragios efectivamente emitidos, por lo cual será legal el triunfo de esa persona.

También tendremos la oportunidad de tener un Poder Legislativo de oposición al triunfador del Poder Ejecutivo, con lo cual se lograría un contrapeso fundamental al presidencialismo absolutista que predominó gran parte del siglo pasado y que algunos añoran. De ahí que la cuestión al votar es la afirmación de una vida parlamentaria de debate, discusión, diálogos a fin de lograr la procuración de consensos en la cual las ideas se confronten y sean el parto de nuevas formas de pensar. Solo mediante al reconocimiento a la diversidad, la conformación de la pluralidad y sobre todo con la oposición y el pensamiento dialectico es como se avanza en la democracia.

Pero lo anterior, se logra caminar hacia adelante con el ejercicio del voto. Votar es un acto de conciencia, de responsabilidad y de compromiso. De lo que se trata es de reconocer que sufragar el primer domingo de julio significa aceptar que la política y la politización descansan en la sociedad. Que acotar el absolutismo implica impulsar la transparencia y la rendición de cuentas con lo cual se limita la discrecionalidad en la toma de decisiones de los políticos y de los servidores públicos, que la responsabilidad consiste en evitar padecer, al menos seis años, gobiernos de ocurrencias sin argumentación metodológica y científica. La responsabilidad es con los mexicanos del mañana.

Votar es un acto evolutivo en el desarrollo social, de civilización que es la procuración de la trascendencia humana, de cultura ética, de legalidad y de legitimidad. Acudir al lugar donde estén las casillas electorales y comprometerse con dignidad por nuestro país es la decisión correcta. De suyo no hay dilema, se trata de votar.

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