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El Grupo de Políticos que Empezaron Desde Abajo, Como Ayudantes o “Jilgueros” y Alcanzaron las Gubernaturas

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*Son los que Decidieron que el Cargo les Permitía Todo

*Y el Poder Federalista Desalineó Estructuras Construidas

*Más Tarde: ¡El Rey ha Muerto! ¡Vivan los Gobernadores!

*Sus Correrías Entre Peculado, Lavado de Dinero y… más

Por Alberto Almazán

La Década perdida de América Latina.

El bono demográfico perdido.

Generación perdida.

Y hay muchas acepciones que conciben cómo se perdió el tiempo, la vida, la tierra.

 

De la Década Perdida: Es un término empleado para describir las crisis económicas sufridas en América Latina durante la década de 1980 (y que para algunos países continuaron hasta bien entrada la década siguiente). En general las crisis se componían de deudas externas impagables, grandes déficits fiscales y volatilidades inflacionarias y de tipo de cambio, que en la mayoría de los países de la región era fijo.

Del Bono Demográfico: frase acuñada en México y que se refiere a la población en edad de trabajar, cuya proporción es mayor a la población dependiente, es decir, a los niños y adultos mayores

De la Generación Perdida en México.

Pero no es de escritores y tampoco económica ni de jóvenes que ya no lo son tanto.

Es la GENERACIÓN PERDIDA DE LOS GOBERNADORES.

Son aquellos que en la década de los setenta iniciaron sus carreras

Y lo hicieron como mandaban los cánones: pegando propaganda, mostrando dotes de oradores que los convirtieron en “jilgueros” de los candidatos lo mismo a presidentes que a gobernadores o senadores y diputados.

Eran los tiempos del surgimiento de nuevos cuadros en el partido hegemónico después del ’68, que marcó un antes y un después en la relación entre los jóvenes y los políticos.

Ahí estaban los aprendices de políticos. Tenían menos de 20 años. Y muchos de ellos llegaron a concretar su sueño para dar paso a la nueva generación.

Aquella, la que se presumía como el “renacer de la clase política” y que ha terminado en el barranco.

Es la generación de hace 25 años a la que pertenecen quienes llegaron al poder público y cumplieron el anhelo de gobernar la entidad en la que nacieron o vivieron, rompieron paradigmas juaristas y decidieron que el cargo les permitía todo.

Tanto, que podían saquear las arcas estatales, otorgar contratos de manera directa y sin licitación, incorporar a las nóminas a familiares, amigos y cuates.

Una generación en la que se heredaron y heredan los cargos y en la cual el influyentismo está presente en todas sus acciones.

¿Quiénes se salvan?

Difícil respuesta.

LOS GOBERNADORES Y SUS CORRERÍAS

Decir que unos son corruptos, otros inmaculados y el resto ausentes de todo tipo de tentaciones, resultaría sin sustento.

Se conocen nombres de presuntos responsables de diversos delitos, que van desde el peculado hasta el uso indebido de funciones, pasando por desvíos de recursos públicos, enriquecimiento inexplicable, partícipes de homicidios de lesa humanidad, tráfico de influencia, protectores y beneficiarios del crimen organizado y el narcotráfico, entre otros agravantes.

Desde finales del año 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia de la República y el control político en la mayoría de los Estados del país, surgió el poder federalista que desalineó las estructuras construidas al amparo de la sacrosanta Revolución Mexicana y que tenía como parte sustantiva un solo vocablo: disciplina.

Ésta, la disciplina se demostraba con la fidelidad hacia el “primer priista del país” y se respaldaba con la irónica frase de Fidel Velázquez: el que se mueve no sale en la foto.

Sin embargo, al entregar la Presidencia de la República, el PRI ya había perdido 12 de las 31 entidades de la Federación y solamente gobernaba en 19 y seis años después le quedaban únicamente 17. Hoy se encuentra en su nivel histórico más bajo: 15.

Ante la orfandad del “primer priista del país” y la Presidencia en manos de “la oposición histórica” y previendo lo que se avecinaba, surgió la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) presidida, dirigida políticamente y controlada por los 19 priistas y en la que la participación de los opositores apenas si se notaba.

Cuando se clamó: ¡El Rey (PRI-Presidencia) ha muerto!, ¡Vivan los gobernadores!, los mandatarios de todos los partidos –había del PRI, del PAN y del PRD y cada uno con sus alianzas- entendieron que el momento de construir sus feudos había llegado.

La disciplina se guardó para mejor ocasión. Cada cual de los gobernadores supo hacer de las suyas, incluso los albiazules con el residente en Los Pinos emanado de sus filas, pero no un panista de hueso colorado.

SALEN LOS NOMBRES Y LOS ALCANZA LA JUSTICIA

Por diversas razones, el mosaico de gobernadores que fueron acusados, encarcelados y se encuentran bajo proceso, exonerados o exiliados por decisión propia, se extendió en 2017.

De acuerdo con recuentos oficiales, en enero de 2016 había 15 exgobernadores acusados y cuatro de ellos encarcelados. Otros ya habían pasado por procesos penales, sentencias y cárcel.

Según la numeralia, el primer exgobernador ligado al narcotráfico fue Mario Villanueva Madrid, quien 48 horas antes de terminar su mandato desapareció –dicen que protegido por Víctor Cervera Pacheco, a la sazón gobernador por segunda ocasión de Yucatán- y se convirtió también en ser el número uno en no entregar el poder a su sucesor, Joaquín Hendricks Díaz.

Después vendría Luis Armando Reynoso, del PAN y exgobernador de Aguascalientes. No se le ligó ni al narcotráfico ni al crimen organizado. Solamente peculado. Andrés Granier Melo, de Tabasco, correría la misma suerte y desde hace cinco años está preso por saquear las arcas de la entidad; Jesús Reyna, exgobernador interino de Michoacán, llegó al penal de alta seguridad en Nayarit, por sus nexos con Servando Gómez, “La Tuta”, líder de “La Familia Michoacana” a quien protegió en sus correrías del crimen organizado y narcotráfico.

LOS NUEVOS TAMBIÉN LLORAN EN PRISIÓN

Durante los últimos 24 meses la lupa se colocó sobre los gobernadores salientes, más aún si perdían la elección.

El inicio del final (aunque aún nadie podría apostar que llegó), lo representaron dos personajes: Rodrigo Medina de la Cruz, de Nuevo León y Guillermo Padrés Elías, de Sonora.

Al perder sus partidos y sus candidatos, fueron imputados por diversos delitos: peculado, sustracción de fondos públicos federales y estatales; facilidades fiscales no aprobadas por la Ley, asignación de contratos, facturas falsas etcétera.

Para ambos, 2016 representó el calvario que los dirigió, cuando menos a Padrés, a la crucifixión. Él está en la cárcel. Medina ya fue fichado en el penal de Topo Chico, aunque enfrenta su proceso en libertad.

Cuatro años atrás, Humberto Moreira Valdés sintió en carne propia la persecución. Acusado de endeudar Coahuila con 36 mil millones de pesos, fue obligado a dejar la presidencia del CEN del PRI en plena campaña electoral de Enrique Peña Nieto. En 2016 fue detenido en Barcelona por presunto lavado de dinero. Había dejado el país a raíz del asesinato de su hijo Eduardo por el “Z-42” Óscar Omar Treviño Morales, ocurrido el 3 de octubre de 2012.

El año pasado, la estructura de poder, el que ostentaban los jóvenes, la nueva generación de políticos, los renacentistas de la clase dorada, toparon con pared al ser rebasados por los opositores que, como se afirma en el barrio bravo de Tepito “se las tenían jurada”.

Javier Duarte de Ochoa, Roberto Borge Angulo, Jorge Herrera Caldera, Egidio Torre Cantú, se resfriaron y en la enfermedad los acompañan Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores, exgobernadores de Tamaulipas, a quienes se les reactivaron las órdenes de aprehensión.

Hoy Tomás Yarrington y Javier Duarte se suman a los otros exgobernadores en prisión.

Y, como escribió Inés Rodena: Los Ricos También Lloran.

LA GENERACIÓN LLEGÓ A SU FIN

Aquellos jóvenes de los años setenta-ochenta que gobernaron, tuvieron poder y se alejaron o los alejaron de la política, y formaron la generación de la nueva clase política, no son los mismos después de ejercer sus gobiernos.

¿Quiénes llegaron a ser gobernadores?

Carlos Armando Biebrich, el niño consentido de Luis Echeverría y que al intentar que Mario Moya Palencia fuera el sucesor sin permiso de su hacedor, se vio envuelto en un enfrentamiento con campesinos de Río Muerto, en Sonora donde gobernaba y le cambiaron la Constitución para reducir la edad y convertirse en el mandatario más joven de su tiempo, fue destituido.

Del grupo cerrado: Manlio Fabio Beltrones, Fidel Herrera, José Murat, Heladio Ramírez –mayorcito de edad-, Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Humberto Moreira, Roberto Madrazo, Otto Granados, Miguel Alonso Reyes y Enrique Peña Nieto, el único que cruzó la frontera entre gobernador y hacia la Presidencia de la República.

Con la caída de Javier Duarte de Ochoa, la persecución en contra de Roberto Borge y Jorge Herrera, la generación, la nueva generación llegó a su fin.

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