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A la Vuelta de la Esquina

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A Punto de Concluir las Etapas Electorales Para dar Constancia al Nuevo Presidente

*Este es el Proceso de la Sangre Derramada

*Fue Similar en Hechos de Terror al de 1994

*En Años Bisiestos, Tres de las Elecciones

Los mexicanos acudieron a las urnas el domingo pasado para votar por el cuarto presidente del siglo XXI, después de un proceso electoral bajo amenaza, tinto en sangre de candidatos y políticos, luego de un trayecto plagado de sinsabores, miedo e ira.

 

Sólo similar en terror al de 1994, el proceso electoral de 2018, que aún no concluye en sus diversas etapas, ha sido uno donde los delitos electorales estuvieron a la orden del día. Y de ahí que la Fiscalía Especializada en la materia (FEPADE) esté llevando a cabo su trabajo para determinar sanciones para quienes cometieron acciones u omisiones que lesionaron o pusieron en peligro el adecuado desarrollo de los comicios y atentaron contra las características del voto el cual, como ya se sabe, debe ser universal, libre, directo, personal, secreto e intransferible.

Esta cuarta elección presidencial del actual siglo es seguro que va a quedar en la historia. Ya se irán desglosando todos los avatares de la misma.

Nada similar a las anteriores, aunque existen algunas semejanzas.

Sólo hay que recordar, en el año 2000, el domingo 2 de julio acudieron a las urnas 63.97% de los electores, es decir, poco más de 37.5 millones de ciudadanos. Aquel año bisiesto, sin gritos ni sombrerazos Vicente Fox Quezada fue declarado ganador.

No sería igual en 2006. El domingo 2 de julio se efectuaron las elecciones, en el cual 58.55% votaron, lo que significó la asistencia a las urnas de 41.7 millones de sufragantes.

Hasta el día 6 fue dado a conocer el ganador: Felipe Calderón Hinojosa con el 0.56% de la votación, lo que significó más de 240,000 votos de diferencia. El día 9 el candidato perdedor impugnó las elecciones y desde el 30 de julio durante tres meses mantuvo un plantón en el Paseo del Reforma, que permaneció inclusive después de que el 5 de septiembre el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declarara como ganador al panista, lo cual no fue aceptado por López Obrador, quien el 20 de noviembre se autoproclamó “presidente legítimo”.

Llegaría otro año bisiesto, el 2012. Y el domingo primero de julio los mexicanos fueron a las urnas para decidir al nuevo presidente de México. Acudieron a votar 63.14% de los electores, que sumaron 42 millones. El candidato perdedor que sólo obtuvo el 26% de los sufragios, contra 49% del ganador se inconformó y exigió se invalidara el proceso y se fueran a nuevos comicios.

Por lo tanto, una vez más la elección se fue a tribunales. Sin embargo, por unanimidad el TEPJF rechazó los argumentos de la Coalición Movimiento Progresista y su candidato López Obrador, de tal manera que Enrique Peña Nieto recibió así su constancia el 31 de agosto.

El récord de afluencia sigue siendo la elección de 1994, tras la muerte de Luís Donaldo Colosio Murrieta. En esa ocasión 77.16% de electores fueron a votar, aproximadamente 46 millones, a menos que el Instituto Nacional Electoral haya declarado ya que la afluencia de votantes superó a todas las anteriores. (Este texto se escribió antes del proceso electoral).

En este 2018, que también es bisiesto, el domingo primero de julio los mexicanos acudieron a votar por su presidente, de corazón esperamos que la afluencia haya sido nutrida, se acepten los resultados favorezcan a quien fuere y que el país pueda transitar en paz… por lo menos en el aspecto político.

Sin embargo, no se duda de manera alguna que nuevos gritos y sombrerazos estén a la orden del día. En todo caso, para solucionar las diferencias existen las leyes y serán las autoridades correspondientes las que determinarán quiénes tienen la razón.

Uno más y contando…

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