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Coctel Actual: La Violencia, el Miedo y los Votos

*Ola Expansiva, que se ha Instalado Entre Nosotros

*Disolvente Efectivo de las Relaciones Sociales

*La Democracia Intenta Desmontarla y Ofrece Cauce

El miedo cabalga. A veces a lomo de mula (animal necio y alebrestado) en ocasiones montado en un racer, rara vez sobre pura sangre, de vez en cuando a horcajadas en un cuarto de milla, y las más de las veces sobre burros, pero siempre causando estragos entre quienes la padecen o la observan.

 

Así se vive el México preelectoral de hoy en las entidades del bajío y del sureste mexicano.

¿De verdad es solamente el crimen organizado actuante? ¿Serán, como dicen muchos mal pensados, el clima propiciado desde los intereses políticos de algunos que se dicen de izquierda para que les favorezca el voto? ¿Qué se puede esperar el día de la elección, pasar del miedo al terror electoral?

José Woldenberg, ex titular del Instituto Federal Electoral (IFE) de México escribió para “Democracia, elecciones y violencia en América Latina”, publicación editada el año pasado por el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS) y el Instituto Nacional Demócrata (NDI):

“Cierto, como una ola expansiva la violencia se ha instalado entre nosotros y está sacudiendo los cimientos de la contrahecha o precaria convivencia. Pero nadie la debería festejar ni convertir en elemento de apuestas cortoplacistas porque no existe disolvente más efectivo de las relaciones sociales que la violencia. Un círculo destructivo que todo lo corroe”.

Salvador Romero Baillivián en la misma publicación expresó:

“En 2015, en México, los movimientos de maestros (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE) buscaron boicotear la jornada electoral legislativa. El Instituto Nacional Electoral (INE) carecía de certeza sobre la posibilidad de organizar los comicios en localidades de Oaxaca y Guerrero. Los conflictos impidieron los comicios en 182 mesas y en 415 la votación se suspendió por actos violentos o la destrucción del material (El Universal, 2015: A4). Si bien en el universo nacional de casillas, el porcentaje es bajo, en municipios como Teotlitán de Flores Magón o Tehuantepec se instaló una cantidad mínima de mesas (Milenio, 2015: 8). Más allá de los incidentes que incluyeron hasta cuatro fallecidos y centenares de detenidos, lo inédito fue que un conflicto social pretendió tomar de rehén al proceso electoral para la atención de sus reivindicaciones”.

Y acerca de los hechos ocurridos en 2015 en Oaxaca de los que Woldenberg ofrece los textos policiales, señala en sus reflexiones:

“La democracia intenta desmontar (hasta donde esto es humanamente posible) la violencia como un expediente político. Al ofrecer un cauce para la expresión y recreación de la diversidad de opciones políticas se coloca el basamento para que los diferendos puedan desahogarse por vías institucionales y pacíficas. Se trata de un presupuesto y de una promesa.

“Y en esa dimensión las elecciones juegan un papel estratégico. La humanidad no ha diseñado una fórmula superior para que las diferentes ideologías, diagnósticos y propuestas, sensibilidades y reclamos –que cristalizan en partidos- puedan convivir y competir por los cargos de gobierno y legislativos. Por ello, reforzar el expediente electoral significa multiplicar las posibilidades de que nuestra germinal democracia se consolide.”

Más adelante precisa:

“Cierto, democracia y elecciones no son una y la misma cosa. Pero no hay democracia sin elecciones. Es decir, éstas últimas son condición necesaria pero no suficiente para hablar de democracia. Porque a diferencia de las otras fórmulas de gobierno (autoritarias, dictatoriales o totalitarias o teocráticas), la democracia asume como un bien la coexistencia de la pluralidad de corrientes de pensamiento, y por ello intenta ofrecerles un cauce para su expresión y recreación. Y para ello, las elecciones resultan inescapables: son el escenario donde esa diversidad de opciones compite y son los ciudadanos, con su voto, quienes deciden quienes deben gobernar y legislar. Se escribe fácil, pero ha sido una de las construcciones civilizatorias más difíciles, puesto que la pulsión primera de los hombres y sus organizaciones es la de pensar que en él o en ellos (en nosotros) están depositados todos los valores y en sus contendientes (los otros) todos los anti valores”.

Estamos en 2018 a punto de acudir a las urnas y, mientras tanto, disfrazada o no, la violencia recorre una buena parte de los estados de la República, atemoriza e inhibe, alarma y preocupa.

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