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Del Cine y las Leyes

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“El Tercer Asesinato”

Tres Hijas sin Papá

“El Tercer Asesinato” (“Sando-me no satsujin”), película japonesa de 2017, dirigida y escrita por Hirokazu Kore-eda, con la actuación de Masaharu Fukuyama (Shigemori), Kōji Yakusho (Misumi), Suzu Hirose (Sakie), Yuki Saito (Mitsue), Shinnosuke Mitsushima (Akira), Mikako Ichikawa (Itsuki) y Isao Hashizume (Akihisa).

 

El conocido abogado Shigemori defiende a Misumi, acusado de homicidio con robo, quien ya cumplió pena de cárcel por otro asesinato hace treinta años; la posibilidad de ganar el caso es escasa pues el cliente está confeso, lo cual implica pena de muerte; pero a medida que avanza el caso y escucha los testimonios del propio Misumi y de su familia, Shigemori duda de la culpabilidad del acusado.

El director Kore-eda, fiel a su estilo, presenta este drama judicial, que contiene la clásica trama de la relación paterna filial, y sobre todo la noción de que la llamada justicia judicial no siempre se basa en la verdad, sino en la inventiva de la misma por mera estrategia legal, dando paso a la ambigüedad moral de la verdad histórica.

LA PRIMERA HIJA: NO DEFIENDAS LO INDEFENDIBLE

Primer acto: un individuo mata a otro tras golpearlo en la cabeza y posteriormente le prende fuego al lado de un río; segundo acto: el autor del hecho ya está encarcelado, así que no hay que buscar al culpable, tan sólo defenderlo; tercer acto: pero ¿cómo hacerlo sí es la segunda vez que comente un homicidio y además está confeso?

Es claro que el objetivo de la cinta no es buscar al culpable sino, de inicio, mostrar los dilemas éticos que los abogados deben dilucidar para actuar en consecuencia mientras se investiga, así que tendrán que armar una argucia que lo libre de la pena de muerte, aunque la estrategia legal sea contraria a la verdad.

El abogado Shigemori descubre que su cliente Misumi antes de compurgar la pena de 30 años, por su primer homicidio, tenía una hija de aproximadamente de 7 años que ahora ya es adulta, la entrevista para buscar el leitmotiv de este segundo asesinato, y advierte que ésta no quiere saber nada de él, pues considera que su padre nunca pensó las consecuencias familiares de su primer delito, así que ella vivió en total abandono.

LA SEGUNDA HIJA: DEFIENDE LO DEFENDIBLE

Shigemori descubre que la víctima era patrón de Misumi y que lo hizo por robarle la cartera, pero descubre que la misma huele a gasolina, por lo que el cadáver había sido rociado antes de ser desapoderado de ella, siendo ilógico que primero se vertiera este combustible y después tomar la cartera.

Aquí empieza de nuevo la trama, ¿por qué un hombre confiesa un crimen de cierta forma y las pruebas demuestran otra cosa? Shigemori cuestiona a su cliente y ahora confiesa que la viuda le pagó para que lo matara, esto no lo convence por lo que interroga a los vecinos de Misumi, quienes le informan que era visitado por una joven con un problema para caminar.

Misumi establece un nexo con la hija de su jefe, un vínculo de protección que no ejerció con su propia hija; Shigemori avanza en sus pesquisas y sabe que la víctima abusaba sexualmente de la niña, lo cual da un diverso motivo que justifica el homicidio, ahora ve un caso defendible; lo importante es que la menor atestigüe en el juicio.

LA TERCERA HIJA: DEFIENDE AUNQUE PIERDAS

Shigemori recibe una llamada, y tiene que retirarse de la oficina para atender un tema relacionado con la rebeldía de su joven hija, quien siente que su padre no le pone atención, que le dedica más tiempo al trabajo y que la descuida en demasía, por ello esos brotes de indisciplina y desapego a todo aquello que signifique autoridad.

El abogado se da cuenta que, al igual que su defendido, ha fallado en su misión paternal, pues ambas hijas, a su modo, se sienten abandonadas por sus padres, así que Shigemori entiende cada vez más al acusado; el conocer todos los aspectos que rodean al asesino cambian, no sólo su opinión sobre él, sino también su forma de ser.

Y cuando la estrategia legal está lista para ser probaba, Misumi se desdice y niega haber cometido el crimen, este nuevo giro hace que la defensa y la fiscalía tengan que cambiar su teoría del caso, lo que es avalado por el juez; es aquí cuando el reproche de la fiscal hacia Shigemori toma más significado: “Usted es de esos abogados que hace todo lo posible porque un delincuente no pague por su crimen”.

Shigemori acude a su padre, quien fue el juez que condenó a 30 años a Misumi por el primer crimen, para que le ayude; su padre piensa que el acusado es una mala persona que disfruta haciendo el mal, una creencia que nace del rencor de ver cómo, después ser clemente con él, volvió a reincidir años después; los otros abogados piensan que es un criminal loco, que cambia su confesión por el miedo a morir.

Este confeso asesino que después se retracta de su confesión, provoca una serie de dudas sobre las distintas caras de la verdad.

Shigemori permite el cambio de testimonio de su cliente pese a saber que eso le hará perder el caso; ahora está consciente de lo ocurrido, sabe que Misumi sólo intenta proteger a la niña de lo que sufrirá al prestar testimonio.

La culpabilidad está clara y la condena se impone; al inicio, para Shigemori la verdad no es lo que ocurrió, sino aquello de lo que puede convencer al jurado, todo lo demás carece de importancia siempre y cuando termine ganando; sin embargo, al investigar los motivos se da cuenta que la verdad sí importa, el comprender qué ocurrió realmente y cuál fue la causa que llevó al asesino a actuar como lo hizo; pero con verdad o sin ella, la condena es impuesta y ahora se cometerá el tercer asesinato.

Misumi es un hombre perturbado con un fuerte sentido de la justicia, se convierte en juez y verdugo de aquellos a los que considera malas personas; esto se revela en la carta dirigida al padre de Shigemori, diciéndole lo mucho que le envidiaba, porque como juez podía juzgar y castigar a criminales sin sufrir ninguna consecuencia por ello.

Se dice que la justicia judicial es una trama falsa, llena de mentiras, donde hay relatos, unos bien contados y otros no, los mejor contados se aderezan de mentiras, con deseos propios a los hechos ajenos, se crean los sucesos, se adaptan y deforman para satisfacción de la gente; de tal forma que es imposible distinguir lo espurio de lo verdadero, así que la estrategia legal a veces se impone a la verdad; pero ¿es posible hacer justicia sin conocer la verdad?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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