Banner




Ud. está aquí

Del Cine y las Leyes

Correo electrónico Imprimir PDF
detroit_poster

Detroit

Detroit, película estadounidense dirigida por Kathryn Bigelow, escrita por Mark Boal, basada en los disturbios de 1967 en Detroit; con las actuaciones de John Boyega (Melvin Dismukes), Will Poulter (Philip Krauss), Algee Smith (Larry Reed), Jacob Latimore (Fred Temple), Jason Mitchell (Carl Cooper), Hannah Murray (Julie Ann), Kaitlyn Dever (Karen) y Anthony Mackie (Greene); se estrenó en el icónico Teatro Fox de Detroit el 25 de julio de 2017.

 

La película narra los sucesos del verano de 1967 en Detroit, considerada la quinta ciudad más grande de los Estados Unidos en ese momento, centrándose en el evento ocurrido en el Motel Algiers, precisamente un 25 de julio, por lo cual sirvió para conmemorar el 50 aniversario de tan lamentable suceso.

Una redada en un bar clandestino de la intersección de la Calle Doce y la Avenida Clairmount, ubicado en un barrio predominantemente negro de Detroit, donde se celebraba la vuelta de dos combatientes de la guerra de Vietnam, es el detonante de los disturbios y vandalismo generalizado que tuvieron lugar durante cinco días en unas revueltas ciudadanas en contra de la constante acción policial racista.

UN VASO LLENO SE DERRAMA.

La película muestra los acontecimientos de una manera muy realista, los créditos iniciales animados duran 2 minutos sin diálogo, pero ponen el contexto de la trama; señalando que tras la Segunda Guerra Mundial, se dio una migración masiva de casi 6 millones de afroamericanos de los campos sureños a las fábricas del norte del país, pero también se dio esa migración blanca que dejó sin dinero ni empleo a la gente que vivía en los suburbios; la tensión creció durante dos décadas sobre todo por cuestiones raciales.

Detroit ha sufrido de racismo por mucho tiempo, desde 1863, y continuó hasta los años 20, la ciudad era uno de los bastiones del grupo se supremacía blanca Ku Klux Klan, tensión que creció durante los años 40, pues las penurias de la guerra se combinaron con las deplorables condiciones de vida en “Paradise Valley,” el gueto del lado Este de Detroit, donde unos 200,000 residentes de color vivían, lo que desencadenó disturbios raciales en 1941 y 1943.

Es obvio que el vaso se había llenado y la redada del bar de la Calle Doce fue la gota que lo derramó.

UNA BOLA DE NIEVE VERANIEGA.

La noche del 23 de julio de 1967, la policía irrumpe en un bar clandestino y pretende arrestar a los parroquianos del lugar, sin imaginar que había alrededor de 85 personas, todas ellas negras, no pudieron abrir la puerta trasera por lo que hubo que sacarlos por el frente y esperar a que llegaran suficientes vehículos para trasladar a los detenidos a la comandancia; esta acción provocó la protesta ciudadana con el saqueo a comercios, la quema de coches y edificios.

Durante la noche del 25, en el Motel Algiers, un grupo de jóvenes afroamericanos y dos chicas blancas son víctimas del maltrato de varios policías abiertamente racistas y violentos, empeñados en que dentro de ese hotel se escondía un francotirador.

Es aquí donde la película cobra su punto álgido, pues muestra la brutalidad policial, agresora con impunidad social, que alcanza cotas sin precedentes, un verdadero drama social de recreación histórica con un sentimiento de impotencia de cómo el ser humano es el peor enemigo de sí mismo.

Al final de la noche, tres de sus ocupantes fueron asesinados: Carl Cooper, de 17 años, Aubrey Pollard, de 19 y Fred Temple, de 18, el resto fueron víctimas de torturas y humillaciones.

PRECUELA Y SECUELA DE DETROIT.

Los disturbios de la Calle Doce y del Motel Algiers, fueron secuela y precuela de otros eventos de represión racista policiaca; pues la cronología da cuenta que del 11 al 17 de agosto de 1965, se dieron disturbios de esta magnitud en el gueto de Watts, Los Ángeles, con motivo de la detención por policías blancos de un joven negro, Marquette Frye, en un control de tráfico, lo que provocó una revuelta que duró seis días; hubo 34 muertos, numerosos heridos y 4.000 detenciones; del 2 al 17 de julio de 1967, un altercado entre dos policías blancos y un taxista negro provocó el levantamiento del gueto de Newark, Nueva Jersey, con saldo de 26 muertos y 1.500 heridos; luego vinieron los sucesos de Detroit, los cuales se extendieron a varios estados, incluyendo Illinois, Carolina del Norte, Tennessee y Maryland; tras el asesinato de Martin Luther King, en abril de 1968, la violencia estalló en 125 ciudades, muriendo al menos 46 personas resultando heridas unas 2.600 heridos.

En mayo de 1980, en Liberty City, Miami, se desató la violencia después de la absolución de cuatro policías blancos de Tampa, acusados de la muerte a golpes de un motociclista negro que se pasó un semáforo, el saldo 18 muertos y más de 400 heridos; el 30 de abril de 1992, la absolución de cuatro policías blancos que apalearon a Rodney King, encendió Los Ángeles, al conocerse las imágenes de la agresión, la violencia se extendió a San Francisco, Las Vegas, Atlanta y Nueva York, con 59 muertos y 2.328 heridos

Este s. XXI ha registrado dos eventos lamentables, el 9 de abril 2001, en Cincinnati, Ohio, un joven negro de 19 años, Tim Thomas, fue muerto por un policía blanco durante una persecución, siguieron cuatro días de violencia en el que 70 personas resultaron heridas; y en Ferguson, Missouri, en agosto del 2014, la muerte de Michael Brown, de 18 años, por disparos de un policía blanco, causó diez días de violentos disturbios entre negros y la policía, cuando se dio a conocer la exculpación del policía Darren Wilson.

Esta película es poderosa y desgarradora, pone al espectador en la piel de las víctimas de la brutalidad policial, indefensas y aterrorizadas; es un recordatorio de lo que ha sucedido y lo que puede suceder en la América de Trump, pues este mal virulento es constante en la historia de ese país: hombres de piel morena convertidos en víctimas de marginación y abuso por parte de la autoridad policiaca.

Ya al final, la cinta es un pequeño drama judicial, para dejar claro lo que pasó con los policías agresores, mostrando la coacción y el miedo psicológico del silencio en las víctimas a modo de un fantasma acusador que les seguirá por siempre, pues la justicia no existe, que cualquier consideración legal está muy lejos de entender el odio, la tortura y la muerte; definitivamente, una crítica social y política incluso haciendo referencias a injusticias legales.

Hay quien considera que es una película más de odio y racismo, pero ¿en verdad saldrán sobrando este tipo de películas o tendrán que filmarse todavía muchas para que los Estados Unidos haga las paces con su propia sociedad?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

Escribir un comentario