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Lo que el Viento devolvió…

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Por Jesús Michel Narváez

Cuando inicia el año no es ocioso revisar cómo está el país más allá de quien lo gobierne. Es válido decir: lo que el VIENTO DEVOLVIÓ.

El año pasado regresó lo que los mexicanos suponíamos y aplaudíamos que la “dictablanda” definida por Mario Vargas Llosa había desaparecido. Desde 1997 los contrapesos políticos se hicieron una realidad. Sin embargo, el pueblo “sabio” decidió que lo mejor era volver al pasado y cerrar los ojos al futuro.

Muchos nos quejamos por el retorno de la autocracia. Porque no es nueva su presencia en el ejercicio del poder público. La vivimos y padecimos durante casi 7 décadas. Hasta que el pueblo “malo” optó por rechazarla.

Ya nos lo advirtieron quienes ejercen el poder: ¡Váyanse acostumbrando! Y lo expresan quienes nunca recibieron esos 30 millones de votos que presumen. ¿A qué nos debemos acostumbrar?... ¿a que intenten desde la atalaya del poder callarnos?... ¿es democrático considerar enemigos a quienes no pensamos igual que los de la llamada cuarta transformación?

¡Pamplinas!

Las libertades de que gozamos los mexicanos, todos: buenos y malos, nadie nos las regaló. Las obtuvimos con esfuerzo y a veces con sangre derramada por inocentes que creyeron en la necesidad de pensar diferente, de no ser unánimes, de saber disentir y con argumentos ganar la partida.

Hoy hay aplanadora sin argumentos. Hoy existe el prurito de que el pueblo “bueno” nos concedió el poder para cambiar lo que nos venga en gana.

No, no es así. El pueblo también se equivoca. Y si alguien lo duda pregúnteles a los cubanos, a los nicaragüenses, a los venezolanos, a los rusos, a los franceses.

Quienes hemos vivido padecido y disfrutado de la antigua autocracia guardamos más recelos que reconocimientos; recordar cómo en México se inventó o copió de alguna ideología que la hoja del árbol  no se mueve si “el señor no lo ordena” no es ocioso. Es la voz del amo la que se escucha y se tiene que obedecer. No, no estamos dispuestos, por lo menos yo, a regresar a aquellos tiempos idos.

Con solamente 32 días del nuevo gobierno formalmente instalado aunque inició desde antes, hay temores y muchos cuando escuchamos, vemos o leemos la forma de expresión del Presidente de la República y que, en lo personal, me remite a un pasado del que recuerdo cosas buenas pero más, mucho más malas.

Utilizando el cliché, no todos tiempos pasados fueron mejores. De ahí que recuerdo de lo que el Viento no se Llevó y lo devolvió.

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