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IP, débil y ambiciosa…

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Por Jesús Michel Narváez

Hay que decirlo con todas sus palabras: la iniciativa privada no tiene interés en el país sino en sus negocios.

Solo así se explica su docilidad de sus representantes frente a la cancelación del NAIM, al que defendieron como si se tratara de un hijo jamás tenido y finalmente lo abandonaron cuando les dijeron que dejaron de ser papás para convertirse en madrastras de Santa Lucía.

Durante meses desde el Consejo Coordinador Empresarial encabezado por Juan Pablo Castañón y secundado ferozmente por Gustavo de Hoyos Walther, dirigente de la Coparmex y por empresarios poderosos como Carlos Slim, exigieron se cumpliera la palabra de mantener la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México porque sería de “beneficio para el país, lo insertaría en la globalidad, podría recibir 120 millones de viajeros además de transportar de ida y vuelta millones de toneladas de carga”. Incluso anunciaron que la IP financiaría en su totalidad la obra.

Cuando se conoció el “triunfo” de la “consulta popular” se unieron los conspicuos hombres del dinero para desacreditar con sólidas bases la propuesta de Andrés Manuel López Obrador a quien su marioneta, Javier Jiménez Espriú, los enfrentó con supuestos estudios de viabilidad aérea realizados por “expertos de reconocida capacidad internacional” –algo totalmente falso como falsa fue la lectura de un párrafo de la carta que envió Emmanuel Macron- y finalmente los venció.

¿Dónde quedó el interés por hacer de México un país grande?

¡En el cesto de la basura!

Después de una reunión a puerta cerrada entre los principales constructores del NAIM y el presidente electo, los hasta antes de ayer poderosos hombres del dinero, salieron de la junta más domados que un esposo casado con la Mujer Maravilla.

A los empresarios, constructores, diseñadores, proveedores, no les importa el país les importan sus ganancias. La incongruencia de conformarse con tener nuevos contratos con el Gobierno federal aunque dejen de ser  todopoderosos, muestra de qué están hechos los que se dicen salvadores de la patria.

Si ayer los empresarios mostraron valor y expusieron sus válidas razones para seguir con el NAIM, ahora son simplemente marionetas de un teatro guiñol en el que el marionetero jala las cuerdas a placer porque sabe que no hay quien se atreva a ir por otro lado.

Causan pena ajena. Y uno que les creyó que eran poderosos. ¡Bah!... pamplinas.

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