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Trump se juega todo…

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Por Jesús Michel Narváez

Mañana al anochecer sabremos si Donald Trump seguirá poniendo al mundo a temblar o si el pueblo sabio –el de Estados Unidos- decide cambiar el rumbo y entrar a su época dorada de libertades y sin sobresaltos.

Es bien conocido que a los gobiernos de Estados Unidos los embeleza ser considerados como “los buenos del mundo” y que si para alcanzar esa meta es necesario declarar una guerra más lo harán sin remordimiento alguno.

La diferencia entre los del pasado y el actual, cuya “virtud” es vociferar, amenazar, militarizar su frontera sur e imponer aranceles violando las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), estriba en que hacían todo lo anterior y más pero sabían como conducirse.

Donald Trump llega a sus primeras elecciones intermedies con fuerza político-electoral inesperada. Sin embargo, se juega el control del Congreso y 36 gobiernos estatales, cuyos actuales mandatarios corren el riesgo de ser reemplazados y no reelectos.

Para el inquilino de la Casa Blanca –esa sí presidencial- perder la mayoría republicana en el Senado y la Cámara de Representantes representaría el sepelio rumbo a su anhelada reelección, para la que cuenta ya con 100 millones de dólares de donantes que quieren mantener su status quo, imponiendo las condiciones del Imperio Yanqui y sometiendo a los que históricamente fueron sus aliados.

Trump sabe y bien que si pierde la mayoría congresional estará sometido a las decisiones de los legisladores que, dicho sea de paso, cobrarían venganza por la falta de respeto que ha mostrado hacia ellos y que los ha llevado a ser menos que el contrapeso para el que fue diseñado el Congreso estadounidense.

Tiene problemas serios con Canadá, Gran Bretaña, Francia, Italia, España, la Federación Rusa, China, la Unión Europea en su conjunto y con la OTAN. En América Latina mantiene su ríspida relación con Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Perú. Brasil probablemente se vuelva su aliado incondicional con el triunfo de Jair Bolsaro.

Ah, perdón: olvidé que con su vecino del sur, o séase México lleva una relación ambigua en la que resalta la agresión no solo al gobierno de la República sino al pueblo, todo.

Perder el Congreso haría de Trump un presidente acotado y eso, eso no le gusta al que grita: you are fired, porque sabe que la misma expresión se la aplicarían los demócratas que esperan el ansiado momento para iniciar el impeachment y despedirlo de Washington y enviarlo a su residencia habitual en Nueva York.

El mundo espera que el pueblo sea sabio y no se equivoque otra vez,

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