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Reportaje

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“Cuando la Luna Sale por el Copete de las Milpitas, Cantan las Chicharritas…”

Por Susana Vega López

COATEPEC, Ver.- No cabe duda que cuando uno viaja no imagina todo lo que se puede aprender al visitar tal o cual lugar por las maravillas naturales que sorprenden, por la comida, los paisajes, las costumbres, por la música y los bailes regionales, por las artesanías, por la historia, por la gente.

Se dice que, en Veracruz, puedes degustar el mejor café de México, ya sea en una hacienda, en una finca, en un restaurante, en una cafetería y, por supuesto, en las casas de estos habitantes que se han dado a la tarea de cosechar uno de los mejores granos de esta aromática bebida.

Por cierto, ¿sabes que el café de Veracruz tiene declaratoria general de protección a la denominación de origen? Esta se dio en el año 2000 para todo aquel grano producido en diversas zonas del estado de Veracruz ya que sus suelos volcánicos, su alta humedad, que se da en todo el año, y sus inviernos nublados hacen que tenga una acidez única que le dan un sabor especial.

Pues bien, camino a la finca Don Silvano, en Coatepec, para asistir a una cata del aromático, previa experiencia sensorial para detectar los sabores básicos del paladar: dulce, salado, amargo y ácido, llamó la atención un peculiar sonido que rompió el silencio del atardecer.

Se trata de las chicharras que, luego de vivir hasta 17 años bajo la tierra alimentándose de la sabia de las raíces de las plantas, las también conocidas como cigarras salen a cortejar y para ello emiten un sonido peculiar para enamorar a su pareja. Su canto se puede escuchar tan fuerte que despierta curiosidad.

Estos pequeños insectos de la familia de los artrópodos, no se ven a simple vista pues miden de 15 a 65 mm pero se adivina que son miles los que cantan al unísono para llamar la atención de las hembras que, por cierto, mueren poco después de poner sus huevos.

El canto se escucha salir, en coro, de los árboles. La chef Tania Bonilla, antes de iniciar la cata de café, explica que estos animalitos también llamados coyuyos, totocos, cócoras o chioquilichis, viven hasta 17 años bajo tierra y salen a reproducirse emitiendo un sonido que llega a ser ensordecedor.

Cuando suben a la superficie cambian o mudan su cuerpo para dar paso a sus grandes alas que llegan a ser de diferentes colores o sencillamente traslúcidas. Se dice que cuando frotan sus patas es que emiten su canto, lo cierto es que poseen un aparato estridulatorio en los costados del abdomen que consta de timbales y sacos con aire a manera de caja de resonancia que provocan el chirrido.

Cayó la tarde y el silencio de la noche se interrumpía constantemente por ese canto de amor.

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