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Pólvora en las Campañas

*La Violencia Hace Fila Ante las Urnas Para Votar

*Una Democracia que no ha Salido de su Etapa Púber

*Seguidores y sus Escenas de Pleitos a Puñetazos

*Nada se Hace Para Contener Pasiones Desaforadas

Por Ángel Lara Platas

Polarizadas las pasiones, enconados los odios, exacerbados los ánimos. Esto es lo que nos está dejando el actual proceso electoral, en el que compiten miles de personas para todo tipo de cargos de elección popular, desde presidente de la República hasta regidores.

No hay manera de ocultar que la violencia también se ha formado para votar en las urnas.

Dicen que así es la democracia, ¡es una falacia! la democracia no es así. Eso lo dicen los que se han beneficiado de los recursos que a nombre de la democracia se derraman año con año.

Por los resultados se deduce que de nada ha servido el altísimo gasto que se hace para abonar en una democracia que no ha podido salir de su etapa púber. Poco contribuye al fortalecimiento democrático los consejeros y el resto de los ejecutivos que goza de los privilegios que ofrecen los órganos electorales, convertido en un obeso aparato burocrático que devora grandes cantidades de dinero, a cambio de una baja producción.

Cuando se observan escenas de pleitos a puñetazos de seguidores de alguno de los candidatos contra seguidores del otro, cualquiera se pregunta: ¿dónde quedan las partidas presupuestales que se deben utilizar para orientar a los ciudadanos y cuál es el papel que les corresponde en épocas electorales?  ¿Qué hace el INE para proponer innovaciones y mejoras en el proselitismo de los candidatos? Nada para contener las desaforadas pasiones que la contienda está generando.

Las pasiones están desatadas y nadie de los responsables llama a la cordura y a la reflexión. Nadie cuida que las emociones no sean las que voten el primero de julio próximo. Pareciera que más que una contienda electoral, lo que estamos viendo los ciudadanos es una lucha de intereses, ni siquiera de clases. Mientras, la vorágine electoral navega al garete polarizando el sentimiento popular.

Incluso, pareciera que los intereses en juego han anulado las ideologías de los partidos. Las ideas han sido sustituidas por los berrinches, la visión de nación se ha reducido a grupos que pelean por lo que en lo personal les interesa y conviene.

Por todos lados hay pólvora, cualquier chispa emocional la puede encender.

Estar las cosas como están, y lo peor de todo es que uno de los candidatos esté enviando mensajes subliminales a sus fieles seguidores, anticipándoles que una probable derrota sería, indefectiblemente, fraude cumplido. Consignas de ese tamaño provocan reacciones que polarizan, que dividen, que degradan el cauce social. El INE en mutis total con el argumento que así es la democracia.

Nadie es dueño de la conciencia de la gente. Ninguno tiene derecho a darle sentido patrimonial a la política. La política, la verdadera política, es la vía adecuada para que los pueblos y la gente crezcan en valores y conocimiento, pero también en principios básicos de desarrollo como sociedad.

Si el INE nació sin esa función orientadora hacia la sociedad, de difundir masivamente las funciones de los partidos políticos, de promover que éstos se sensibilicen para que sea la sociedad la que verdaderamente elija a los que serán sus gobernantes; qué delicado, qué lamentable.

Una cosa es validar en las urnas a los candidatos de antemano propuestos por los partidos, y otra muy distinta es que la sociedad diga qué candidatos quiere.

En recientes fechas, las redes sociales nos han dado a conocer verdaderas batallas campales entre grupos de candidatos opositores. Los consejeros del INE, ocupados en conservar sus cotos de poder, callaron, no hicieron ningún llamado a la cordura.

Sin darnos cuenta, los mexicanos vivimos entre muros, y solo vemos el de TRUMP.

Dice el académico Sergio Amante Hadad que en las campañas presidenciales de México para el 2018 estamos viendo un neo-canibalismo, neo-segregarismo, la intolerancia extrema, la descalificación y el extremismo fanático. Y no solamente entre candidatos a la presidencia del país. Con más frecuencia aún entre sus seguidores, ya sea por convicción o conveniencia. Nos llenamos la boca de Donald Trump y dejamos de ver que somos cómplices en la construcción de muros que propician la fragmentación social.

Y continúa: “Los expertos dicen que la educación (y la educación cívica) es un proceso dual de sedimentación y erosión. Algunas malas costumbres se sedimentan y se hacen acumulativas distanciándonos del principio de “civilidad”, en tanto otras buenas costumbres se erosionan y olvidamos buenas prácticas de integración social que poseíamos como tesoro procedente de las pequeñas comunidades vernáculas de México pocas generaciones atrás en el tiempo”.

A muros físicos y colosales como La Muralla China o el Muro de Berlín, se les suman los muros infranqueables de la discriminación. Y éstos últimos laceran aún más la dignidad humana porque son invisibles, pero de alto impacto en su mensaje de rechazo, repugnancia, freno, y menosprecio. Se trata de los muros que socialmente construimos y diseminamos entre nuestros semejantes para repudiar por raza, creencia, procedencia, ideología o género a otros seres humanos.

¿Lo sabrá el árbitro electoral?

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