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Las Revueltas de Silvestre

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El Único que Ganó el Debate

Por Silvestre Villegas Revueltas

Fue el presidente Enrique Peña Nieto porque los señalados temas sobre la corrupción gubernamental-empresarial, la inseguridad y sus formas de combatirla rebasan con mucho el accionar del presente gobierno. Salvo Anaya que cuestionó a Meade sobre si condenaría o no las formas como se ha conducido la presente administración, literalmente a Pepe Toño “lo salvó la campana” porque ya no tenía tiempo para responder y asumir una postura relativa al cuestionamiento que le arrojó el panista. A manera de lista accionaria, ninguno de los candidatos presidenciales enumeró todos los asuntos que, en medio de una opacidad galopante propia de un régimen y tiempo corrupto, han sido señalados por medios de difusión extranjeros, por trabajos periodísticos de la prensa y televisión nacionales, a través de la lucha cotidiana de múltiples organizaciones civiles y por la investigación concienzuda de académicos en los temas de la agenda nacional. Imagínese usted estimado lector en plena campaña inglesa por la primera magistratura, a Jeremy Corbin o Boris Johnson, enumerando la inmensidad de intereses coaligados en la construcción del nuevo aeropuerto comenzando con la licitación y especialmente el procedimiento del grupo que la ganó. Pero el presidente Peña siguió tranquilo porque ni “El Bronco” ni Anaya, ni los otros, propusieron que de llegar a la presidencia harían una investigación puntual sobre la idoneidad de las obras y el accionar sexenal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en cambio gastaron y siguen gastando participaciones y minutos en los “depas” de AMLO (heredados a sus vástagos y en espera del dictamen del juez respectivo) que, ni mi jefe editorial se los regalaría a su hija en el depauperado barrio que rodea a Ciudad Universitaria.

Confieso que pasados unos 70 minutos el cuasi-debate empezó a aburrirme y ello se lo he oído decir a muchas personas. ¿Por qué? Porque a los suspirantes por la presidencia se les olvidó que, más allá de los ataque personales, se deben a la ciudadanía y derivado del contrato social tienen como única misión resolver los problemas concretos que diariamente la afectan. He de señalar que Margarita trató, como en un concurso de oratoria, el tema de las mujeres y se reveló como directora de una ONG, allá estará muy bien para la integridad de la mujer mexicana, lo contrario puede llevarla a lo que ha sido diagnosticado como el “Principio de Peter”. Y qué decir de López Obrador. Para nadie es un secreto que no sabe debatir y se oye a sí mismo. Sin enojarse, como seguramente le señalaron sus asesores, debió explicar puntualmente quiénes serían los beneficiarios de la amnistía que propone. Él ha dicho en otras ocasiones que en las cárceles mexicanas hay muchos campesinos y jóvenes; frente a la falta de oportunidad terminaron por sembrar amapola o se convirtieron en peones del narcomenudeo: la pobreza, la desintegración familiar y la equivocada política educativa influyeron en que se convirtieran en delincuentes. Ello es cierto pero incompleto, porque cuando se suceden episodios como el asesinato y desintegración de los jóvenes en Jalisco, la sociedad mexicana le da la razón a la propuesta del regiomontano Rodríguez Calderón; el problema está en cómo enunciarlo y cómo implementarlo. No nos rasguemos las vestiduras, en los EU la pena de muerte significa freír sesos o intoxicar salvajemente el cuerpo, en Arabia Saudita se cortan manos y en China se fusila a los criminales…como sucedía en el México decimonónico y más adelante. Cuando uno viaja al Japón, a Singapur, a la impoluta Suiza y comparamos su orden, su limpieza, su respeto por los derechos de terceros con la triste realidad que campea por la República Mexicana, al menos uno reflexiona en la necesidad de endurecer las penas relativas al delito. Pero ligado a lo anterior y para no cometer inequidades, “El bronco” fue el único que trató el medular problema que es hoy la impartición de justicia en nuestro país. Concretamente una limpia de jueces que dejan en libertad a asesinos, voltean la cara cuando les presentan los casos mexicanos de Obedrecht, designan candidatos y un desagradable etcétera. Finalmente, cuando le preguntaron a AMLO cómo le haría para acabar con la corrupción, respondió que gobernaría limpiamente y con el ejemplo, me acordé de un episodio en mi vida universitaria; a parecida pregunta y semejante respuesta mi interlocutor burlonamente me miró, hoy está fuera de la institución por actos de cohecho.

 

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