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Como Pompas de Jabón

*Las Ocurrencias Preocupan, Angustian, se Debaten

*El Morenista se ríe, se Mofa y Responde con Ironía

*Hay Contrariedad en su Equipo Porque no Escucha

*Su Obcecación es Echar Abajo todo lo Establecido

*Y por Ello, Nerviosa una Buena Parte de la Población

Por Ángel Lara Platas

El nivel de discusión política se encuentra en un rango de alto peligro. La competencia electoral está presentando sorpresas que van más allá de lo político. Los intereses que están en juego involucran a personajes del primer nivel político y financiero. Por primera vez en la historia reciente de México, no existe certeza respecto al triunfo de alguien en particular.

 

Por razones diferentes, los focos rojos se han encendido para los tres candidatos presidenciales, incluyendo, por supuesto, al mismísimo Andrés Manuel López Obrador.

Si bien es cierto que Andrés Manuel lleva cómoda ventaja sobre Ricardo Anaya y José Antonio Meade, el hecho de ir arriba e, incluso, haber roto su propio techo electoral, como han reconocido algunos analistas, lo pone en un estado de alta fragilidad. Cualquier detalle lo puede hacer caer de manera estrepitosa.

Los ojos están puestos en el carismático líder, lo observan detenidamente en todos sus movimientos. Los oídos de la gente están atentos a todo lo que dice, lo escuchan con extrema atención. El nombre del tabasqueño ocupa importantes espacios en los discursos de sus oponentes, hablan más del moreno que de ellos mismos. La nota principal de los periódicos en muchas ocasiones la ha puesto Andrés Manuel. Sus ocurrencias causan revuelo, preocupan, angustian, se debaten. El morenista se ríe, se mofa, responde con ironía. Logró acuñar la frase “La mafia del poder”. La repiten los de acá y los de allá, hasta en los programas cómicos de televisión es de uso recurrente. Al final de cuentas todo es publicidad. Pero, repito, estar tan expuesto a la crítica o al halago, más aún si se da en el ámbito político, fragiliza, expone; cualquier resbalón verbal, cualquier dislate, se potencializa convirtiéndose en un golpe derribador.

Hay otros detalles que no le apoyan en mucho a Andrés Manuel. No tiene “Cuarto de Guerra” donde regularmente se discuten las estrategias que mejor convengan para la campaña. Existe cierta contrariedad en su equipo cercano porque no los escucha así se trate de asuntos importantes. Actúa solo, su verdad es la que se impone.

Aunque en el discurso morenista se diga lo contrario, el partido de Andrés Manuel no cuenta con estructura suficiente para que le cuide todas las casillas del país.

Al interior de su equipo ya se observan ciertas fracturas debido a sus decisiones unipersonales. Por ejemplo, algunos de su equipo se oponen a que sus huestes sean protagonistas de actos violentos como lo recientemente ocurrido en Oaxaca.

En la estrategia de la campaña de Morena se observan varios desatinos, como haberle pedido a Marcelo Ebrard que se hiciera cargo del norte del país cuando la influencia de éste está en el sur.

Su obcecación por echar abajo todo lo establecido ha puesto nerviosos a algunos sectores de la población. La promesa hecha pública de cancelar la obra del nuevo aeropuerto internacional obligó a uno de los hombres más acaudalados y respetados en el mundo, Carlos Slim, a dar la cara para enfrentar a Andrés Manuel y de paso explicar lo que representaría para el país y para miles de familias mexicanas, suspender las obras del aeropuerto.

No hubiera tenido mayor trascendencia lo dicho por el magnate, si no hubiera admitido públicamente que tenía miedo a los amagos lopezobradoristas. La reacción no se hizo esperar, el miedo cundió en el ámbito empresarial. Miraron de soslayo a Andrés Manuel cuando aseguró que Peña Nieto y Salinas de Gortari habían mandado al empresario a decir lo que dijo. La verdad es que resulta ocioso pensar que Carlos Slim hubiera puesto en juego su prestigio mundial y su influencia por satisfacer deseos de un gobierno que está por agotar su periodo.

Igual que Carlos Slim, no han sido pocos los que han salido a explicar, de manera convincente, la viabilidad del nuevo aeropuerto echando por tierra los argumentos del candidato presidencial de Morena.

Después del posicionamiento de Slim, los dueños de las cervecerías, de la empresa Bimbo y otras empresas, reaccionaron con demasiada reserva. Recordaron que varias empresas fueron expulsadas de Venezuela por Nicolás Maduro, amigo del líder de Morena y que podría ocurrir acá lo mismo si AMLO ganara la elección.

El rumor que empresarios han dejado correr en las últimas horas es que, si López Obrador gana, ellos sacarían sus capitales de México. Lo están platicando con sus empleados cuyo número no es cualquier cosa.

La iglesia también reaccionó. Los altos jerarcas dijeron a los candidatos que no metan a la iglesia en sus asuntos de campaña, después que López Obrador tuvo la ocurrencia de declarar que pediría orientación al Papa, sobre un tema de otra competencia.

Tomando como referencia que en ocasiones anteriores Andrés Manuel había sido derribado por sus propias palabras, poco antes de llegar a la meta de las urnas, voces calificadas aseguran que en esta ocasión no sería diferente.

Dicen los que suponen que las sorpresas seguirán guiando el escándalo nacional.

Conste que el ingeniero Carlos Slim era aliado y apoyador de Andrés Manuel ¿Qué vería en él que decidió pararlo en seco?

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