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Andar por El Quelite, Porque “Desde Navolato Vengo…”

Por Susana Vega López, Enviada

EL QUELITE, Sin.- Te sorprenderá visitar un pintoresco pueblo ubicado a 38 kilómetros del puerto de Mazatlán, porque al tomar la desviación en el kilómetro 33 de la carretera a Durango, te recibe un camino flanqueado por bugambilias multicolores, se vislumbran rústicos tejados donde crecen cactus, calles empedradas se tienden en el camino principal, y destacan las altas banquetas para asegurar que en época de lluvia el agua no invada las casas.

Resaltan los pocos lugares tradicionales para comer que existen en este lugar, así como su única iglesia. Los sonidos de la naturaleza se escuchan claramente; el aire cálido te acaricia; la gastronomía que allí se ofrece te enamora; y la gente amable te conquista. Fue una visita relámpago programada en el marco del Tianguis Turístico realizado en Mazatlán del 15 al 18 de abril.

El Quelite es un pueblito que apenas supera los mil habitantes. Un lugar donde se inspiraron para crear la letra de la canción de El Quelite y que se menciona en esta otra famosa que dice: “Desde Navolato vengo dicen que nací en El Roble, me dicen que soy arriero porque le chifló a… Ay, ay, ay mamá por Dios. Por Dios qué borracho vengo, que me siga la tambora, que me toquen El Quelite y después El Niño Perdido…”. Una comunidad con historia donde los jóvenes salen a otro lugar para seguir sus estudios porque sólo hay primaria y secundaria.

Llegamos a El Mesón de los Laureanos donde se cocina siguiendo las recetas de las abuelas, esos secretos que aderezan los platillos que le han dado fama a nivel internacional y que han degustado presidentes, políticos, artistas, periodistas y demás comensales que llegan para cerciorarse de los exquisitos y tradicionales sabores de la comida mazatleca.

El ambiente es familiar y te recrea con un espectáculo muy mexicano que asombra a propios y extraños porque inicia con música en vivo de una banda con tambora que acompaña a jóvenes ataviados con trajes regionales donde la mujer luce largas faldas con su diestro movimiento de manos que vuela la tela para formar graciosas olas que de vez en vez permite asomar a las enaguas. El zapateado de los danzantes, perfectamente sincronizado, es firme y se escucha fuerte y sonoro.

De pronto, con graciosos y elegantes movimientos, se presenta un caballo que baila, que luce, que muestra pasitos cortos, a manera de brincos que ordenados por la persona que lo monta con gallardía. Minutos más tarde se exhibe una pelea de gallos. El caballo, acostumbrado, no se inmuta y continúa su baile. Debes elegir entre poner atención a la pelea de gallos o ver al caballo.

Le sigue el ritual previo al juego de pelota, donde los participantes descalzos, con taparrabos, se “bañan con fuego”, se lo untan por todo el cuerpo, por la cara, por los brazos, por las piernas, por los pies para que les permita ser ganadores en la contienda prehispánica que, en ese momento, no se da. Sus rostros pintados de guerreros dejan caer gotas de sudor.

Y para cerrar con broche de oro, los lugareños hacen un llamado a las chachalacas, unas aves que emiten un sonido muy especial que son atraídas con una grabación que las hace llegar al sitio donde se escucha. En verdad su onomatopeya es escandalosa.

Durante la comida, de pronto, se escucha el graznido del pato que va caminando seguido de algún gallo. Al fondo –y alejado totalmente de las mesas- se encuentra un corral con borregos y otros animales de granja.

Este recorrido forma parte de los productos que se han formado para brindar a los visitantes una opción que permita diversificar al turismo de Mazatlán, para tener otras actividades que permitan activar la economía del lugar, con la generación de empleos.

“El turismo es una gran bendición de Dios; sólo basta tener las condiciones, brindar servicios de calidad, mostrar la sonrisa, ser amables con los visitantes y brindarles lo mejor para que regresen”, como lo señaló el doctor Marcos Osuna Tirado, impulsor del turismo en esa región, quien resaltó que allí se vive un lindo amanecer, un extraordinario atardecer; donde se escuchan sonidos de la naturaleza que dejan que te olvides de los de la ciudad. Y Misión Política comprobó la amabilidad y hospitalidad de la gente que seguramente le permitirá a Mazatlán ser el destino turístico de México.

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