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Lascas Económicas

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Acotaciones Político Económicas de Comunicadores

*Si gana Pepe Toño Meade, qué le Pasaría al País

*Y si hay “Peje Gobierno” ¿qué Sucedería por acá?

*Desgobierno por Estrategias Populistas y Caudillistas

Por Luis Emigdio Contreras

Amigos entrañables, y otros no tanto, que nos reunimos periódicamente en cierto café y desayunadero, grillero cercano a la Zona Rosa, comentábamos hace unas horas, con algún dejo de escepticismo, cómo sería el gobierno de Andrés Manuel, en términos económicos estrictamente hablando, y cómo sería si José Antonio Meade arribara a Los Pinos.

Entre chilaquiles y huevos divorciados, entre montaditos y omelettes de claras por aquello del colesterol, algunos de los presentes elevaron la voz para señalar, sentenciar vamos, que con un Peje de Gobierno sin duda se generarían fuertes incertidumbres en los mercados, globales y domésticos, se enviarían señales erróneas lo mismo a inversionistas, empresarios nacionales y sindicatos, pero también a la propia clase obrera, al sector financiero en su conjunto e incluso, cómo no, a toda la sociedad en eso del consumo y las pymes. Nada más.

Otros comensales, con la servilleta en la mano o en la comisura de los labios, afirmando –un tanto dubitativos, vale añadir- así como desgobernó la capital y no pasó nada, así ocurriría esta vez, es decir, determinado tipo de capitanes de empresas pudieran patalear al principio, pero viendo los resultados “positivos para México”, se alinearían a la honestidad valiente, de todos conocida.

Desde luego, amig@s, nos atrevimos a preguntar allá en gayola si estaban considerando los cuasi omnipresentes que el tabasqueño dueño de La Chingada, su rancho en Palenque, podría estatizar el petróleo, revertir las obras del nuevo aeropuerto, pelearse a morir con su homólogo (entonces) Donald Trump, declarar a México en pro de una administración socialista o lo que le sigue. Algunos alzaron la ceja indignados y otros, de plano, ignoraron al escriba aduciendo que tenían mejores cosas en qué pensar. Uno de ellos, como en una suerte de conmiseración, acotó que, ni hablar, ese tipo de comentarios no iban a esta mesa porque aparte de indigestar a los presentes, en la realidad no aplicaría, pues para ellos existían –cómo no- los candados populares y claro, la figura del plebiscito que a su juicio frenarían las acciones del otrora jefe de gobierno capitalino.

Y entonces se vino la bufalada…

Del lado priista, varios de los ingestaban sin rubor una cecina presuntamente importada de Yecapixtla, se detenían para oler casi con amor irreductible un mini bizcocho o bien apuraban el consabido jugo de mandarina de la época –como si no supiésemos las épocas en las que vivimos- sacaron su cuarto de espadas y, por supuesto, rechazaron sin más a los exégetas de López Obrador, exigiendo a sus opositores que se comportaban, les gritonearon y anunciaron que si estos no se comportaban se pondrían de pie, largándose de inmediato, y a ver quién pagaba la cuenta, pues eso sí que no se lo iban a permitir.

Empezaron a detestar las (no) propuestas pejelianas, y se fueron hasta la cocina al señalarle a los contrarios que un desgobierno sería el resultado de estrategias populistas y caudillistas que habían probado en México y América Latina no tendrían consecución ni éxito en esta latitud, mucho menos a la altura de los tiempos que vivimos. Dejen de soñar y hacer el ridículo, clamó un pelado más que interpelado en un momento, y añadió que los sueños de opio se quedaron con la canción de Chava Flores, que en su momento evocaron, siempre se dijo priista de cepa, de sepa Dios dónde.

Indicaron, pero por supuesto, que con Pepe Meade las cosas caminarían que ni mandadas a hacer: se combatiría lo mismo corruptelas que a aquellos que intentasen ir a contrapelo de la Historia, con H mayúscula. Y retaron a que cuestionaran las ideas del otrora secretario de Hacienda. La respuesta no se hizo esperar.

Los de enfrente sacaron el tema del gasolinazo, el recorte presupuestal, el perdonar impuestos a los ricos y cobrar más a los de en medio, en vista que al resto de la población solo se les aplicaba el IVA, y ya con eso tenían para entretenerse.

Reprocharon, cómo no que, en aras de sacar adelante su política económica ortodoxa, Meade Kuribreña se la pasaba restringiendo el consumo interno, mientras –aseveraron- dejaba pasar a múltiples evasores tributarios con grandes capitales o fuertes firmas trasnacionales que no cubrían sus obligaciones tributarias, en presuntas aras de inversión para el país.

Pamplinas, dijo una voz estentórea. Al final del camino, amigos míos (con todo y damas presentes) con la llegada del señor presidente Miguel Ángel Mancera, habrán de corregirse una variopinta de yerros institucionales que han mermado las finanzas públicas, así como los ingresos y, desde luego, los recursos que se deberían dar con holgura a la gente más necesitada. Esos que, con su trabajo y sudor, aportan el 88% de la mano de obra nacional y que representan algo así como el 70% de los hogares y el 87% de los sueldos pagados en México. Tenemos que trabajar juntos para abatir la corrupción y el desempleo, hacer más con menos en términos de productividad y –añadió con tono doctoral- establecer bases para que el Siglo XXI sea el de nuestra gran nación. Y esa la habrá de encabezar nuestro preclaro líder, Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Le llovieron servilletas, salsas y uno que otro bolillo. Ahí acabó la sesuda reunión. Todos se corrieron la cortesía de la siguiente, con la única condición de no emplazar al último orador. Y estuvieron de acuerdo hasta los meseros. Sí señor.

Estas Lascas Económicas buscan salidas no electoreras a planteamientos concretos de esos que se llaman integrantes de la clase obrera. Ya trabajan y duro con otras piedras filosofales de la clase media y una que otra de la alta. Así que en estas trazas le esperan con toda calma, pero la semana entrante, en este mismísimo espacio.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

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