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El Estadio Azteca y San Lázaro

*Del Polémico Grito de Moda, Insultante y Agresivo

*Libertinaje: Discriminar y Menospreciar a Minorías

*El Hecho en la Cámara Baja, Oposición a la Cultura

*Acto de Cobardía: Arrojar la Piedra y Esconder la Mano

Por Manuel Quijano

Realmente ignoro si fue en el Estadio Azteca o en el Jalisco o en algún otro estadio donde inició el grito de “Eeeeeeh p…” Usualmente pasan unos cuantos meses para que se ponga de moda algo en el futbol nacional, pues las masas de manera extra lógica repiten y actúan como multitud, pues su cualidad de masas se singulariza porque no piensan, parafraseando al filósofo y ensayista José Ortega y Gasset. La gente acude al estadio de futbol a gritar, divertirse, apoyar a su equipo y agredir verbalmente al árbitro y al conjunto contrario. Esa es una verdad sociológica y objeto de estudio.

El grito, al parecer del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), la FIFA y organizaciones sociales dedicadas a luchar a favor de la equidad de género concluyeron que se trata de un acto homofóbico y debido a que son autoridades formales y sociales lo han censurado, pues no deja de haber razón en que es un grito insultante y agresivo.

Quienes acudimos con relativa frecuencia a un estadio de futbol hemos observado que dicho grito tiende a la baja. También sabemos que la Federación Mexicana de Futbol Asociación ha pagado multas debido a esa expresión. A la vez, somos testigos de que ciertos aficionados insisten en que se trata de un acto de coerción y censura en contra de la libertad de expresión. Pero pongamos atención, no podemos en nombre de la libertad de expresión discriminar, menospreciar y marginar a minorías, pues eso es libertinaje. De ahí que estoy de acuerdo con las conclusiones a las que llegó la Conapred, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y algunos directivos de equipos de futbol profesional en México.

Hasta la semana pasada era un asunto que estaba focalizado en el ámbito de las masas o como dice la voz popular, de la muchedumbre anónima. Pero el fenómeno se trasladó al Palacio Legislativo de San Lázaro y la intensión del grito se transmutó en insolente extravagancia de vulgaridad. La Tribuna de la Nación es un lugar en el cual debe privar ante todo y no obstante las diferencias ideológicas, el espacio de la cortesía pertinente y el respeto a la diferencia, es decir la Política. Léase, mi tesis va más allá de sostener que ahora el grito amplió sus escenarios. Sustento que adquirió una nueva y soez implicación: la de la oposición a la cultura, la de condenar al adversario por la forma de vestir, ya que el diputado agredido portaba un saco color rosa. Ahora el espacio de la soberanía nacional, para algunos, es un festín de mentiras, de “Buroparla” carente de lógica, donde las palabras no tienen biografía, ni gallardía y mucho menos pudor. Lo sucedido es de pena ajena y se prolonga debido a que es un acto de cobardía que arrojó la piedra y escondió la mano.

El sentimiento colectivo de pertenencia a un grupo o a una comunidad se debe a que entre sus miembros despierta y comparte principios, fines y medios. Además de que adopta identidades, colores, lenguajes, usos y costumbres. Con lo cual se distingue de otro grupo. Esa es la historia de la humanidad y por eso existen las naciones. Pero que, entre diputados, todos mexicanos, un grupo descalifique a otro grupo a otro debido al color de una ropa, no habla de la razón política, ni de la tolerancia y mucho menos del respeto a la diversidad ideológica.

La carencia de razonamiento ocupa, ahora, entre algunos diputados un lugar primordial que desplaza rigor, coherencia, honestidad y honorabilidad. Asesinaron, por el tipo de defensa que utilizan y argumentan, la relación sensible, concreta y universal de representarnos con dignidad. En San Lázaro se gritó lo que se gritó y lo honesto es ofrecer disculpas al pueblo de México y al diputado.

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