Banner




Ud. está aquí
Banner
Banner

Lascas Económicas

Correo electrónico Imprimir PDF
pesos_mexicanos

Intersticios en el Incremento al Salario Mínimo

*Quedó Corto Frente a lo Planteado por la COPARMEX

*Ni Alcanzado $300 se Resarciría la Pérdida del Ingreso

*Argumento: No se Debe Desatar una Nueva Crisis

Por Luis Emigdio Contreras

La buena: como lo anticipamos en este espacio democrático y popular a nuestros lectores y amig@s, el salario mínimo se ajustó al alza la semana pasada, a propuesta nuevamente del sector patronal, dentro de la que nos dicen es tripartita Comisión (de membrete) Nacional de Salarios Mínimos, por lo que desde este uno de diciembre el sueldo base general será de 88 pesos y 36 centavos, habiéndose elevado 8 pesotes con 32 centavos, ligeramente arriba del 10% que priva hasta el fin de semana.

El pomposo Consejo de Representantes de la CONASAMI determinó, por unanimidad desde luego, que hubiera un incremento de 5 pesos de forma directa a partir del pasado 21 de noviembre y en adición, un porcentaje de 3.9% (unos 3.32 pesos), mismo que se aplicará a partir de este viernes 1 de diciembre, con lo que el salario mínimo pasará de 80.04 a 88.36 pesos. Ya la hicimos.

La mala: el repunte de marras se queda corto frente a lo que los señores de la Confederación Patronal de la República Mexicana planteaban, en el sentido de ajustar el señalado sueldo base para situarlo hasta 95.5 pesos diarios, en favor de casi un millón y medio de trabajadores que devengan este salario.

El sólido argumento para que no se alcanzaran estas cifras fue, ni más ni menos, el esgrimido por el Banco de México en el sentido de que aumentar este salario casi en 20% desataría fuertes presiones inflacionarias, particularmente en el primer trimestre del 2018, año en el que –por si no lo recordamos- el propio Instituto Central y la Secretaría de Hacienda han dicho que, bajarán los precios de los bienes y servicios desde principios del último ejercicio del sexenio hasta niveles cercanos a 4% a fines de diciembre del año entrante, cuando ya tendremos por cierto nuevo Presidente de la República.

A los propios empresarios, a los dirigentes sindicales y a los voceros del gobierno, ¡uffff!, los expertos del organismo que aún encabeza (hasta el viernes justamente) el doctor Agustín Carstens les dijeron en una reunión ultra privada que México no se puede dar el privilegio de desatar una nueva crisis económica de indeseables e indecibles proporciones, y menos al inicio de una nueva administración pública, cualquiera que fuera el ganador, del color que usted lo diga.

En esa plática a puerta cerrada, en donde nos dicen que hasta se les pidió que apagaran los celulares para evitar filtraciones incómodas o de plano incendiarias, se recordó que más allá del efecto faro de la percepción mínima, es decir, aquél que se reproduce en todos los salarios que se negocian en los diversos contratos colectivos teniendo como ancla al sueldo base, habría que tomar en cuenta, por si lo trataban los presentes de olvidar, el repunte estacional de precios que se presenta en los primeros 90 días del año, el recorte de personal que también se da en este periodo, así como el tradicional freno en cuanto a las inversiones en el lapso previo a las elecciones presidenciales.

Uno de los asistentes nos consignó que, en apoyo a los economistas del Banco de México, cómo no, se hizo en la junta de marras una suerte de escenario catastrofista –llámese movilizaciones populares como resultado de los comicios o incremento de la violencia en algunas partes del país- para lo que todos los sectores deben estar alertas y preparados, y evitar a toda costa cualquier crack de esos que los políticos nos tenían acostumbrados a finales del siglo pasado y que, por cierto se recordó, aún no terminamos de pagar en el caso de los “errores de diciembre”, allá en el no tan lejano fin de 1994.

Los dignos representantes patronales presentes no tuvieron objeción alguna a lo dicho por los del Banco Emisor (vaya eufemismo), aunque días más tarde, cuando se protocolizó el anuncio, salieron con eso de que el incremento alcanzado “era limitado”, hecho que al menos en la propia CONASAMI fue más avezado contra la lisura y sosiego con que se manifestaros los portavoces del sindicalismo corporativo, que ni pío dijeron y, al contrario, soterradamente expresaron su contento y satisfacción por lo alcanzado.

Lo que todo mundo festinó, pero por supuesto, fue que estos muchachos de la casi extinta Comisión –se habla que no resistirá un sexenio más- anticiparon que “antes del primer cuatrimestre del 2018” se ajustará al alza nuevamente el sueldo mínimo para llegarle, ahora sí, a casi 96 pesos diariamente, cifra planteada originalmente por la representación empresarial, lo que significa que las sombras inflacionarias se habrían disipado puntualmente. Planteamiento que no les creemos, desde luego.

Al final de esta junta “técnica”, según nos deslizan, uno de los dirigentes comentó en corto que, aunque se aumentara hasta 300 pesos el sueldo mínimo diario, no podría resarcirse la pérdida del poder adquisitivo atávico, acumulado por más de 50 años en este país plagado de vicisitudes económicas y crisis recurrentes derivadas de políticas ortodoxias en donde, como siempre, los que más han pagado los platos rotos han sido, son y serán, los que menos percepciones tienen, es decir, los que ganan el sueldo base.

De ahí se entiende, sin necesidad de grandes teorías, el disparo de la informalidad y la delincuencia, entre otros fenómenos sociales. ¿O qué le parece a usted?

Por lo pronto, estas Lascas Económicas

proyectan trabajar sin desmayo al lado de otras angulares piedras, romas o de río da exactamente lo mismo, para que con estos 8 pesos con 32 centavos que le aumentan sus percepciones cuenten con los recursos suficientes para el anhelado viaja e las Uropas o los Querétaros, como proclamaba la Chacha Micaila. Y ya le esperan con toda calma en este mismo espacio, pero la semana entrante.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

Escribir un comentario