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Del Cine y las Leyes

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“El Patrón: Radiografía de un Crimen”

Esclavitud sin Cadenas

Por Horacio Armando Hernández Orozco*

“El Patrón: Radiografía de un Crimen”, película argentina coproducida con Venezuela, dirigida por Sebastián Schindel, con la actuación de Joaquín Furriel (Hermógenes Saldívar), Mónica Lairana (Gladys), Guillermo Pfening (Marcelo Di Giovanni) y Luis Ziembrowski (Latuada), cuyo estreno fue en febrero de 2015.

Hermógenes Saldívar es analfabeto, peón de campo, que emigra junto con su mujer Gladys desde su natal Santiago del Estero hacia Buenos Aires, para trabajar en una carnicería propiedad del inescrupuloso patrón Latuada, quien además de explotarlo laboralmente, lo obliga a vender carne en mal estado, hasta que Hermógenes decide matarlo.

La película se basa en una silenciosa y silenciada historia real, es una adaptación del libro homónimo del penalista y criminólogo Elías Neuman, que narra ese mundo abominable de la explotación laboral, llevado sin escalas a la esclavitud y a la humillación.

UN INEPTO EXPLOTADO.

Hermógenes, desde joven se ha considerado como un “inepto”, porque así le dijeron en el servicio militar y lo dejaron asentado en su Documento Nacional de Identificación (DNI), derivado de un problema físico que tiene en una pierna, y curiosamente esa “ineptitud” hace que sólo busque trabajos que requieran de un esfuerzo físico; este aprendiz de carnicero es un humilde analfabeta, de baja autoestima y sumiso, lo cual es aprovechado por su patrón Latuada para explotarlo laboralmente al advertir su estado de vulnerabilidad.

En términos económicos, la explotación laboral se define como recibir un pago inferior al trabajo que se realiza; aunque también tiene una connotación jurídica como delito, pues la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos delitos, en su artículo 21 señala que será sancionado con pena de 3 a 10 años de prisión, y de 5 mil a 50 mil días multa, quien explote laboralmente a una persona, ya sea obteniendo, directa o indirectamente, beneficio injustificable, económico o de otra índole, de manera ilícita, mediante el trabajo ajeno, sometiendo al trabajador a prácticas que atenten contra su dignidad como la existencia de una manifiesta desproporción entre la cantidad de trabajo realizado y el pago efectuado por ello.

En la cinta, Hermógenes no sólo recibe un pago ínfimo, sino que su labor la desarrolla en condiciones insalubres, lo cual también atenta a su digna como persona.

EL ESPACIO OPRESIVO DE LA CARNICERÍA

Armando, otro empleado y mano derecha de Latuada, se ocupa de debilitar la voluntad de Hermógenes y le enseña como disimular químicamente la carne en mal estado con sulfito de sodio, los trucos y las malas artes de vender carne podrida tras el mostrador.

La enseñanza criminal también está a cargo del propio patrón Latuada, y el aprendizaje de Hermógenes está inmerso en el oscuro negocio de la carnicería: submundo de horror descrito con certera información, pues el director Sebastián Schindel es un experimentado documentalista, quien en una entrevista señaló que el engaño en las carnicerías sigue vigente, todas esas prácticas que se ven se siguen cometiendo,

El sulfito de sodio, con autorización de la autoridad competente, se puede utilizar en determinadas cantidades para mejorar la apariencia de la carne; y, para preparar elaborados como el chorizo, se necesita una habilitación especial, por eso hay ciertas prácticas siniestras de carácter legal.

LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO

Hermógenes es su nombre, pero Latuada lo llama Santiago, su nombre de esclavo; él solamente mira, calla y no pregunta, con un sueldo irrisorio, promesas e ilusiones nunca cumplidas, viviendo en un maloliente cuarto junto a su mujer Gladys quien está embarazada; gota a gota se acumula tristeza, desdén y rabia, así como odio y rencor hacia el desalmado patrón, y así, sin previsión ni remedio, llega un límite y 15 segundos son suficientes para terminar con la tortura, liberar la asfixia y volver a respirar de nuevo.

Hermógenes es detenido, ha matado a Latuada y está a punto de ser condenado a cadena perpetua.

La trama paralela ahora está puesta en el proceso judicial; al protagonista le tocó un defensor de turno que ni siquiera se preocupa de ir a visitarlo, pero una empleada del juzgado le solicita al abogado Marcelo Di Giovanni que lleve el caso, quien termina comprometido al notar que el destino de Saldívar está marcado por un sistema judicial que devora al pobre, al iletrado; Hermógenes es culpable del hecho, pero no responsable de una cadena perpetua.

Se dice que la Justicia es ciega, y vaya que sí, pues está tan atestada de trabajo, que estos casos se resuelven rápidamente, nadie se ocupa ni preocupa por ver quién y qué hay detrás: un mundo deshumanizado, donde la injusticia de la miseria es la justicia institucionalizada.

El abogado argumenta que Hermógenes actuó “por emoción violenta”, por el cúmulo de vejaciones que sufre como un trabajador explotado.

La trama está basada en un hecho real ocurrido en 1984, en Buenos Aires; el verdadero protagonista vivió diecisiete años en la carnicería, tuvo dos hijos que nacieron y se criaron ahí, con pánico hacia el patrón; el maestro Elías Neuman se encargó de defenderlo, y la novela aborda básicamente las charlas que mantuvo con este carnicero acusado de asesinar a su patrón.

Neuman escribió en el epílogo de su libro que “la muerte, propia o ajena”, era la “única salida posible a la opresión dramática de sus vidas. No parece haber otras opciones… matar o morir se traduce en una forma de no ceder más, de interrumpir el pacto ilimitado con la adversidad y aún desafiarla”.

El director Sebastián Schindel leyó el libro que el propio Neuman le hizo llegar a través de su padre; este gran criminólogo argentino falleció en el 2011 y dejo más de veinte libros escritos; tuvo frases memorables como: “a las cárceles llegan los delincuentes fracasados”.

Hermógenes, ese hombre que ha sido utilizado, engañado, maltratado y humillado, un analfabeto sin recursos, inepto para el gobierno, sólo cuenta con sus dos manos y esa férrea voluntad de hierro por obedecer, complacer y servir al patrón en todo lo que diga, no entiende de leyes, no se defiende, sólo acepta su culpa en espera de una sentencia, pues “la vida es un destino que hay que cumplir” y él ha cumplido el suyo.

La cinta es una repetida historia de la esclavitud moderna, esa que no lleva candados ni cadenas, pero ¿acaso la necesidad y la falta de oportunidades crearán grilletes imaginarios en las personas?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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