Banner




Ud. está aquí
Banner
Banner

Reportaje

Correo electrónico Imprimir PDF
destileria

Caminando Entre los Pacientes Jimadores y Tras un Dulce Destilado… ¡Salud!

Por Susana Vega López, Enviada

SILAO, Gto.- “Como la yunta de Silao, tan bueno el pinto como el colorao” es un famoso dicho que está presente en los terrenos del Bajío donde el agave es el rey que genera destilados que han sido reconocidos mundialmente.

Sabor con pasión es lo que distingue a los destilados, bebidas que se obtienen del agave, así como el ron que se consigue de la caña de azúcar, el whisky de cereales, la ginebra del enebro y el anís del anís estrella. Ni tequila ni mezcal; son productos de agave blanco, reposado, añejo y extra añejo elaborados de manera artesanal que se van posicionando en el gusto de los más exigentes.

Para obtener los destilados se requieren jimadores (personas que cortan las matas), coas (instrumento de fierro parecido a una pala), yuntas (par de bueyes), tinas, paciencia y pasión. Se trata de concentrar el alcohol que contienen los agaves y eliminar las impurezas mediante animalitos microscópicos que generan olores poco agradables en donde la fermentación y maceración juegan un papel importante.

Misión Política acudió a la Destilería María de la Paz que forma parte de la ruta turística de los vinos espirituosos. Una hacienda donde llegan visitantes para conocer el proceso de destilación que, de manera entusiasta, explica Luis Fernando Mejía Michel y habla del origen de su Hacienda y de El Rascabuche o del licor El secreto de María de la Paz, que lleva el nombre de la madre del productor.

Localizada en el kilómetro tres de la carretera Silao a Bajío de Bonillas, la Hacienda María de la Paz, genera destilados como el Sulibeyo blanco Premium que obtuvo La Gran Medalla de Oro; o el Oro de Guanajuato un reposado de ocho meses con medalla de plata en Europa.

Señala a lo lejos y dice “estamos debajo de Cristo Rey, se ven las faldas del Cerro del Cubilete, en un panorama donde el agave domina, una planta -que no es semilla-, que echa hijos y son los que se siembran para obtener un buen producto”.

Desde antes de la colonia los indígenas se dieron cuenta del sabor del agave porque cayó un rayo en una planta y la quemó, la coció, y empezó a oler muy rico, “lo probaron nuestros antepasados y estaba muy dulce”, refiere y detalla que con una piedra le sacaron este jugo que tomaban en ceremonias los sacerdotes, los chamanes, los privilegiados, comenta apoyado en una serie de cuadros que mandó pintar para explicar lo que es la destilación.

Cuando llegan los españoles, enseñaron el proceso de destilación y comenzaron con la fermentación para convertir los azúcares del agave en una bebida que llamaron vino-mezcal.

Debido a la gran demanda se multiplicó la mata con siembras intensivas y enormes, “se plantaron miles de hectáreas para obtener miel de agave del tequila, raicilla, sotol, bacanora, de todos los tipos de agave”.

De los hijos que brotan alrededor de la planta se escogen los más fuertes, los que crecieron más rápido, los que se desarrollaron más, los que no se enfermaron. Con esos se inicia una nueva plantación. “A los siete años ya tienes una planta madura y es cuando la tumbas y muere la planta, misma que dejó más hijos para iniciar una nueva plantación”.

Vale la pena visitar esta hacienda que está abierta para quienes quieran conocer el proceso de destilación.

 

Escribir un comentario