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Del Cine y las Leyes

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“Los Recolectores”

No me Quieras Matar Corazón…

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“Los Recolectores” (“Repo Men”), película distópica de ciencia ficción, dirigida por Miguel Sapochnick, basada en la novela “Repossession Mambo”, de Eric García; protagonizada por Jude Law (Remy), Forest Whitaker (Jake Freivald), Carice van Houten (Carol), Alice Braga (Beth) y RZA (T-Bone), cuyo estreno fue en 2010.

Remy trabaja como repositor para un banco de órganos artificiales, y en caso de que los compradores no paguen las cuotas mensuales, Remy y su compañero Jake Freivald los recuperan; Remy debe recuperar un corazón 2.0 portado por el músico de soul T-Bone, pero mientras realiza la extracción del órgano sufre una descarga eléctrica, ahora él es portador de un corazón artificial que le vendió la agencia, sin embargo, no tiene dinero para pagarlo, y teme que manden a un repositor por la “mercancía”.

Esta película toca el tema relativo a los trasplantes de órganos, pero no altruistamente mediante una donación, sino en forma lucrativa a través de una venta a plazos, así como de la cobranza y embargo extrajudicial de la mercancía vendida, cuestiones por demás interesantes cuando de salud se trata.

UNA BUENA Y UNA MALA

En esta visión futurista para el año 2025, hay una buena noticia para los enfermos: ya no tienen que estar en una lista de espera para adquirir algún órgano que salve su vida, pues la corporación La Unión ha desarrollado partes del cuerpo biomecánicas que pueden ser trasplantadas a un “módico” precio y con tan sólo 19% de interés; pero también hay una mala noticia: si se atrasan en los pagos, un recolector de la corporación les disparará con un arma de electrochoque, les abrirá con un bisturí, y embargará el producto.

El planteamiento de la trama es puntual: la posibilidad de tener al alcance un órgano vital para los enfermos, y que las listas de donadores y de espera sean cosa del pasado, o al menos una opción secundaria, pues la tecnología permite que existan partes del cuerpo dispuestas para ser trasplantadas, pero esa tecnología sólo está disponible para aquellos que tengan la posibilidad económica de adquirirla.

Es clara la crítica al sistema capitalista de salud norteamericano, que sólo es capaz de funcionar cuando el paciente cuenta con seguro o dinero.

PAGUE AHORA Y MUERA DESPUÉS

Remy y Jack están plenamente convencidos que su trabajo es lícito y legal, tan es así que mutuamente se repiten la frase de “un trabajo es un trabajo ¿no?” para creer que mancharse de sangre no es inmoral sino un trabajo más; además, cumplen con las normas establecidas en la sociedad futurista, pues antes de proceder a recuperar un órgano biomecánico, le leen sus derechos al embargado, dentro de los cuales está el de llamar a un hospital para que lo atienda después de que le haya sido extraído la parte corporal incautada, claro que la lectura de sus derechos por lo general se da cuando el deudor está inconsciente por haber sufrido una descarga eléctrica.

La Unión funciona igual que un banco, si no pagas la hipoteca, te desalojan de tu hogar, si no pagas tu vehículo, te lo quitan, si no pagas por tus riñones, irán por ellos; aquí la ejecución que realiza la corporación es extrajudicial, esto es, que sin medie mandato de autoridad judicial alguna.

Aunque la película no lo refiere expresamente, es factible considerar que dentro de los contratos de venta y trasplante que celebra La Unión con los clientes, el órgano biomecánico está dado en prenda como garantía para cumplir con la obligación contractual convenida.

EL MERCADO NEGRO DE BIOMECÁNICOS

Remy sufre un accidente a la hora de sustraer un órgano del músico de soul T-Bone, recobrando la conciencia en un hospital y con un nuevo corazón marca La Unión, ahora tiene una deuda que no le será fácil pagar; al convertirse en un moroso conoce a Beth, una cantante de bar, quien tiene diversas partes biomecánicas, unas legales y otras del mercado negro, pues además de los recolectores de la corporación, hay otras personas que también se encargan de recuperar órganos biomecánicos, a ellos se les denomina “buitres”, ya que la obtención de esta mercancía se hace en los cuerpos de personas ya fallecidas, para posteriormente venderlos y trasplantarlos a un menor precio.

Es curioso, en la película no interviene ningún organismo público de salud, ni la policía ni diversa autoridad, pero se entiende que la actividad de venta de órganos es legal, tan es así que existe publicidad que se difunde en la televisión explicando las bondades de un sistema de salud que ofrece esperanza a los que sin la ayuda de la tecnología ya estarían muertos; sin embargo, el mercado negro sí está sancionado.

En México existen diversas asociaciones y centros dedicados a la donación y trasplante de órganos, entre otros está el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA) que tiene como misión la promoción del acceso a trasplantes por medio de políticas en instituciones de salud; este organismo pertenece a la Secretaria de Salud; de acuerdo con sus datos, en los últimos 7 años se han realizado 41,906 trasplantes, 52% de riñón, 46% de córnea y el 2% restante corresponden a hígado y corazón, sin embargo existen más de 19 mil personas en espera de un trasplante.

Conforme a la Ley General de Salud, la donación de órganos con fines de trasplantes es una actividad altruista, ausente de ánimo de lucro y de confidencialidad, por lo que la obtención y utilización serán estrictamente a título gratuito; esto es, que está prohibido el comercio de órganos, tejidos y células. Aunque en la película propiamente no hay una venta de órganos naturales sino artificiales, pero aun así ¿sería éticamente válido que exista la ejecución extrajudicial por atraso en el pago de cuotas mensuales?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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