Lascas Económicas

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Largo Túnel del Tiempo en las Negociaciones del TLCAN

Por Luis Emigdio Contreras

Hace apenas unas horas, en Ciencias Políticas de la UNAM, nos preguntaban la diferencia de reportear las negociaciones del Tratado de Libre Comercio en su edición de principios de los 90’s del siglo pasado, frente a lo que ahora ocurre, es decir, su versión digamos recargada… en la pared.

Con independencia de los funcionarios de entonces y los de ahora, les decíamos a los muchachos, resulta claro que si bien la administración de George Bush era presuntamente republicana, lo cierto es que ahora, la añoramos sin duda pues para decirlo de entrada, la negociadora jefa de Estados Unidos, Carla Hills, además de peso, presencia y actitud proactiva, tenía lo que desgraciadamente carece Robert, Bob, Lighthizer, conocimiento y autonomía para negociar con su pares, es decir, no era (ni creo que sea) una persona títere del Ejecutivo en turno.

Es el caso de sus otrora pares Jaime José Serra Puche, del lado mexicano, así como el canadiense Michael Wilson, los cuales tenían que reportar a sus jefes, pero contaban con su pleno respaldo –un tal Carlos Salinas y un tal Brian Mullroney- para todos los efectos que hubiera lugar. Es más, nos confiaba entonces la llamada Misión México, muchas cosas se corrigieron sobre la marcha, “casi con ganchitos”, ante cualquier desaguisado que se presentara lo mismo en Toronto que en Zacatecas o Dallas.

Recordamos frente a los muchachos universitarios como en un hotel de Arlington, muy cercano a Washington y al lugar donde hace un par de semanas concluyera otra ronda en estos tiempos, dos reporteros (uno de Novedades y otro de Excélsior), vencíamos la severa ventisca de finales de invierno de 1991 y principios de 1992 para meternos por la puerta de servicio y, literalmente, sacar la primicia de la nota esa en la que EU y Canadá presionaban a los nuestros en materia energética y compras de gobierno. No lo lograron.

Ya desde entonces, vale añadir, se decía que los negociadores, así como sus respectivos empresarios y abogados, algunos buenos amigos a la fecha, no podían divulgar nada de las reuniones a puerta cerrada; sin embargo, era más que cotidiano que los tres equipos a nivel técnico platicaran con algunos comunicadores en el bar del hotel o restaurante previamente seleccionado, de las rondas respectivas.

Les decíamos a las nuevas generaciones de comunicadores que, en eso de las filtraciones, los funcionarios de la Casa Blanca y en concreto su representación comercial (USTR), buscaban infructuosamente influir en el proceso mediante algunos artículos, inserciones pagadas –por esta oficina o por “organismos empresariales”-, pero no tenían mayor repercusión.

Incluso, la prensa de EU en su conjunto, radio y televisión incluimos, se caracterizó por un fuerte desdén durante este periodo de más de 15 meses donde los mexicanos bateábamos que daba gusto y, nos consta, sí acarreábamos repercusiones específicas a la mesa triangular, como nos lo hiciera saber el mismísimo Serra Puche en conversaciones en corto, ya en su oficina en la colonia Condesa, en la capital del país.

Cuando trataron de enmendar la plana, literalmente, cometieron muchos errores, como por ejemplo casi al final de la negociación del primer TLCAN, en Washington y justamente en el famoso Hotel Watergate, donde las imberbes gargantas profundas del lado estadunidense, deslizaron al New York Times y al Washington Post que el documento final sin corchetes en su totalidad estaba listo para firma, lo que generó una protesta airada de mexicanos y canadienses, puesto que trataban de cerrar las mesas –ironía- de solución de controversias y reglas de origen, siempre a su favor. Doña Carla y sus muchachos no lo lograron.

El que fuera subsecretario de Comercio Exterior, el también doctor Herminio Blanco, nos comentó con un dejo de orgullo inocultable, que el resultado de tantos meses de encuentros y desencuentros con los dos socios norteamericanos le había dejado dos lecciones personales: siempre que vayas a negociar, tu casa, matrimonio, empresa, gobierno, socios, vecinos, parte desde un objetivo mayúsculo, sé cauto, nunca quemes todas tus canicas y ten a la mano todos los conocimientos de lo que quieres y en lo que puedas, eventualmente ceder. Lo demás es ganancia.

Pero, además, confía a plenitud en tu equipo, que debe ser coordinado por un líder y no por un funcionario, que tiene que ser encabezado por alguien que tenga calidad, honestidad a toda prueba, que sea igual a ti, que te proponga salir adelante a pesar de cualquier vicisitud y te dé el ejemplo en cualquier foro, público o privado, sin cortapisas ni desalientos. Así describía a su jefe, mejor conocido como Jaijo (Serra Puche), economista que él mismo manejaba su Fordcito Galaxy, sin escoltas y aspavientos.

Otro tal, Donald Trump, dice hoy día, con profunda ignorancia y falta de materia gris, que los resultados del TLCAN -23 años después- han sido contrarios a los intereses de Estados Unidos. No hay tal. Pero juega con la desinformación y desinterés de millones que se han sentido desdeñados por los círculos del poder del vecino del norte. De ahí su promesa de reestructurar el tratado trilateral. O salirse del mismo. Queremos verbo, no sustantivo.

De cómo se está negociando ahora, de las grandes diferencias de aquellos tiempos a los de ahora. De los desafíos de los negociadores mexicanos. Del desdén que hoy se tiene, incluso, en medios nacionales y de las inteligentes dudas, éstas sí, de los universitarios, le platicamos con calma, en la siguiente entrega.

Por lo pronto, estas Lascas Económicas se preparan al lado de otras piedras de todos sabores y colores para dar una suerte de “media training” a los negociadores mexicanos. Les urge. Y le esperan, con toda calma, la semana entrante en este espacio.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla .