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Tema Principal

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alerta_del_terremoto_mision874Obligadas las Autoridades a un Análisis Profundo Como Prioridad: CONAPRED

*Muy Cuidadosos Para Decidir Demolición de Inmuebles

*Cuantificación de los Daños Tardará más Tiempo: CVG

*Salvamento: Ejercito, Marinos, Policías y los Ciudadanos

*Las Redes Sociales Fueron Herramientas Útiles Esta vez

Por Alberto Almazán

Revisar lo que no se ha hecho bien, “porque la prevención es para que no haya una sola víctima, es la prioridad después del sismo”, expresa el director del Centro Nacional de Prevención de Desastre (CONAPRED).

Carlos Miguel Valdés González habla con MISIÓN POLÍTICA y plantea:

Lascas Económicas

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sismo_septiembre_2017La Heroicidad Cuando Retembló en sus Centros la Tierra

Por Luis Emigdio Contreras

Aunque ahora pareciera lugar común, ahora como hace 32 años, en la misma fecha, más no el mismo día, porque entonces era jueves: este 19 de septiembre literalmente retembló en sus centros la tierra y también vibró con pasión la Solidaridad con mayúscula de cientos de miles de mexicanos para apoyar a los sobrevivientes de edificios, escuelas, universidades, hogares y hospitales, por ejemplo, en donde la necesidad y la angustia se volvió una lucha contra el tiempo y la muerte, a favor de la vida.

Artículo Invitado

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entrega_de_la_llaveEl Heredero Político

*La Herencia del Poder se Rompió en el año 2000

*Zedillo, Fox y Calderón no Pudieron Dejar Sucesor

*Los Cuatro o Cinco Naipes de la Baraja Presidencial

Por Manuel Quijano

Heredar es una decisión usualmente bondadosa que los padres dejan a sus hijos. Tiene un sentido existencialista y protector. Las herencias son en ocasiones acerca de derechos y obligaciones. Incluso de valores, patrimonio, carácter y singularidades genéticas. Comúnmente se refieren a bienes y riqueza.

Terremo del 19 de Septiembre de 2017

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19_09_2017

Vivir Para Contarlo: un Terremoto en un Octavo Piso

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guanajuato_224Por Jesús Michel Narváez

Sonó el teléfono y contesté la llamada. Era la confirmación de una comida cuando… cuando comenzó a tronar el octavo piso, el último del edificio en donde están mis oficinas.

La alerta no sonó. Le ganó la fuerza de la naturaleza. Dos segundos tarde comenzó la ronca voz: “alarma sísmica… alarma sísmica”.

De nada sirvió. Imposible bajar ocho pisos por las escaleras.

Dos horas antes recorría diversas calles y observaba cómo la gente ordenadamente participaba en el mega-simulacro para recordar la tragedia del 19 de septiembre de 1985.

Dos horas después en mi mente se agolparon las imágenes que se grabaron para siempre hacía 32 años.

Acompañado de dos mis asistentes, permanecía de pie… estoico…Beatriz gritaba…Beto se aferraba a un murete… yo de la ventana…

Comenzaron a caer las computadoras… los escritorios brincaron… el refrigerador perdió el equilibrio… el agua del garrafón comenzó a rodar por el piso y el terremoto aumentaba de intensidad.

De pronto, un jalón acompañado de dos brincos y los tres rodamos por el piso.

El edificio bailaba literalmente. Parecía llevar el ritmo de hip-hop salvaje. Los cristales comenzaron a tronar… caían los cuadros, las puertas se azotaban…

Gritos en el resto de los pisos, mientras las tazas de los baños comunes volaban cual hojas de papel y se desprendían de sus bases…

Los muros comenzaron a cuartearse… allí, en Guanajuato 224 y en el octavo y último piso, recordé cómo en la réplica de 1985 la gente se arrodillaba, lloraba, imploraba al cielo que detuviera su enojo.

¿Cuánto tiempo duro?

¡Una eternidad!

Parecía que no lo contaría. El estruendo de algo que cayó en pisos inferiores era el preludio de que pronto estaríamos en la planta baja…

El edificio resistió.

En el momento en que cedió algo el movimiento telúrico, Beatriz salió corriendo hacia las escaleras… la perdimos de vista…

Beto y yo buscamos mi teléfono… mis lentes… mi saco…

Abandonamos la oficina y la cerramos con doble chapa… Antes habíamos visto los destrozos.

Las oficinas de MISIÓN POLÍTICA colapsaron.

Mientras bajábamos traté de comunicarme a casa… con mi esposa, con mis hijos, con mis nietos…

No salía la llamada y WhatsApp tampoco estaba funcionando. Teléfonos fijos sin línea. No había forma de comunicarse con nadie. Mi conductor, José Guadalupe, había ido a comprar un cartucho para la impresora. No lo localizaba.

Comenzamos a bajar las escaletas… muros fracturados, plafones desprendidos, escalones separados… puertas arrancadas por la fuerza del movimiento sísmico… sin luz… mientras descendíamos oíamos cómo caían pedazos de muro… el auto, en el estacionamiento.

Después de caminar sobre 108 escalones -16 por piso- llegamos a la planta baja. Desolación. Angustia. Temor… seguía temblando… o por lo menos así lo sentíamos…

Encontramos a Beatriz… a los vecinos… no había un rostro que no mostrara el miedo. Todos mirábamos hacia el edificio. En el tercer piso, las ventanas cedieron y los marcos se doblaron. Se había apachurrado.

El olor de gas aumentaba. En la calle el grito: ¡que nadie fume!... no llegaba ayuda de nadie… en Álvaro Obregón trataban de salvar a la gente que quedó atrapada en toneladas de concreto, varilla, tabique…

Nosotros, los de Guanajuato 224 podemos contarlo. Otros, más de 230 personas, no.

 

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