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El Heredero Político

*La Herencia del Poder se Rompió en el año 2000

*Zedillo, Fox y Calderón no Pudieron Dejar Sucesor

*Los Cuatro o Cinco Naipes de la Baraja Presidencial

Por Manuel Quijano

Heredar es una decisión usualmente bondadosa que los padres dejan a sus hijos. Tiene un sentido existencialista y protector. Las herencias son en ocasiones acerca de derechos y obligaciones. Incluso de valores, patrimonio, carácter y singularidades genéticas. Comúnmente se refieren a bienes y riqueza.

En materia política en las monarquías la herencia del poder es lo común. Por su parte, en las democracias, heredar el poder es algo juzgado como desaseado e ilegítimo. No obstante, es más común de lo que se piensa en el mundo democrático el hecho de que los presidentes deseen heredar el poder a alguien de su preferencia. En los Estados Unidos de América el presidente Obama tuvo abiertamente preferencias por la señora Clinton. En Francia el presidente De gaulle tuvo inclinaciones por él mismo, pero debido a las circunstancias políticas del país se resignó con Georges Pompidou. No siempre lo lograron, pero lo intentaron.

En México la herencia se rompió en el año 2000 cuando el presidente Ernesto Zedillo no quiso o no pudo heredar al candidato de su partido Francisco Labastida. Tampoco lo lograron Vicente Fox quien deseó heredarle a Santiago Creel, ni Felipe Calderón cuyo heredero deseado era Ernesto Cordero. Es claro que dos panistas pensaron que con su sólo deseo desde la Silla Presidencial se saldrían con la suya. Es decir, se olvidaron de la estructura y organización de su Partido.

La pregunta en el siglo XXI es ¿acaso la estructura y organización del Partido Revolucionario Institucional cambió en estos casi 18 años y ya no le será tan fácil al Presidente de la República decidir a quién heredar el poder?  No lo sé, ni creo estar seguro de que le sea tan fácil la decisión dadas las circunstancias nacionales e internacionales.

Los posibles herederos eran individuos formados en la Administración Pública Federal, conocían los pasillos y recovecos de las estructuras de poder, eran conocedores de las formas políticas, sabían de la importancia de las buenas relaciones con los medios de comunicación, con senadores y diputados, con gobernadores, con líderes sindicales y con empresarios.

De ahí que los presidentes tenían cuatro o cinco naipes de la baraja, por lo que le se les facilitaba escoger a su sucesor. Además de que su partido político era en buena medida monolítico y disciplinado. Todo un engranaje muy bien aceitado que fue objeto de estudios serios en los departamentos de ciencias políticas de muchas universidades del mundo.

Hoy el Presidente Peña Nieto no tiene esos cuatro o cinco naipes, ni la organización y estructura que tuvo antes su Partido. Le queda poco tiempo y sus márgenes de maniobrabilidad se achican. Me pregunto si el heredero político próximo correrá la misma suerte que los dos anteriores.

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