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Obligadas las Autoridades a un Análisis Profundo Como Prioridad: CONAPRED

*Muy Cuidadosos Para Decidir Demolición de Inmuebles

*Cuantificación de los Daños Tardará más Tiempo: CVG

*Salvamento: Ejercito, Marinos, Policías y los Ciudadanos

*Las Redes Sociales Fueron Herramientas Útiles Esta vez

Por Alberto Almazán

Revisar lo que no se ha hecho bien, “porque la prevención es para que no haya una sola víctima, es la prioridad después del sismo”, expresa el director del Centro Nacional de Prevención de Desastre (CONAPRED).

Carlos Miguel Valdés González habla con MISIÓN POLÍTICA y plantea:

“Hay que analizar qué se ha hecho bien y que no hicimos bien. El terremoto del pasado martes 19 es una alerta para corregir lo que se dejó de hacer”.

Y es que, como hace 32 años, la ayuda oficial llegó retrasada. Los ciudadanos fueron los primeros en acudir al rescate de cientos de personas atrapadas bajo los pesados escombros por el desplome de edificios en las colonias Condesa, Roma Norte y Sur, Narvarte, Del Valle, Obrera y otras.

Después, Ejército, Marina, Policía Federal, Policía de la Ciudad de México y brigadas de Protección Civil controlaron las zonas afectadas. Pero las horas en las que la sociedad civil actuó fueron vitales, porque salvó muchas vidas.

Cuando el reloj marcaba las 13:40 del martes, la fuerza del terremoto con epicentro en Morelos, se dejó sentir. Aunque el registro marcó 7.1 de Richter y el de 1985 alcanzó 8.1, pareció, se percibió con más violencia,

Valdés González precisa que la revisión de los inmuebles colapsados y los que aparentemente sufrieron daños menores, no ofrecerá resultados inmediatos. “Hay que ser cuidadosos, sumamente cuidadosos para dar opiniones sobre si habrá necesidad de demoler algunos más de los que no resistieron el terremoto”, acota.

A una semana del sismo, todavía vive el recuerdo y observar las calles, los edificios, a la gente, muestra que no ha pasado el efecto.

Porque durante las primeras se informó oficialmente de 43 puntos –edificaciones- en riesgo y pasadas 20, el número de inmuebles con afectaciones graves, regulares y sencillas alcanzó los 600.

De acuerdo con datos oficiales, en la delegación Cuauhtémoc había 27 inmuebles colapsados y 21en peligro de derrumbarse, mientras en la Benito Juárez se tenían ubicados 32; en Coyoacán, Tlalpan y Xochimilco se contabilizaron por lo menos 63 derrumbes, el más grave el del Colegio Enrique Rébsamen.

La cuantificación de los daños, en opinión de Valdés González, tardará, porque primero será certificar que no haya víctimas atrapadas y después terminar lo que la naturaleza inició: derrumbar lo que no se pueda mantener en pie.

Mientras en Morelos –en 17 de los 33 municipios- se trabajaba con velocidad para rescatar con vida a cientos de personas atrapadas; en Puebla, la zona más afectada además de la capital del estado y Cholula, se ubicó en la Sierra Mixteca y en el Estado de México los daños mayores estuvieron en las áreas más pobladas. Tlaxcala registró daño en iglesias del siglo XIX.

EJÉRCITO Y MARINA, CASI 10 MIL EFECTIVOS

Efectivos del Ejército Mexicano y Marina-Armada, en número de 3 mil 428 y 4 mil 125 respectivamente, llegaron a las calles de diferentes zonas afectadas en la Ciudad de México y apoyaron a la sociedad civil que ya se encontraba rescatando gente, levantando escombros, limpiando zonas.

El puño en alto se volvió la señal más importante en el rescate de las víctimas. Porque significa guardar silencio para escuchar las voces de auxilio que pudieran salir desde lo profundo de las edificaciones colapsadas.

Con nuevas tecnologías encabezadas por omicrono detector de latidos de la NASA, un aparato que usa microondas como un radar, para detectar los latidos, capaz de detectar latidos a 9 metros de profundidad en escombros, permitió la localización de niños y niñas en el colegio Rébsamen.

Las redes sociales se convirtieron en las herramientas útiles para ubicar zonas en donde se desplomaron edificaciones y para solicitar ayuda con urgencia. Los videos dieron cuenta del momento preciso en el que cuando menos tres edificios cayeron por completo y con gente en sus interiores.

Conforme fueron pasando las horas y después de que las principales avenidas de la Ciudad se convirtieran en gigantescos estacionamientos, la calma fue recobrándose poco a poco.

El miércoles 20 y el jueves 21 centenares de comercios y negocios mantenían sus puertas cerradas. Todo ocurría en un radio de 5x5 kilómetros cuadrados.

El día del terremoto los congestionamientos lo mismo en Insurgentes que en Revolución; el Viaducto o el Periférico; Calzada de Tlalpan que Avenida Chapultepec, Paseo de la Reforma y Constituyentes, se prolongaron por las siguientes seis horas, lo que ocasionó que los servicios de emergencia; ambulancias, bomberos, entre otros, no pudieran llegar a los lugares afectados con la prontitud requerida.

SOLIDARIDAD INTERNACIONAL

Conocidos los efectos destructivos del terremoto, Jefes de Estado de cuando menos 60 países, enviaron sus mensajes de solidaridad con México y ofrecieron la ayuda que estuviera a sus alcances.

A diferencia del sismo de 1985, cuando Miguel de la Madrid Hurtado rechazó en principio el respaldo internacional y después lo acepto, ahora el gobierno de Enrique Peña Nieto respondió y agradeció el apoyo de quienes lo ofrecieron.

Junto a la solidaridad internacional, que por la lejanía de sus oferentes no pudo llegar en el breve tiempo, el de millones de mexicanos se hizo presente en el momento inmediato.

Lo primero: remover escombros para rescatar a las víctimas; lo segundo: aportar la ayuda en especie: agua, alimentos, frazadas, guantes de carnaza, herramientas, medicinas…

Y del lado del Gobierno la instrucción presidencial: abrir todos los hospitales del sector público, de la Secretaría de Salud, del IMSS, del ISSSTE, de Pemex, entre otros, aunque quienes ingresaran en ellos no fueran derechohabientes.

El gobierno de la Ciudad de México decretó la emergencia en tanto el Federal puso a disposición los recursos del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) para brindar respuesta rápida a las demandas de los afectados y de la propia Capital del país junto con la urgencia de Morelos y Puebla,

En cada una de las entidades afectadas se puso en marcha el Plan DN-III-E y el Plan Marina, en los que participaron alrededor de tres mil efectivos de ambas Secretarías de las Fuerzas Armadas.

PROTECCIÓN CIVIL EN ALERTA PERMANENTE

Luis Felipe Puente, coordinador nacional de Protección Civil dio a conocer que la dependencia a su cargo se declaraba en alerta permanente, luego de los sismos del 7 de septiembre, los huracanas y el terremoto del 19 de septiembre.

En la Coordinación de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación se compiló toda la información sobre el terremoto del martes pasado y desde ahí se controlaron los datos oficiales.

Se trató de una acción que permitió conocer con precisión el número de muertos, el de rescatados, el de hospitalizados; la cantidad de inmuebles afectados y las necesidades urgentes para atender la emergencia.

Septiembre quedará grabado en la mente de quienes habitan la Ciudad de México.

Sin que la pérdida de vidas se equipare con el número de fallecidos y desaparecidos hace 32 años, fue imposible no asociar los hechos.

Los que vivimos la tragedia de 1985 nunca pensamos en vivir otra. Aquel terremoto nos quitó lugares que identificaban a la Capital del país; el de hace 168 horas, nos dejó paralizados.

Y, sin embargo, la reacción de la sociedad civil, sobre todo de los jóvenes que lo mismo acudió a levantar escombros que a solicitar ayuda y a dirigir el tránsito, fue otra vez impresionante.

Miles y miles de voluntarios recorrían las zonas, trabajaban en equipo, llevaban agua, encendía lámparas de mano y divulgaban por las redes sociales los lugares en donde había personas atrapadas bajo los escombros.

Con todo y el dolor por la pérdida de vidas, por el colapso de edificaciones, por la presencia de malos ciudadanos cuyas profesiones de ladrones y asaltantes las siguieron ejerciendo, la Ciudad de México está de pie.

Y eso lo corrobora Carlos Miguel Valdés González, director del CENAPRED que pone el dedo sobre la llaga: hay que revisar lo que no se ha hecho bien, “porque la prevención es para que no haya una sola victima”.

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