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Del ABC Político

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sismo

*Un Doloroso Recuerdo del 19 de Septiembre de 1985

*Hoy, Doble Luto, Pero ¿Dónde Quedó la Solidaridad?

*La Bendita y Dorada Burocracia Sigue Apoltronada

Por Gerardo Lavalle

A.- Las manecillas se paralizaron, mientras la tierra iniciaba el fúnebre baile que cobró ¿cuántas vidas?... ¿10 mil?... ¿20 mil?... ¿más? Las que hayan sido. La tragedia quedó registrada y en la memoria de quienes la vivimos está presente y de recordarla, nuevamente tenemos que enjugar las lágrimas.

 

Nuestra Ciudad, la capital del país, yacía bajo los escombros de emblemáticos edificios y miserables viviendas de las colonias Doctores, Morelos, Narvarte, Guerrero, Tabacalera, Peralvillo… fueron decenas las áreas en donde los escombros se amontonaban de “manera natural”, mientras el ulular de las sirenas salían las notas de la macabra sinfonía que escuchábamos por todas las calles del Centro Histórico y 4 kilómetros a la redonda.

Hubimos padres irresponsables que enviamos a los hijos a la escuela. Nos los regresaron minutos después.

Más tarde, en horas de trabajo, nadie salía del asombro: se habían perdido puntos de referencia: el Hotel Regis, PMH Steel y Compañía; el Hotel Alameda amenazaba con venirse a tierra y el Café la Blanca estaba aplastado literalmente y los Churros El Moro dejaron de existir.

Recorrer las calles y observar cómo miles de ciudadanos salieron a la calle para cavar con sus manos y tratar de rescatar a quien estaba bajo la loza de un edificio, bajo las columnas de otro porque el gobierno se pasó, generó la solidaridad que con el tiempo se va perdiendo, como se pierde la juventud hasta llegar a la cita a la que nadie podemos faltar.

Fueron los tiempos en los que se dijo desde la Secretaría de Gobernación que el Ejército no debía salir a las calles “porque después cómo lo regresamos a los cuarteles” y allá, en Los Pinos, Miguel de la Madrid Hurtado no lograba procesar la tragedia, mientras Ramón Aguirre Velázquez, el entonces regente del Distrito Federal no aparecía por ninguna parte y en Tlaltelolco el llanto inundaba Reforma Norte cuando el edificio Nuevo León se desplomó cual alto que era.

El Parque Delta, casa de Los Diablos Rojos de México y de Los Tigres dejó de ser el espacio en donde los amores por los colores de sus equipos salían espontáneamente para convertirse en la “morgue más grande del mundo”.

Llegaban las ambulancias y dejaban los cadáveres envueltos ya en cobijas ya en plásticos.

Los hospitales no tenían luz. El General, de la Secretaría de Salud había colapsado y un bloque de hospitales del Seguro Social, allá en Cuauhtémoc y Avenida Central se derrumbaron cual castillos de naipes. Metros atrás, rumbo a la Avenida Chapultepec, el edificio de la Secretaría de Economía se había convertido en un sándwich; por San Pablo, el Hospital Juárez guardaba entre sus cimientos a los bebés que posteriormente fueron rescatados gracias a que alguien escuchó sus agudos llantos.

No había calle del Centro Histórico sin fisuras, hundimientos, escombros.

Los ciudadanos ayudaban. Salvaban vidas. Los paramédicos mostraban el agotamiento, pero no dejaron de buscar y buscar hasta encontrar a la persona que estaba atrapada.

Casas históricas desaparecieron del mapa capitalino. Edificios en los que se escribió la historia de la Independencia, de la Revolución, del inicio de la democracia ya no estaban más.

Hoy se cumplen 32 años de la tragedia, aquella que nadie que la haya vivido y sobrevivido puede olvidar y como si se tratara de recordarnos los frágiles que somos los humanos, 12 días antes de aquella fecha fatal, las banderas se izan a media asta: en Oaxaca y Chiapas se registró el terremoto más fuerte de los últimos 100 años.

La solidaridad del ’85 no se repitió en el ’17. ¿Acaso nos acostumbramos ya a vivir en la tragedia?

B.- Las décadas pasaron y hace apenas una semana, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México entregó 80 viviendas a damnificados del terremoto del 19 de septiembre de 1985.

¿A quién las entregó?... ¿a los hijos de los que vivieron la tragedia?... ¿a los nietos de los sobrevivientes?

La burocracia, la bendita dorada burocracia está presente.

Ocurre lo mismo en Oaxaca y Chiapas.

Después de 12 días de haber sufrido los efectos del terremoto, es momento en el que todavía se revisan las listas para saber quiénes son damnificados y quiénes se quieren aprovechar de la tragedia.

¿Cuánto dinero se gasta en la atención inmediata?

Mucho menos de lo que se llevaron los exgobernadores sometidos a proceso.

Es más simple dejar robar que atender a todo un pueblo que se extingue por falta de atención en tiempo y forma, como dicen los legisladores.

Los mismos legisladores, los que pelean por las posiciones políticas, olvidaron la nueva tragedia.

En los medios de comunicación dejó de ser noticia a las 72 horas.

La información se fue a interiores. Ya no mereció la primera plana. Ahora la ocuparon los políticos, los temas de la Fiscalía General, el reparto del dinero para el año 2018…

La tragedia pasó a segundo término en todos los ámbitos.

C.- Habían pasado 72 horas del terremoto en Oaxaca y Chiapas y la ayuda, la oficial, la que se provee de recursos federales, es decir de los impuestos que pagamos usted y yo, no llegaba. La gente se quejaba de no tener agua para beber, alimentos para subsistir, productos de higiene y limpieza, medicinas… faltaba todo.

Las autoridades informaban: Tienen que ir a los refugios… ahí hay de todo.

Insensibles. No iban al lugar de los hechos. Esperaban que la gente fuera a los albergues.

Pasadas las primeras 72 horas, no se advertía en las imágenes difundidas por las diversas televisoras, equipos de trabajo. No había maquinaria. No había cuadrillas. No había quién acopiara los escombros.

Y la gente reclamaba. Porque es responsabilidad del Estado acudir en apoyo y ayuda de sus gobernados. No solamente con discursos. Con respaldo económico, de medicinas, de alimentos, de ropa.

Del ’85 pasaron 32 años y apenas se entregaron viviendas. ¿Cuántos años para reconstruir Juchitán sin edificar palomares?

La dorada burocracia sigue apoltronada.

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