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Coordenadas de Geopolítica Actualizada

Por Luis Miguel Martínez Anzures, (Segunda parte)

Otra ramificación de la nueva ruta de la seda, es la incorporación de todo tipo de regímenes políticos y actores públicos o privados, que se basa en una lógica de mercado, en donde no hay espacio para ningún tipo de discriminación. El que tenga dinero y quiera negociar, puede hacerlo. Este sencillo principio de pragmatismo económico, debería permitir -en teoría- que todos los actores involucrados se beneficiasen.

¿Quién lo hubiera imaginado antes?, China es ahora la mano que mueve el timón del destino comercial en el planeta. El nuevo impulsor del liberalismo económico mundial del nuevo milenio. Los tiempos cambian, pero el espíritu comercial chino perdura. Donde en la antigüedad había camellos, en la actualidad habrá trenes de alta velocidad y los bienes de última tecnología, relevarán a su delicada porcelana.

Este nuevo pacto comercial, será más extenso y acorde con las ambiciones y medios de producción, de la que se posiciona como la primera potencia económica del mundo. Las cifras económicas que presenta este ambicioso proyecto, ridiculizan al estadunidense Plan Marshall, que reconstruyó Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Este último dato no es intrascendente, debido a que estamos en tiempos donde el modelo económico globalizador pareciera, ha colapsado. Por lo que se necesitan nuevas fórmulas para reactivar una economía mundial en decadencia. Hasta el día de hoy, Europa no se mueve y el horizonte de desarrollo comercial hace mucho tiempo, que ha dejado de tener su epicentro en los Estados Unidos.

Pese a este contexto adverso, el camino de la nueva ruta de la seda comienza a tomar forma. En este sentido, destaca: un puerto construido en Sri Lanka, un tren de alta velocidad en Indonesia, un parque industrial en Camboya y un corredor urbanístico entre China y Pakistán, que sintetiza las bondades de la iniciativa.

A su vez, se planea que comprenda, un conjunto de carreteras, vías férreas y oleoductos por 46 mil millones de dólares, con lo que Islamabad tratara de aspirar a una revolución económica, orientada hacia el Oriente Medio y Asia.

Por su parte, Beijing busca nuevos mercados para sus productos, dar salida a la sobreproducción de cemento, acero y aluminio que tiene estancados en sus dominios, y mitigar de esta manera la anunciada pérdida de 1.2 millones de empleos, en los dos últimos años.

La solución a esta encrucijada económica, parece ser la distribución de sus productos, a través de la nueva ruta comercial asiática, dirigida hacia nuevos mercados en los cuales China no ha logrado incursionar.

El One Bel One Road mejor conocido por sus siglas “OBOR” (una ruta una franja para la cooperación internacional) está encabezado por unas 50 compañías estatales que ya han invertido en casi mil 700 proyectos desde 2013, según datos oficiales. De esta vorágine de infraestructuras, se beneficiarán los gigantescos conglomerados chinos del sector: energético, de la construcción y de las telecomunicaciones, que ya han sido, empujados al exterior de ese mercado, por la desaceleración interna.

Lo que no necesariamente significa una pérdida para el gigante asiático, sino una ganancia a mediano y largo plazo, basada en la expansión de sus compañías nacionales hacia nuevos horizontes comerciales.

Otra medida de expansión internacional de la superpotencia asiática, es el petróleo, que se mueve en un 80% a través del Estrecho de Malaca, ubicado en la península de Malasia, el cual podría ser fácilmente bloqueado en tiempos de guerra. Por esta razón, la construcción de los oleoductos a través, de Asia Central y Myanmar solventaría el problema. Al parecer China, no descarta posibilidades de expansión territorial o guerras comerciales, con países adversos a su propuesta comercial.

Tan sólo 60 países de los que participan en esta iniciativa, tienen un Producto Interno Bruto (PIB) que equivale a casi el 30 por ciento del PIB de todas las naciones del mundo, según cifras del Banco Mundial. Por lo que, esta iniciativa podría representar riesgos para la Unión Europea “UE”, que puede ver reducida su influencia internacional además de factores cómo la corrupción y el endeudamiento desestabilizan zonas tan sensibles como: los Balcanes, Europa Oriental, Oriente Medio y Asia Central.

La única opción para evitarlo, es que los gobiernos y las sociedades europeas, se sumen a este proyecto con un espíritu crítico y constructivo para contribuir a darle forma y asegurarse así, de que no sólo se convierta en un vector de crecimiento económico, sino también de desarrollo integral y sostenido para todas las naciones involucradas.

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