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Reinventar la UV

Relanzar la Difusión Cultural

*Ha Estado Descuidada en los Últimos Tiempos

*Más por Falta de Imaginación que de Recursos

*Obligación: Rescatar el Legado de Compositores

*Mayito, Olvidado por la “Oveja Sorda” de la Familia

Por Juan José Barrientos*

Si la Universidad Veracruzana obtuvo cierto prestigio en el país, ello se debe a la difusión cultural realizada por algunos  rectores como Aguirre Beltrán y Fernando Salmerón, pero sobre todo por Roberto Bravo Garzón que en 1975 acogió a la Sinfónica de Xalapa, fundada en 1929, pero cuya existencia peligraba; la Universidad Veracruzana se colocó así a la altura de la UNAM y el Poli, que ya tenían sus propias orquestas, lo mismo que la Universidad Autónoma de Nuevo León, pues Eduardo Mata se hizo cargo en 1966 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad que se convirtió en Orquesta Filarmónica de la UNAM; la Sinfónica del Poli se fundó un año antes y la Universidad Autónoma de Nuevo León tiene su orquesta desde 1960.

 

Desafortunadamente, la difusión cultural se ha descuidado mucho durante los últimos cuatro años, debido en parte a falta de recursos, pero sobre todo de imaginación.
La Dra. Sara Ladrón de Guevara no tenía y no tiene una visión muy clara de lo que había que hacer en ese terreno. 
Se le ha reprochado, por ejemplo, que no celebrara el centenario de Mario Ruiz Armengol, que es, con Eduardo Hernández Moncada, uno de los principales compositores veracruzanos de música de concierto.

La UV tiene la obligación de preservar y difundir el patrimonio cultural de los veracruzanos, y debe hacer todo lo posible por rescatar el legado de los principales compositores, artistas y escritores veracruzanos, empezando con Mario Ruiz Armengol, cuyas Piezas infantiles fueron publicadas por el Maestro Raúl Ladrón de Guevara (padre de Sarita) cuando estuvo a cargo de la Difusión cultural y Extensión universitaria; esa edición se agotó hace años, lo mismo que la de las 18 Danzas cubanas publicadas por el Ivec. Había que reimprimirlas y ver la posibilidad de publicar otras obras de este compositor que editó su amigo Alejandro Corona durante un sabático, y reponer los discos que grabó este destacado pianista, y el que hicieron sus alumnos además de reeditar la biografía que mandó hacer Miguel Alemán.

Con motivo del centenario de Moncayo, el Conaculta publicó todas sus partituras y grabó 9 discos; además, lo recordó con una exposición fotográfica, y más de cincuenta orquestas interpretaron sus obras, pero en Veracruz no se hizo nada parecido con Armengol, qué vergüenza.

A principios del 2010, durante una gira por el sureste que empezó en Uxmal y continuó por Campeche, Veracruz, Xalapa y, creo, Tlaxcala, la Ofunam interpretó  varias veces las danzas cubanas de Armengol orquestadas por Arturo Márquez – un encargo del INBA y de la UNAM-, pero a mediados de marzo 2014, la Sinfónica de Xalapa tocó una obra de Ricardo Castro, cuyo sesquicentenario se celebraba, pero olvidó las danzas y ni siquiera tocó  La calle de los sueños. Es cierto que unos meses antes programó unos arreglos de Edgar Dorantes y los volvió a tocar después, pero olvidó a Mayito en su centenario.

La rectora proviene de una familia de músicos, pero al parecer es la oveja sorda, pues no escuchó a quienes le pedían que festejara dignamente a Mayito.

La responsable de la Difusión cultural, Esther Hernández Palacios, coordinó hace unos siete años un libro titulado Diez Creadores veracruzanos, en el que incluyó trabajos sobre Cri-cri y Agustín Lara, pero omitió a Armengol y a Hernández Moncada, que fuera el brazo derecho de Carlos Chávez, aunque la Sinfónica de Xalapa interpretó por esas fechas su primera sinfonía, rescatada por Diazmuñoz, que la grabó con la Filarmónica de la Ciudad de México unos años antes, pues no se había tocado desde su estreno en 1942.

Hay que relanzar la difusión cultural, pues se dejó de celebrar el Festival Junio musical – una idea del maestro Savin – y como el Hay Festival se trasladó a Querétaro, Xalapa se apagó mucho culturalmente durante los últimos años.

Por si fuera poco, también se olvidó la colección de libros Biblioteca del estudiante, publicada por Raúl Arias (por sugerencia de Jorge Medina Viedas) que se regalaban a los estudiantes para fomentar la lectura. Aunque criticada por los aburridos prólogos, se debería relanzar, tratando de coeditarla con la Secretaria de Educación de Veracruz para que también se aproveche en los bachilleratos y tenga un mayor tiraje.

Entre las tareas pendientes, está la de actualizar la historia de la  OSX que se publicó hace décadas, integrando un equipo ad hoc con quienes la vivieron, antes de que nos dejen, y, como parte de ese proyecto se debe tratar de reponer algunos  discos grabados por la orquesta en diferentes momentos.

Hace falta un libro que los estudiantes y los melómanos puedan adquirir sin problemas y no una obra costosa como la editada por Sarita con motivo del 70° aniversario de la universidad. También hay que recordar otros momentos importantes de la historia cultural jalapeña y veracruzana, reimprimiendo, ahora como libro, el número de La Palabra y el hombre dedicado al estridentismo.

La oferta cultural se concentra en Xalapa, pero se ha descuidado el resto del estado. Esther prometió hacer algo al respecto. No cumplió en parte por falta de recursos, pero tampoco se esforzó mucho para colaborar con los ayuntamientos y algunas empresas.

Y así están las cosas.

*Escritor, crítico literario, investigador y traductor mexicano. Premio “José Revueltas 1985”


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