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Lascas Económicas

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TLCAN: ¿Tibiezas? Igual e Desinformación

*La Opacidad, Pudiera Traer Severos Problemas en Casa

*También Sería Actuar a Destiempo y Sustituir Argumentos

A Jesús Aranda. Reportero. QEPD

Nada del otro mundo. Todo olvidable.

Por Luis Emigdio Contreras

Con estas frases se puede resumir lo ocurrido en la sesión inaugural de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que se diera la semana pasada en Washington, en donde, por cierto, el más predecible y menos político fue, ya sabrán, el sedicente secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal.

Mientras sus pares, Robert Lighthizer y Chrystia Freeland, trataban de demostrar, uno que va de frente y no se quita, y la otra que guarda armas y escudos para mejores momentos, el mexicano se pasó de tibio, diplomático o atemorizado –o las tres cosas- y se dedicó al deporte nacional de los políticos: la retórica barata, como eso de que eso de que “vamos a ganar-ganar-ganar”, o aquello de “no veamos el pasado, tengamos visión de futuro”, Guau.

Tampoco queríamos que la presunta delegación azteca exhibiera sus cartas esenciales y los temas en donde buscarían eventuales mejoras del TLCAN, a favor de México, queremos pensar, pero por lo menos una actitud más firme que fuera dirigida a los mexicanos, y no a los pocos empresarios, senadores y miembros de la legación que estaban en el hotel de cinco estrellas en la capital estadunidense.

“Fue el primer día. Apenas nos estábamos acomodando”, nos tuiteó un prominente integrante del Cuarto de Junto –los empresarios, pues-, avecindado en el acaudalado hotel de marras, para enseguida soltar su peligrosa sorna contra el propio Guajardo: “tengámosle fe”, en claro dardo a lo que dijera no hace mucho el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, frente a la PGR y al tenebroso caso de Javier Duarte de Ochoa, Javidú para los amigos… de lo ajeno.

Va de flash back: entre junio de 1991 y agosto de 1992, es decir, 14 meses de negociaciones, los grupos de trabajo del primer TLCAN se juntaron en casi 390 ocasiones, en los tres países, en diferentes plazas. Ya para enero de 1992, o sea en seis meses, se contaba con el primer texto consolidado de todo el Tratado con corchetes, es decir, la parte sustantiva en la que ya estaban de acuerdo los tres países, y que abarcaba, vale decir, el 85 por ciento del texto final.

Imposible que estuviéramos en todas las reuniones, pero sí les podemos informar hoy a la distancia que en las que estuvimos, el equipo que entonces encabezara Jaime José Serra Puche, secretario de Comercio y Fomento Industrial, se mostró sólido, complementario y, sobre todo, profesional y nacionalista en la encomienda de sacar un acuerdo positivo para México, como nos consta por los resultados a 23 años y sietes meses de puesto en vigor.

Ni siquiera visto desde el miope ángulo trumpiano del déficit comercial México-Estados Unidos, por cierto, cinco veces menor al de Canadá-Estados Unidos, sino por la serie de cadenas de producción y comercialización que ha beneficiado a los tres países en distintas escalas (ganar-ganar, diría la frase hecha) y, claro, produciendo empleos en todas las aristas de este triángulo de importantes y fuertes latitudes sociales.

Pero regresemos a la última película del señalado hotel washingtoniano. Vimos a un Guajardo, salvo que usted nos diga lo contrario, agobiado, como harto de una negociación, que ¡apenas inició la semana pasada! y que se pretende culminar antes de febrero del 2018, pos no vaya a ser que se empalme con el inicio de campañas tanto en Estados Unidos como en México, porque entonces sí se dañaría y ensuciaría cualquier esfuerzo pretendiendo mejorar el entuerto, amig@s.

El hecho de no ser anfitrión no le impedía en forma alguna tratar de poner un dejo verdaderamente nacional al comienzo de las difíciles negociaciones mercantiles. Baste decir, en este sentido, que la canadiense Freeland se vio mucho más directa al plantearle al negociador Lightlizer que, ni hablar, en eso de los déficits que mejor le entre a negociar a ver qué cosa, porque con ella se habrá de topar en las respectivas mesas.

Horas después, ya tomado el lunch time, Guajardo trató de corregir la plana y en territorio de la embajada mexicana en la capital estadunidense, comentó que su misión tampoco le ayudará a la de la Unión Americana, en eso de bajar el déficit comercial con México, a costa de la producción nacional. Dicho de otro modo, a ver cómo le hacen ellos, pues la búsqueda insaciable de un balance mercantil se haría a partir del crecimiento de producción y exportaciones. No al revés, como lo plantea Lighthizer.

Bueno, de veras cómo andarían las cosas (¿alguien lo regañó?) que hasta, molesto, Ildefonso Guajardo le mando decir a sus contrapartes de la Casa Blanca, la de allá desde luego, que tengan una visión de futuro y dejen de estar pensando en lo que dice el texto actual del TLAN, o nomás no se podrá avanzar.

Esta suerte de escarceo, lo sentimos, en nada se parece a lo ocurrido y vale añadir, tampoco nos quedamos con la visión del pasado. Solo comentamos que hace falta trabajar y mucho para tener un Tratado que realmente, en los hechos, nos beneficie a los mexicanos. Para ello hay que delinear, desde el principio, la agenda de eso que se llama legación nacional. Dar incluso parámetros a los empresarios, analistas y de plano, opositores, pues si hay opacidad o tibieza, como decíamos desde que eta entrega dio inicio, pues las lagunas se llenarán con algo, y esto no necesariamente será información. Al tiempo.

Por lo pronto, estas Lascas Económicas andan decididas a trabajar con nuestro cuarto de junto, piedras lisas, romas, de río y de mar, para encontrar caminos directos y compartidos en los que se avance hacia un buen tratado de libre… comunicación en el norte, sur, este y oeste de la geografía nacional. E internacional. Y ya le esperamos en este mismo espacio, pero la semana entrante, en donde hablaremos, de plano, del Cuarto de Junto. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla .

 

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