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Las Revueltas de Silvestre

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Inseguridad y el Tremebundo Sindicato en la UNAM

*Acciones del Agrupamiento de Seguridad en el Campus

*Con el Rostro a la Izquierda y el Narco Está a la Derecha

*Los Vicios que Genera un Sindicalismo mal Entendido

Por Silvestre Villegas Revueltas

El pasado lunes 14 de agosto vi en las instalaciones de la UNAM algo que en mis décadas de, primero ser alumno y después investigador, jamás había presenciado, esto es, que el recientemente promovido agrupamiento de seguridad de la Universidad por su número de elementos y lo nuevo de sus patrullas, bloqueara los accesos a la institución, hubiera forcejeos y por medio de los altavoces “los de vigilancia” subrayaran que ellos no eran narcomenudistas. Asimismo, protestaban señalando que algunos de sus compañeros de trabajo se les había rescindido el contrato de trabajo y a dos de ellas se les había denunciado penalmente. Yo no dudo que la mayoría de los trabajadores de vigilancia sean honestos y comprometidos, pero tampoco dudo que el crimen organizado hubiera amenazado e incrustado elementos suyos para que sirvieran, facilitaran y ordenaran voltear a la izquierda cuando el narco por la derecha vende sus productos en las instalaciones universitarias.

El problema de la venta de drogas e inseguridad en las instalaciones universitarias, de mucho tiempo atrás lo sabemos quienes damos clase en alguna facultad, lo sabemos quienes hemos visto el proceso de construcción de cercas que rodean la zona ecológica de Ciudad Universitaria, porque la UNAM fue diseñada como un campus estadounidense, totalmente abierto, a diferencia de las universidades privadas, que a semejanza de conventos, todo lo irregular se queda adentro de sus muros y la secrecía es artículo de fe: pero suceden cosas escandalosas. Hemos visto que, respecto a la inseguridad, como reflejo de lo que sucede en la república mexicana, han proliferado cercas, alambres de púas que se van alzando alrededor de los edificios universitarios, de la zona cultura y sus esculturas y muros más altos en torno a las Escuelas profesionales en Acatlán y Zaragoza, por citar tan solo dos ejemplos. Pero el personal de la UNAM debe lidiar con la inseguridad sabiendo que sus máximas autoridades nunca han pisado “los bigotes” cuando pardea la tarde, que tampoco han caminado a las afueras de la FES Iztacala en sus dos instalaciones, o deambulado “subrepticiamente” en la zona de los frontones (ver la película El Divo de Paolo Sorrentino). Y que solamente por medio de informes escritos, en una mullida oficina, saben de lo que sucede alrededor de la Biblioteca Central los viernes al anochecer. Ello sin hablar de la ilegal toma del auditorio Che-Sierra que fue un problema resuelto en el 2000 para luego “inexplicablemente” renacer.

El personal administrativo de la UNAM, que puede comenzar en los más bajos niveles de intendencia, tiene que lidiar con delegados sindicales que solapan, enfrentar prácticas de segregación y vicios laborales que al final de cuentas afectan al propio personal sindicalizado. Todos los años se da un fenómeno, “la milagrosa transformación” de nuevos trabajadores que al llegar a la institución eran eficientes y cumplidos, convirtiéndose en los típicos ejemplos chambones de lo que no debe ser un trabajador sindicalizado. Un ejemplo de los vicios que genera un sindicalismo mal entendido se puede apreciar en el caso de un estacionamiento compartido por varias dependencias. Años atrás el control de ingreso era por medio de papeles foliados, luego desaparecieron; posteriormente pusieron plumas de entrada y salida manejadas por personal de vigilancia, que frecuentemente no asistía; la UNAM instaló tarjetas electrónicas pero las plumas y los lectores ópticos fueron sospechosamente vandalizados. El resultado, que durante meses no hubiera ningún tipo de control y empezaran a estacionarse automóviles, taxis y personas altamente sospechosas. Pero si lo anterior fue un asunto focalizado, lo que continúa siendo un problema en muchas dependencias, que no en todas, es el control que debe ejercitarse para ingresar a los edificios. Y la culpa es compartida: alumnos y académicos les molesta que les pregunten a dónde van. El personal de base no se impone y durante el cambio de turno las entradas son agujeros negros. En tanto los directivos, para darse cuenta de todo ello, como ya lo dijimos líneas arriba, deben pasearse por sus respectivas escuelas, institutos, dependencias administrativas y no llegar como cohetes teledirigidos a sus despachos. Igual que le sucede al presidente de la república y los secretarios de estado, el rector de la UNAM y su staff de primer nivel, que bajo oportuno aviso visitan las instalaciones universitarias lo hacen en una burbuja de cristal, aséptica, que solamente trasluce salones equipados, caminos barridos, jardines cortados y vidrios limpios, cuando regularmente no lo están. Yo le recomendaría al doctor Graue Wiechers que en la página electrónica del rector, además de los discursos y el Programa de Desarrollo Institucional, le agregaran una pestaña que dijera “cartas al rector”; es obvio que no tendrá tiempo de leer todo, pondrán groserías como sucede en las redes sociales, pero le aseguro que se enterará de asuntos muy interesantes: siempre y cuando usted la maneje.

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