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Coordenadas de Geopolítica Actual: Los Nuevos Horizontes Asiáticos

Por Luis Miguel Martínez Anzures

A lo largo de la historia de la humanidad, han existido diversas rutas por donde mercancías, bienes y productos han circulado de un continente a otro.

Una de las civilizaciones que en su época tuvo mayor desarrollo comercial fue la fenicia, que extendía sus dominios sobre los mares del Mediterráneo, Negro y Atlántico, buscando nuevas rutas para el traslado de mercancías que mantenía en secreto para evitar la competencia, y así comerciar con otras culturas.

Sin embargo, durante la Edad Media, cuando florece el comercio con mayor intensidad entre las civilizaciones de Europa y Asia y se crean rutas comerciales, entre ambos continentes; tal vez, la más famosa de ellas, fue la Ruta de la Seda, en la cual, se consolidaron negociaciones en los territorios de: China, Mongolia, Persia, Arabia, Europa y África y que hoy el gobierno de Xi Jinping quiere relanzar al mundo.

Convendría preguntarnos entonces, ¿de qué manera podemos comprender a la China comercial de finales del siglo XX y sobre todo al gigante económico de este milenio, en términos geopolíticos? ¿Cuál es la dimensión, del cambio económico y geoestratégico que la china del siglo XXI, decidió llevar a cabo, para establecer un nuevo modelo de desarrollo?

Para dar respuesta a estas interrogantes, me parece pertinente señalar que, el ascenso de China como actor regional desde finales de los años 90, está ligado a su política de expansión marítima.

Con el objetivo de garantizar la afluencia al país de recursos necesarios para el mantenimiento de su crecimiento económico; los asiáticos comenzaron a tomar medidas destinadas a extender su alcance náutico, más allá de sus aguas inmediatas que los circundaban.

A través de una estrategia semejante a la practicada por Gran Bretaña durante su época imperial, esta nación, puso en pie, toda una red de infraestructuras y logísticas de extracción y transporte de recursos, que se extiende desde sus costas en aguas nacionales a través de los litorales del mar del sur, el importante estrecho de Malaca y el Océano Indico, hasta llegar a las regiones claves del Golfo Pérsico y las costas orientales de África.

Está claro que China trata de garantizarse una presencia permanente a lo largo de las líneas marítimas de comunicación, que unen al país con las regiones que ya hemos señalado, de las que además, importa los recursos imprescindibles para su desarrollo; a la par que estrecha lazos comerciales con estas últimas, con el consiguiente beneficio para sus exportaciones. China no genera enemigos, produce buenos negocios.

La puesta en marcha de estas acciones ha seguido una lógica de no injerencia ni confrontación; lo que ha ayudado al gigante asiático, a posicionarse como el principal interlocutor y referente insustituible para países como: Irán, Myanmar o Sudán, sometidos durante años al destierro internacional.

En este contexto, nace la nueva Ruta de la Seda, la cual es la iniciativa internacional más ambiciosa lanzada por el presidente chino Xi Jinping y jamás conocida por el mundo contemporáneo. La Nueva Ruta de la apertura comercial de China al mundo, es el proyecto de infraestructura más ambicioso del último siglo; se perfila con un costo inicial, cercano a 51 mil millones de dólares, de los cuales, China invertirá 90%, además, incluye la construcción y modernización de carreteras, líneas de ferrocarril, así como el desarrollo de proyectos de infraestructura portuaria, que conectarán el occidente de este país, con las costas del Mar Arábigo a través de Pakistán.

Por si esto fuera poco, este proyecto pretende cubrir el 65% de la población mundial, generando un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) global y mover la cuarta parte de los bienes que produce en la actualidad el planeta.

En este sentido, numerosos expertos han señalado que los dividendos geopolíticos que obtendrá el gigante asiático como resultado de este acuerdo comercial, parecen partir de un principio simple: “Quien dicta las reglas económicas, rige el mundo”.

China lo ha comprendido con inigualable precisión y se ha puesto a trabajar en un plan de expansión comercial e intercambio cultural, que lleva años de diseño y tiene grandes expectativas de crecimiento y dinamismo en sus alcances.

La República Popular de China se está posicionando para influir de manera decisiva en el proceso de integración de Eurasia y será a través de la nueva Ruta de la Seda que pretende conseguirlo. Este proyecto transcontinental es una prueba de ello.

Justo cuando el gobierno de Donald Trump y el Reino Unido, han decidido atrincherarse en el proteccionismo económico, China nuevamente ha decidido tomar la dirección comercial del mundo y ser la punta de lanza de los años venideros en materia comercial en el globo terráqueo.

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