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Del Cine y las Leyes

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La Tumba de las Luciérnagas

*La Inocencia Robada

Por Horacio Armando Hernández Orozco*

La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka), película de animación japonesa producida por Studio Ghibli, dirigida por Isao Takahata, basada en la historia corta homónima de Akiyuki Nosaka, publicada en 1967, con toques autobiográficos vividos durante la guerra; las voces están a cargo Tsutomu Tatsumi (Seita), Ayano Shiraishi (Setsuko), Yoshiko Shinohara (Tía) y Akemi Yamaguchi (Mamá), cuyo estreno en Japón, fue el 16 de abril de 1988.

En el verano de 1945, la ciudad de Kōbe es bombardeada por los norteamericanos; allí viven Seita y su pequeña hermana Setsuko junto a su madre; durante un ataque, los hermanos no logran llegar al refugio para encontrarse con su mamá, y cuando van en busca de ella, la encuentran muerta, viéndose obligados a madurar antes de tiempo para poder salir adelante en un mundo en guerra.

LOS ÚLTIMOS MESES DE LA GUERRA

La historia se centra en la ciudad de Kōbe, pero los bombardeos se dieron prácticamente en decenas de ciudades japonesas, narrando uno de los crímenes de guerra menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial.

La película da cuenta de la campaña de bombardeo iniciada bajo el mando del general Curtis LeMay de la Fuerza Aérea Estratégica de Estados Unidos (USAF) en 1945, meses antes del ataque a Hiroshima y Nagasaki; esta operación inició a principios de marzo con cientos de B29s que soltaron toneladas de napalm, fósforo y otras bombas incendiarias; las detonaciones tenían el objetivo de provocar tormentas de fuego que los inadecuados servicios de emergencia japoneses eran incapaces de sofocar. El propio comandante LeMay declaró: ‘Matar japoneses no me molestó mucho en ese momento, supongo que si yo hubiera perdido la guerra, ellos me habrían tratado como criminal de guerra’.

Esta campaña duró cinco meses, devastó más de 60 ciudades japonesas, mató a más de 500,000 civiles, hirió a 400,000 y produjo cinco millones de personas sin hogar; se estima que en Tokio, sólo en seis horas más de 100,000 personas murieron. Kobe tenía un millón de habitantes, 650,000 quedaron sin hogar y los muertos llegaron a 8,000.

LA ANTIGUERRA NO DECLARADA

Seita y Setsuko viven los horrores de la guerra, el bombardeo incesante sobre su ciudad, sobre su casa, que no es un objetivo militar, son testigos de miles de heridos y muertos, ver a su madre vendada y con manchas de sangre, cuyos labios están quemados y aún así llamar a su hijo por su nombre, el ser de un momento a otro dos huérfanos, y la hambruna que padecen que orilla a Seita a robar los huertos y las casas de los vecinos.

La película ha sido aclamada por la crítica y es considerada, junto a La Lista de Schindler de Steven Spielberg y El Pianista de Roman Polanski, como una de las mejores películas antibelicistas de la historia, a pesar de que esa no era la intención del director Takahata ni del escritor Nosaka, cuyo padre adoptivo murió en los bombardeos de Kobe y su hermana murió de hambre; el propio Nosaka ha dicho que escribió la novela para calmar el profundo sentimiento de culpa que sentía por su fallecimiento, y no la considera antibélica, sólo el aislamiento de los dos hermanos y el deseo de sobrevivir; como si la guerra se evitara mostrando sus horrores.

MENORES VÍCTIMAS DE LA GUERRA

Los niños han perdido a su madre, su hogar, su escuela, alimentos y su inocencia en un mundo de adultos que solo muestran la indiferencia de unos a otros; los protagonistas pasan de tenerlo todo a la nada más absoluta; pero ¿por qué los niños deben ser víctimas de un conflicto que ellos no han iniciado?

El Derecho Internacional Humanitario es un conjunto de normas que trata de limitar los efectos de los conflictos armados; protege a los civiles o las personas que ya no participan en los combates, y limita los medios y métodos de hacer la guerra.

Su regulación se encuentra contenida en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, que se completaron con los Protocolos adicionales de 1977 relativos a la protección de las víctimas de los conflictos armados, y la pretensión fundamental es proteger a las personas que no toman parte en las hostilidades, como son los civiles y el personal médico y religioso; también protege a las personas que ya no participan en la guerra, como son los combatientes heridos o enfermos, los náufragos y los prisioneros de guerra.

Sin embargo, para Seita y Setsuko nunca hubo un derecho humanitario.

MENORES VÍCTIMAS DE LA INDIFERENCIA

Ante la pérdida de su hogar, los hermanos se van a vivir con una tía, quien persuade a Seita de vender los kimonos de su madre con el fin de comprar comida y cuando esa se consume, su indiferencia inicial pasa a un desprecio cada vez más evidente; los dos niños deciden irse de ahí y terminan viviendo por su cuenta en un refugio antiaéreo abandonado.

El espectador es testigo de la crueldad humana, del desinterés y el egoísmo en tiempos de guerra, que es cuando debe surgir a flote lo mejor del ser humano, pero la película intenta mostrar cómo la guerra vuelve cruel y egoísta a cualquiera por la supervivencia propia; y la lógica en toda guerra, las peores víctimas en todos los aspectos son precisamente los niños.

El fotógrafo Joe O’Donnell captó la imagen de un niño que está de pie en posición de firmes con su hermano pequeño atado a la espalda, y pronto se percató que en aquel niño había algo diferente, esperaba alguna orden o su turno, estaba descalzo y la expresión de su rostro era muy dura, la cabeza de su hermanito estaba inclinada a un lado, como dormido; este niño permaneció así durante más de cinco minutos, cuando unos hombres se acercaron a él y desataron las correas que sostenían al bebé, es cuando Joe se dio cuenta que estaba muerto; lo depositaron en una pira funeraria donde se quemaban los cuerpos; el niño se quedó allí, sin moverse, mirando las llamas, se mordía el labio inferior con tanta fuerza que se hizo sangre, él sabía que tenía un deber… y lo cumplió; la nación nipona fue derrotada, pero no humillada.

Este 15 de agosto se cumplen 72 años de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, pero ¿cuántos niños como Seita y Setsuko habrá todavía hoy en día?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

 

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