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Gobiernos de Coalición

*En Busca de Capacidad de Gobierno Para el Ejecutivo

*Que los “Arreglos en lo Oscurito” Pasen a la Historia

*Privilegiar el Proyecto de Nación de la Constitución

*Exigencia: que el Congreso Trabaje en el Programa

Por Ulises Corona*

Una de las principales características de los Gobiernos Democráticos es la capacidad de mandatar que tengan y desde luego de hacerlo democráticamente; con lo anterior quiero decir, que actualmente no sólo basta ejercer el poder, sino hacerlo de forma democrática, pero sobre todo de manera eficaz.

La capacidad de eficiencia gubernamental permite la mínima legitimidad para que la sociedad acepte las políticas públicas que del Gobierno surjan para el beneficio de la sociedad, pero cuando el Gobierno no tiene dicha disposición, no sólo es incapaz de tomar decisiones, sino que estas carecen de aceptación, credibilidad y apoyo.

La confianza hacia las instituciones se convierte en factor fundamental para la manutención de la estabilidad social, misma que está en función de Gobiernos de resultados; el actor político requiere indudablemente de visión de estado (no sólo del mandato) para prever cuando sus decisiones sean aceptadas, aun cuando estas sean dolorosas o costosas para el estatus social a las que van dirigidas.

Es aquí donde el arte de la política surge, donde el Estado del Arte de Gobernar requiere de otro tipo de acciones. Política de primer mundo agrego yo, para poder ejercerse con un mayor consenso, pero sobre todo con mayor credibilidad.

Cuando la política suma voluntades aun dispares, y para que el acuerdo pueda florecer, asume con profesionalidad los resultados de estos convenios.

La figura de las coaliciones gubernamentales no es nueva en la vida pública moderna; esta se ha presentado en Europa cuando se ha requerido avanzar y no se tienen las voluntades necesarias, cuando se necesita de un mayor nivel de cultura política de los actores que intervendrán en estas formaciones, pero también de capacidad de respetar estos acuerdos, dejando de lado voluntades únicas para pasar a voluntades totales.

En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el articulo 89 Fracciones XVII, incorporaron esta figura con la posibilidad de acceder a una forma de Gobierno Coaligada; ello, ante la posibilidad de que el resultado de la próxima elección presidencial no cuente con una mayoría mínima que le de legitimidad al próximo titular del Supremo Poder Ejecutivo y, se pueda ejercer, mantener y controlar el poder soberano del pueblo manifestado en los comicios. La idea es que el próximo presidente de México tenga capacidad de gobierno, en una administración más democrática, donde sus decisiones y acciones sean consensuadas por los partidos políticos representados en el Congreso General, teniendo un mayor respaldo social y desde luego político.

Pero, los gobiernos de coalición ofertan también un par de alertas más: se requerirá de políticos con una mayor investidura y de acuerdos mayormente duraderos, donde las componendas y “arreglos en lo oscurito”, pasen a ser historia de la otrora vida pública reciente. De la misma manera será necesario que las acciones acordadas en términos de políticas públicas, tengan un mayor alcance en dimensión geográfica y temporal y con esto beneficiar a un mayor número de ciudadanos, de muchos colores políticos y no sólo de aquellos que están en el poder.

Este tema no es una mezcla de ideologías, es decir, no se trata de confundir o mal combinar programas de acción de los partidos políticos, sino de privilegiar el proyecto de nación instituido en nuestra Constitución, el cual no tiene color ni lema partidista.

Debemos estar atentos a la figura que enuncio, pues esta será la alternativa de disputas postelectorales y gasto inútil en dichos procesos que se repiten ante la carencia de voluntad política para reconocer triunfos de otros y fracasos propios. Visualizarlo así nos enfrentaría a buscar coincidencias mínimas, pero obligadas a efecto de que la política resulte válida y su resultado, el ejercicio de gobierno, tenga controles, pesos y contrapesos para que la honestidad en la Administración Pública se manifieste en gobiernos de resultados eficientes.

Debemos exigir que el Congreso trabaje en el convenio y programa que le dará vigencia y temporalidad, en el reglamento que permita su cabal ejercicio pero, sobre todo, en que esta figura alimente la muy pobre cultura política que hoy tenemos.

*Académico Investigador de la FCPyS/UNAM

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