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Del Cine y las Leyes

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“Rashomon”

La Verdad en Cuatro Mentiras

Por Horacio Armando Hernández Orozco*, (Segunda parte)

“Rashomon” recibió el Oscar a la mejor película extranjera en 1951, el León de Oro de Venecia y otros premios. Para 1952 la cinta era reconocida tanto por los críticos europeos como por los estadounidenses, convirtiéndola en la película japonesa más premiada y el filme asiático más visto en Occidente.

Un samurai ha sido asesinado y su mujer violada; un monje los vio un poco antes, un leñador encontró el cadáver y dio aviso a la autoridad; ambos atestiguan en el juzgado donde Tajomaru, un conocido ladrón, se atribuye la autoría de los hechos, pero su confesión discrepa radicalmente con las versiones de la mujer, del samurai, el cual habla a través de un médium, y del leñador.

Sin ser un drama judicial, la película gira en torno a las declaraciones que cada personaje hace de los hechos una vez abierto el proceso; cada testimonio se rinde frente a la cámara, convirtiendo al espectador en el juez, que debe razonar y decidir cuál de los cuatro testimonios es cierto, quién miente y porqué lo hace.

UN LADRÓN CONFESO.

Según Tajomaru cuando vio a Masago pensó que era un ángel y nació su deseo por poseerla. No quería matar al samurai y aunque ella se defendió con un puñal, la somete y cedió al deseo, después de tenerla él se retiraba del lugar, pero la mujer, llena de vergüenza, le suplica que se bata en duelo con su marido para salvarla de la culpa de dejar que dos hombres sepan de su deshonor. Tajomaru mata al samurai con su propia espada y al voltear ella ya no está.

De ser cierta esta versión, Tajomaru es penalmente responsable de homicidio, pues está confeso y su versión se robustece con el primer testimonio del leñador; en cuanto a la violación, ella accedió al acto.

UNA MUJER ARREPENTIDA

Según Masago, después de haber sido violada, el ladrón se retira; ella pide perdón a su marido, como si el acto de violación fuera su culpa, pero él le mira fríamente con odio, asco y repugnancia; la mujer le suplica que la mate para liberarse de la vergüenza; sin embargo, ella en estado de shock mata a su marido e intenta suicidarse, pero no lo consigue.

De ser cierta esta versión, Tajomaru es penalmente responsable sólo de violación, y Masago de homicidio, pues está confesa y su versión se robustece también con el primer testimonio del leñador, aunque no concuerda con la versión del ladrón.

UN MARIDO ORGULLOSO

Según el samurai, su mujer comete una traición, es desleal porque le pide a Tajomaru con entusiasmo que la lleve con él y que mate a su marido para no sentir la culpa de haber estado con dos hombres; no obstante, el bandido siente solidaridad con el marido y se ofrece a matar a la mujer o dejar que se vaya o se suicide, pero ella huye; Tajomaru antes de irse libera al samurai, quien comete el acto de seppuku (el suicidio ritual).

De ser cierta esta versión, Tajomaru es penalmente responsable sólo de violación, pero no de homicidio, esta versión tendría como único soporte el primer testimonio del leñador, aunque no concuerda con la versión del ladrón ni de Masago.

UN LEÑADOR RETRACTADO

Según el leñador, en su testimonio ante la autoridad manifestó que no le constaban los hechos, que sólo vio el cuerpo del samurai muerto por arma blanca; pero, al estar con el monje y el peregrino reconoció que mintió, pues vio cuando el violador se disculpó con Masago y le pidió que se case con él; ella libera a su marido para que mate al ladrón, pero éste no está dispuesto a morir por una mujer así; ella, riéndose histéricamente pone en duda la hombría de los dos. Ellos se baten en un duelo, no por ella, sino por orgullo, al final, por un golpe de suerte, Tajomaru gana; la mujer huye.

De ser cierta esta versión, Tajomaru es penalmente responsable sólo de violación, y muy probablemente puede alegar que el homicidio fue en duelo o en riña, en ambos casos con pena atenuada, pero esta retractación carece de valor al no haberse emitido la segunda versión ante autoridad judicial y no contar con pruebas que la soporten, pues no concuerda con la versión del ladrón, de la mujer ni del samurai.

Los testimonios dan fe de un aparente rol sumiso de la mujer: que ella fue violada y que el samurai murió por arma blanca; los tres primeros testigos asumen la autoría de la muerte, hay coherencia en los testimonios, pero falta voluntad hacia la verdad de lo sucedido porque todos tienen un motivo para mentir, como bien explica el monje: “Los hombres son débiles, y por eso mienten, incluso a sí mismos”.

LOS MOTIVOS DE UNA MENTIRA

El ladrón ha mentido por deseo, pasión y triunfo; su versión muestra la entrega voluntaria de la esposa y la lucha con el asesinado, se siente orgulloso de haber poseído a la mujer de un samurai y de haberle dado muerte.

La mujer, indica su versión de la violación y al ver que su esposo no ha sido capaz de actuar como un verdadero hombre, lo ha matado. Su honor de mujer lo justifica.

El samurai describe la lucha y la traición. Su muerte se justifica también como un acto de honor de un guerrero.

El leñador ha mentido en su primera versión, al inicio describe el contexto y al final da un sorprendente desenlace; no hay un motivo de falso orgullo para mentir, más bien evita ser juzgado por el robo de la daga.

El espectador tras participar en el juego visual y tras escuchar las declaraciones, debe dilucidar qué es lo que ha ocurrido realmente; aquí la labor del juzgador se dignifica cuando debe juzgar un hecho teniendo diversas narraciones sobre lo sucedido, y su reflexión versa sobre la objetividad y subjetividad de las perspectivas.

La película señala una inevitable capacidad del hombre para mentir, lo cual genera la desconfianza mutua, tal como señala de nuevo el monje: “si los hombres no dicen la verdad y no confían el uno en el otro, entonces la tierra se ha convertido en una especie de infierno”; como ya se había indicado antes, la actitud moral del leñador de recibir al bebé abandonado refuerza su credibilidad como testimonio; pero ante la imposibilidad de una verdad epistémica y objetiva de los hechos, ¿será válido que un juez apunte a una verdad moral como último reducto para juzgar?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

* Presidente del Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito.

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