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Del Cine y las Leyes

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“Sacco y Vanzetti”

A tu Salud…

*Un Fallo Judicial Doloso por Motivación Política

*Una ley que Prohíbe los Visados Para “Indeseables”

*Los Juristas Coinciden: no fue un Proceso Justo

*El 23 de Agosto Cumplirá Noventa Años la Ejecución

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“Sacco y Vanzetti”, película italiana, dirigida por Giuliano Montaldo, con la actuación de Gian Maria Volonté (Bartolomeo Vanzetti), Riccardo Cucciolla (Nicola Sacco) y Rosanna Fratello (Rosa Sacco). La banda musical a cargo de Ennio Morricone, que se popularizó por la balada cantada por Joan Baez (Here´s to you), se estrenó en 1971.

El 15 de abril de 1920, en South Braintree, Massachusetts, hay un asalto a un pagador que resulta muerto junto con un guardia, incidente  por el cual son detenidos Sacco y Vanzetti bajo cargos de robo a mano armada y asesinato; durante el proceso se prueba su inocencia, pero pesa más la voluntad de las autoridades para llevar a cabo un acto de represalia política, en forma de una condena a muerte que castigue ejemplarmente a dos anarquistas italianos.

La película cuenta la historia de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos italianos que emigraron a los Estados Unidos a principios del siglo XX; de ideas anarquistas, acudían a reuniones sindicalistas; el proceso que se instauró en su contra es una muestra clara de la instrumentalización del sistema judicial para favorecer los intereses del Estado.

EL CRIMEN DE SER INMIGRANTE ANARQUISTA

Los créditos iniciales de la película tienen como fondo las escenas de las redadas nocturnas que se realizaron en Boston, ello después de que el 2 de junio de 1919, se detonó una bomba en el hogar del Fiscal General, A. Mitchell Palmer; en el lugar se encontró un panfleto quemado de "Los Luchadores Anarquistas", por ello, la autoridad investiga a los inmigrantes italianos, por estar asociados con el movimiento anarquista.

La cronología de la migración a Estados Unidos, señala que la tercera oleada migratoria tuvo lugar entre 1880 a 1920, con más de 24 millones de inmigrantes provenientes del Este de Europa y de Rusia, y miles de asiáticos que llegan a la bahía de San Francisco; frente a este problema migratorio desde 1882, el Congreso expide una ley que prohíbe los visados para trabajadores chinos; posteriormente, en 1917 se expide otra contra los inmigrantes "indeseables": homosexuales, epilépticos, polígamos o anarquistas, junto a todos los nacidos en Asia y el Pacífico, excepto Japón y Filipinas.

Sacco y Vanzetti habían llegado años antes a Estados Unidos, por lo cual esta ley no les aplicaba, no obstante, seguían siendo inmigrantes y su peor pecado ser anarquistas, lo cual era considerado un verdadero “crimen” contra la democracia estadunidense.

UN FISCAL A MODO

Al ser detenidos Sacco y Vanzetti son trasladados a las oficinas del fiscal del estado, Katzmann, quien desde un inicio muestra su rechazo a cualquier tipo de actividad anarquista; se les acusa de robo y asesinato, pero lo importante es que son wops (“italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres y radicales.

El interrogatorio policiaco, avalado por Katzmann, se ocupa de preguntar: ¿Eres ciudadano? ¿Eres comunista? ¿Anarquista? ¿Crees en el gobierno de nosotros?, pero ¿qué tenían que ver estas cuestiones con el robo y con los disparos que recibieron el pagador de una fábrica de zapatos y un guardia?

Los acusados negaron ser comunistas o anarquistas, pero ¿por qué mentirle a la policía? Simplemente por la misma razón que un judío mentiría a la Gestapo, o un negro en Sudáfrica lo haría a sus interrogadores: porque saben que no existe la justicia para ellos.

Katzmann le pregunta a Sacco: “¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?”, el detenido sólo se limita a decir, que sí, y el fiscal vuelve a cuestionar: “Y para poder mostrarle su amor a este país, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera soldado, ¿se fue usted corriendo a México?”.

UN JUEZ A MODO

La pretensión de la película es mostrar la instrumentalización del sistema judicial para defender intereses políticos del Estado, en este caso contra el anarquismo, valiéndose de la invulnerabilidad en que se encontraban los inmigrantes en Estados Unidos.

El proceso de Sacco y Vanzetti no es solamente un caso de mero error judicial, sino todo un ejemplo del uso pervertido de las instituciones judiciales en defensa de los intereses de una mayoría conservadora que busca una condena como un escarmiento.

A Vanzetti se le procesa por separado y se le sentencia a prisión por su supuesta participación en un asalto en Bridgewater el 24 de diciembre de 1919; el juez de este proceso fue Webster Thayer, quien instruyó al jurado: “Dado que los testigos son italianos, no se deberá inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes.”

Luego, el propio juez Thayer juzgó a Sacco y Vanzetti en Dedham, el 21 de mayo de 1921, por los hechos ocurridos en South Braintree, y de nueva cuenta advirtió al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

UNA ACADEMIA A MODO

En el juicio, siete testigos del fiscal identifican a Sacco y cuatro a Vanzetti, además hay un dictamen pericial que concluye que la pistola Colt encontrada a Sacco, dispara el tipo de bala encontrada en el cuerpo de una de las víctimas.

La defensa contrainterroga a los testigos y prácticamente desvirtúa su atesto, presenta otros que afirman que el día de los hechos los acusados se encontraban en diverso lugar; pero portar armas, declaraciones evasivas, actividades izquierdistas y la presunta identificación de los testigos son más que suficientes para inculparlos.

A fines de 1925, un interno de nombre Celestino Madeiros confiesa tener parte en el asalto de Braintree, que Sacco y Vanzetti son ajenos a los hechos; esta ‘confesión’ es desestimada por lo que, en la primavera de 1927 el profesor Felix Frankfurter, de Harvard, que luego fue juez de la Corte Suprema, publicó una indignada denuncia en contra del juicio.

El alegato de Frankfurter y una protesta mundial contra el veredicto, provoca que el gobernador de Massachusetts, Ailvin Fuller, posponga la ejecución y designe una comisión tripartita presidida por el rector de Harvard, A. Lawrence Lowell, que ‘revisa’ minuciosamente el caso; en seis semanas y media, la comisión lee la copia estenográfica, llama a testigos y entrevista al juez Thayer, al fiscal y al jurado, desahoga una nueva prueba pericial de balística (método de Philip Gravelle) y concluye que Sacco es sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él es ‘más débil’.

UNA CORTE SUPREMA A MODO

La película no se ocupa del hecho de que, dentro de los múltiples recursos legales presentados, está una petición formulada a la Corte Suprema para que constate la cantidad de anomalías del proceso.

El magistrado de la Corte Suprema, Oliver Wendell Holmes, muy admirado como uno de los juristas liberales, rehúsa revisar el caso, y deja claro que un límite al liberalismo es la frontera que le fija el nacionalismo vindicativo; situación que no es de extrañar, pues años atrás, Eugene Debs es enviado a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, siendo muy dudoso que fuese culpable, pues se le codena por ser socialista que hablaba en voz alta contra la guerra; en su sentencia el magistrado Holmes justifica la pena citando una frase del propio Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Cincuenta años después de la ejecución de Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instaura un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión es que no se les siguió un proceso justo; el embajador estadunidense retirado John M. Cabot envía una carta donde declara su “gran indignación”, pues la sentencia de muerte fue ratificada por el entonces gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso”.

Podrá existir duda de si Sacco y Vanzetti eran o no responsables, pero la mayoría de los juristas coincide en que no se realizó un proceso justo; este 23 de agosto se cumplirán noventa años de la ejecución, y de seguro habrá conmemoraciones en su honor, y dentro de diez años, en su centenario, habrá muchas más, pero ¿la justicia centenaria habrá dejado de ser un instrumento del poder?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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