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Una Mirada a los Temas Raciales en México

Por Luis Miguel Martínez Anzures

La semana pasada fueron difundidos los resultados de la encuesta nacional de Hogares 2016: Módulo de Movilidad Social, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y geografía (INEGI).

Dicha encuesta, cuenta con información sobre las características del hogar de origen de los entrevistados, así como de la educación y empleo de los padres. Pero, crucialmente, el módulo también incluye una carga de preguntas sobre el color de piel del entrevistado, propuesta en el Proyecto sobre Etnicidad en América Latina (PERLA, por sus siglas en inglés) en donde se le solicita a la persona que identifique, dentro de una escala de colores, su color de piel. Toda esa información es representativa para la población nacional en su conjunto.

Cuando el presidente de INEGI habló sobre las estadísticas descriptivas de esta encuesta (es decir, las características generales de la población en términos de las variables recabadas en la encuesta) menciono que las personas de tez morena representan la mayoría de los empleados en actividades de baja calificación, mientras que los puestos de mando, son en su mayoría ocupados por personas de tez blanca.

El funcionario  reveló que, en el país, las personas de piel clara tienen mayores oportunidades educativas y laborales que los de piel más oscura.

La metodología del INEGI menciona que la encuesta  fue aplicada a personas de entre 25 a 64 años en 2016, en 32,481 hogares. El objetivo fue conocer cómo y qué ha determinado los cambios en la situación económica de esta población de 61 millones 827 mil 469 personas.

En el estudio, también se expone que los niveles de escolaridad que alcanza la población de 25 a 64 años se relacionan, en primera instancia, con la persona que cumple las responsabilidades de proveedor económico principal.

“Cuando el padre y la madre son los proveedores económicos, una de cada dos personas (47.5%) alcanza el nivel de escolaridad de media superior o superior, señala el organismo estadístico.

Al respecto es pertinente hacer algunas presiones.

En primer lugar, aunque la muestra es representativa, no alcanza para dar una adecuada visión estratificada de los deciles más altos y más bajos de la población mexicana. Esta carencia metodológica nos demuestra una visión errónea de la distribución étnica mexicana, respecto al ingreso de los hogares en el país. Pues no es lo mismo, partir de una muestra inferencial (proporcional) y con base en dichas respuestas, ejercer supuestos sobre la composición social y económica de los mexicanos, que desarrollar indicadores más específicos (como los deciles) que nos ayuden a conocer con precisión la verdadera distribución del ingreso en los niveles más altos y bajos del escalafón social a nivel nacional, comprobando de manera estadística, la verdadera correlación entre ricos y pobres y su tono de piel.

En segundo lugar, considero arriesgada e inoportuna la mediatización de los resultados ofrecidos en este estudio en el contexto social y político que vive el país, en aras de importante contienda electoral que está por venir. Una sucesión presidencial que será trascendental para el futuro de la nación.

Vivimos tiempos de grandes polarizaciones ideológicas en constante pugna por el poder, que no abonan al desarrollo unificado de un proyecto de nación. Al contrario, nos alejan de la unidad nacional.

Hablar de México es hablar de muchos Méxicos (parafraseando a Monsiváis), ciertamente.

Sin embargo, también es claro que, en el contexto actual de competencia globalizada que se ha cernido sobre el mundo en la actualidad, las naciones que defienden con mayor vehemencia sus intereses propios, a través de la unidad nacional, son los países que están en mejores condiciones de competir con mayores herramientas financieras y políticas en una competencia intensa como la que ya hemos descrito.

Para ser más claro, ante el embate económico y político de otras naciones, no podemos competir si no  llegamos unidos entorno a una idea de nación. Los mexicanos siempre hemos sido diversos, esa es la historia de nuestro país. La composición multiétnica es fuente de nuestra riqueza ancestral, pero jamás un escollo estadístico que frene el progreso del país como se ha querido difundir.

Es cierto que en el México del siglo XXI hay grandes retos por enfrentar, uno de ellos es la desigualdad social y económica que rige grandes porciones de la sociedad nacional.

Sin embargo, está claro que la superación de dichos problemas no vendrá de la mano de la propagación de análisis con errores estadísticos en los cuales sean sesgadas las conclusiones. Eso no le hará ningún bien a la nación. Al contrario, polarizará más el ya de por sí enrarecido ambiente social nacional.

Repensemos el proyecto de nación que queremos para este siglo, a través del debate de ideas y proyectos que basen sus líneas de acción en la integración racial y pluriétnica del país. Bienvenido sea la propagación de estos ejercicios reflexivos. Pero tambié seamos serios en la metodología para llegar a las conclusiones que de estas dinámicas se produzcan.

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