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A la Baja, la Producción de Mandatarios Estatales Desde la Cámara Alta

*Legislaturas LXII y LXIII: de 38, los Perdedores Fueron 25

*Las Reformas, Redujeron su “Feeling” Ante el Ciudadano

*La Garantía de Triunfo se Quedó en Aquel Lejano Pasado

*Vigente Frase de don Adolfo: “ni Modo, Compadre, Perdimos”

Por Alberto Almazán

Era marca ganadora.

Quien competía para ser gobernador, triunfaba. Eran los tiempos en los que se tenía que convencer a los ciudadanos de votar por el personaje más importante en la entidad, incluso, por encima del gobernador.

Representaba el Pacto Federal.

Los senadores, aquellos de la vieja casona de Xicoténcatl tenían poder en sus estados. Y cuando solicitaban licencia para ir en pos de la gubernatura, por regla general la conquistaban.

En las LXII y LXIII Legislaturas -2012-2018- fueron 38 senadores los que solicitaron licencia para que sus partidos los postularan en el momento adecuado para ir por la silla de un gobierno estatal.

Catorce de ellos se quedaron con las ganas. A pesar de sus licencias, sus partidos no los tomaron en cuenta en el momento de la elección del candidato.

Otros, 8, sí fueron postulados y ganaron. Otros 25 lograron la nominación, hicieron campaña y perdieron y seis más se quedaron en la barrera observando cómo se frustraban sus aspiraciones. Tuvieron que regresar al Senado, aunque pelearon hasta el final por la anhelada candidatura.

Cinco abandonaron la nueva sede senatorial para ir en busca de alcaldías y cuatro de ellos lograron el triunfo.

En la numeralia, el PAN sacó la mejor parte: 6 de 15 gubernaturas las ganó con sus senadores.

El PRD presentó a sus senadores como candidatos en dos entidades y fueron derrotados por el PRI en los estados de Tlaxcala y Guerrero. Los verdugos no eran senadores. Uno, el primero, formaba parte del gabinete. El otro era diputado local.

LA REFORMA DE PRIMERA MINORÍA

Cuando se reformó la Constitución para crear los senadores de primera minoría –no ganaban ante la fórmula, pero quedaban en segundo lugar- y se aumentó de 64 a 96 el número de escaños, Luis Farías Mackey escribió:

"La figura es perversa y suicida, fomenta y premia el cinismo, el interés personal y la deslealtad. En principio todos los candidatos, sin excepción, debieran hacer el mayor de sus esfuerzos por su campaña y las de su partido, sin embargo, la propia legislación, en este caso, está diseñada para que algunos no lo hagan, así vaya de por medio el triunfo de su partido."

Corría el año de 1996 –la reforma electoral “definitiva”, decía el entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León- cuando diputados y senadores discutieron en conferencia la iniciativa presidencial que, abordaba también y con profanidad, el cambio en el Distrito Federal para 1997: elección del Jefe de Gobierno por la vía directa, secreta y democrática.

Eduardo Sánchez Andrade en su libro “La Reforma Constitucional en el Congreso”, examina el texto para el aumento de senadores y no encuentra explicación alguna.

De ahí, en 1997 ingresaron los primeros senadores de primera minoría y de lista nacional. La Cámara Alta tuvo 128 senadores. Los 64 nuevos invitados a la fiesta legislativa solamente duraron tres años. A partir de 2000 todos permanecen en su encargo por 6 años.

Esta reforma le restó poder a los senadores ante los ciudadanos que se preguntaban ¿si no son capaces de ganar su Estado para representarlo en el Pacto Federal, de dónde van a sacar los votos para convertirse en gobernadores?

LOS DE MAYORÍA Y SUS TRIUNFOS

Sin embargo, hoy en día se diferencia entre quienes ganan mayoritariamente mediante la fórmula, y los que conforman la primera minoría y la lista nacional, se mantiene a favor de los primeros.

Complejo sistema pensado originalmente para cambiar la mitad de los senadores cada seis años, pero con elecciones intermedias. Algo pasó que permitió que la idea primigenia quedara mutilada.

Los senadores que se atreven a solicitar licencia suponiendo que ganarán una elección tienen, de suyo, ventaja sobre diputados federales, legisladores locales y alcaldes y sobre funcionarios estatales, por contar con foros que les permiten tener coberturas nacionales.

Revisar los triunfos de los congresistas que formaron –porque ya no habrá otra oportunidad antes de terminar sus gestiones- confirma que quienes ganaron a través de la fórmula, es decir, de mayoría, se impusieron a los de primera minoría y representación proporcional.

Una lista facilitada por el Senado de la República, confirma el “poder y la popularidad” de los senadores:

Así, los de mayoría relativa ganaron 8, los de primera minoría 3.

Con senadores ganadores en Baja California Sur, Tamaulipas, Querétaro y Aguascalientes y con los de primera minoría en Durango, Chihuahua, el PAN obtuvo los triunfos sobre los del PRI con quienes compitieron.

Para el tricolor solamente los estados de Sonora, Zacatecas e Hidalgo tienen congresistas de la Cámara Alta.

LO QUE FUE NO SERÁ

Años atrás, el Senado de la República se convirtió en la maquinaria perfecta para producir gobernadores.

Ser postulado por el entonces partido hegemónico era garantía de triunfo. Pero mucho más si se contaba con el escaño senatorial, desde donde los avezados en política tenían cabida.

Eran los pensantes de la política.

Con la apertura democrática y la presencia de fuerzas políticas como las representadas por el PAN y el PRD principalmente, el Senado bajó su productividad de gobernadores.

En algunas ocasiones porque surgieron figuras locales que llevaban en su historial el haber pasado por la administración federal como es el caso de Gabino Cué o del denostado Javier Duarte que cuyo paso por instancias federales se resume a una sola: diputado federal plurinominal.

Desde los tiempos de Adolfo Ruiz Cortines, el segundo presidente de la época civilista, desde el Senado surgían las grandes figuras para ocupar los gobiernos estatales.

Apenas si competían –en ocasiones en circunstancias desiguales por la orden presidencial- con los purpurados del gabinete federal. Si el Presidente “sugería” al secretario de Turismo –en los ayeres del lopezportilismo- por ejemplo, ningún senador osaba atravesarse en el camino del “candidato del señor Presidente”.

Salvo, claro está, que el deseo presidencial considerara importante “legitimar” a su candidato y le pedía a los senadores de la entidad que se promovieran y cedieran el espacio “al mejor de los hombres del partido”.

Hubo casos que se cuentan como anecdóticos y se le atribuyen a don Adolfo, el Viejo. Cuentan las leyendas urbanas que algún cercano le pidió ser candidato y el Presidente le concedió el deseo.

El nominado se frotaba las manos. Haría realidad el “sueño de todo nacido en la provincia mexicana: servir a su pueblo”.

Hizo campaña frente a otro candidato y ¡perdió!

Dicen que don Adolfo expresó: “ni modo, compadre, perdimos”.

LA DIFERENCIA 40 AÑOS DESPUÉS

Todavía con Luis Echeverría el Senado de la República olía al PRI absolutista. Paulatinamente otros aromas fueron impregnándose en Xicoténcatl hasta que el olor tricolor se redujo a 22 representantes en la LX Legislatura.

En los últimos cinco años, los candidatos del PRI emanados del Senado y postulados a candidatos a los gobiernos de Michoacán, Baja California Sur, Nuevo León, Chihuahua, Querétaro, Durango, Tamaulipas, Veracruz, Puebla, Aguascalientes y Nayarit, fracasaron.

El más reciente Manuel Cota Jiménez en Nayarit.

Hoy ser senador del PRI y obtener la postulación para un gobierno estatal no es garantía de triunfo.

Por el contrario. Pareciera la maldición. Porque en el sexenio y con todo el apoyo de las dirigencias estatales, nacional y la bendición de Los Pinos, solamente Sonora, Zacatecas e Hidalgo son entidades gobernadas por priistas.

Las oposiciones avanzaron y sumaron el descontento con los gobernadores que estaban por salir para ganar con sus senadores.

El 2016 fue el derrumbe de los senadores priistas en estados que jamás habían perdido como el caso de Veracruz o el recién recuperado estado de Michoacán. Además del fracaso total en Nuevo León, en donde el PRI postuló a la senadora Ivonne Álvarez quien resultó derrotada por el primer candidato independiente que buscaba una gubernatura.

Los años pasaron y la marca HECHO EN EL PRI dejó de ser líder en el campo de producir gobernadores desde el Senado de la República.

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