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Mutación: de Luchador Social a Delincuente Organizado

*El Caso del Terrorista Chileno Detenido por la PGR

*El Hombre Fuerte de Lula y el Fraude de Petrobras

*Los Etarras Aprehendidos en México en Este Sexenio

Por Nidia Marín

De confirmarse que el terrorista chileno detenido en Guanajuato, el chileno Raúl Carlos Aguilar Poblete “El Comandante Emilio” (en México llamado Ramón Alberto Aguilar Valencia), es el autor de varios secuestros entre los cuales está el de Diego Fernández de Cevallos, retorna al tapete de la discusión, la mutación de luchador revolucionario en delincuente organizado.

No es novedad. En Colombia los integrantes de algunas de las guerrillas se convirtieron en narcotraficantes. Desataron la guerra en el sur del país, entre las propias agrupaciones para adueñarse de los cultivos de coca.

Mientras tanto, en México, con la pantalla de guerrilleros aparecieron algunos huachicoleros, en tanto que otros participan en el galopante narcotráfico en Guerrero, Michoacán y algunos más, ya se supo, en la industria del secuestro, en este caso en Guanajuato. ¿En dónde más? Es desconocido.

El planteamiento de Carlos Marighella (luchador político contra la dictadura militar brasileña de los años sesenta) acerca de que el secuestro, el robo a bancos y los asesinatos eran técnicas adecuadas y eficaces, permeó durante los años de las tiranías y las luchas en Latinoamérica. Pero permaneció en el siglo XXI una vez que los gobiernos de izquierda arribaron al poder. Entonces se distribuyeron en otros países con el mismo pensamiento, pero con el lucro como único y triste fin.

México fue uno de los países elegidos por los denominados terroristas, no sólo por su política de puertas abiertas para recibir a los perseguidos políticos, sino porque las posibilidades de actuar y no ser detectados eran mayores. Por ejemplo, en los albores de los años setentas llegaron a México los luchadores sociales intercambiados por la libertad del embajador de Estados Unidos en Brasil, Charles Burke Elbrick, secuestrado. José Dirceu de Oliveira e Silva, de los grupos obreros y quien había participado en la voladura de un cuartel militar en Sao Pablo, así como un estudiante que había robado un banco, estaban entre los 15 presos políticos enviados a nuestro país en un avión Hércules 56, donde permanecieron unos días para después volar a Cuba. Pertenecían a las agrupaciones ALN (Acción Libertadora Nacional) y MR-8 (Movimiento Revolucionario 8 de Octubre). Dirceu, llegó a ser el hombre fuerte en el gobierno de Lula da Silva. Hoy por el fraude de Petrobras suma 30 años de prisión.

Otro ejemplo más de un terrorista radicado en México fue el de Ángel María Tellería Uriarte, del grupo ETA, quien era reclamado en España por diversos atentados con bombas cometidos en los años setenta. Fue detenido a principios de febrero pasado en León, Guanajuato.

Antes que él, en mayo de 2015 aprehendieron a otro etarra, Hilario Urbizo San Román, en Aguascalientes, de la misma manera que en 2014 en Puerto Vallarta, Jalisco, a Iciar Alberdi Uranga y Juan Jesús Narváez Goñi.

Los cuatro permanecían en México desde hace poco menos de treinta años. Se desconoce si en nuestro país participaron en algunos hechos delictivos o si fueron maestros de integrantes de la delincuencia organizada.

¿Cuántos integrantes de la izquierda mexicana radical estaban enterados de ellos y del chileno? Únicamente las autoridades lo sabrán.

De acuerdo a las reformas del Código Penal Federal, el artículo 139 señala que se impondrá pena de prisión de quince a cuarenta años y cuatrocientos a mil doscientos días multa, sin perjuicio de las penas que correspondan por otros delitos que resulten.

En su fracción segunda señala:

“Al que acuerde o prepare un acto terrorista que se pretenda cometer, se esté cometiendo o se haya cometido en territorio nacional. Las sanciones a que se refiere el primer párrafo de este artículo se aumentarán en una mitad, cuando, además: I. El delito sea cometido en contra de un bien inmueble de acceso público; II. Se genere un daño o perjuicio a la economía nacional, o III. En la comisión del delito se detenga en calidad de rehén a una persona”.

Es un hecho pues, que conforme a las declaraciones de algunos “guerrilleros”, como Megateo, en Colombia, el financiamiento para su “lucha” provenía del narcotráfico.

La mutación de luchador social a delincuente organizado, pues, es un hecho. Y de ahí el derramamiento de sangre en México.

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