Lascas Económicas

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OEA, Discusiones de un Elefante Blanco en Cancún

*Avanzar en Superar la Concentración de la Extrema Riqueza

*Hemisferio Occidental: Sobreviven 40 Millones de Indígenas

*Aunado a Ello Suman 130 Millones los Afrodescendientes

*Así, no se Debe Hablar de Igualdad y Mejora en la Pobreza

Por Luis Emigdio Contreras

Justo en estos días y hasta el jueves, se celebra en Cancún, Quintana Roo, la 47 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, en donde privará, sin duda, el tema de Venezuela en la agenda de los casi 22 de los 35 ministros de relaciones exteriores de lo que se ha mal llamado el Hemisferio Occidental, según la lexicología de los que toman decisiones en el mundo, es decir, el FMI y el Banco Mundial.

Pero lo que no se va a decir, aunque lo sepamos todos, lo que no se tendrá presente –si acaso en uno que otro discurso, pero sin trascender- es que Latinoamérica es y seguirá siendo la región más desigual del mundo, “a pesar de importantes avances realizados por los países durante la primera década y media del siglo XXI”, como alguna vez nos comentara ni más ni menos que la economista Laís Abramo, titular de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Los señores cancilleres y sus colaboradores, en una de esas se irán a tomar sus cócteles y sus platos suculentos o acudirán a las playas paradisiacas del Caribe mexicano, pero les tendrá sin cuidado eso de que la igualdad debiera imperar también en esta parte del planeta, aunque no tenga derecho, como reza el poema alusivo y directo de don Mario Benedetti.

Como nos lo dijeron desde la infancia, el continente americano cuenta con 46 países, de los cuales 35 debieran estar vertebrados en la OEA (pero Cuba está fuera desde hace mucho tiempo) y contiene 625 millones de habitantes, de los cuales más del 80 por ciento están en la pobreza y en extrema pobreza. Ni aún su clase media, exigua y casi en extinción, puede satisfacer a cabalidad todos los requerimientos de un buen vivir, como proclaman los señalamientos teóricos de los grandes estudiosos sobre el particular.

Veamos, acorde con la CEPAL la noción de igualdad promovida se refiere no solo a la equidad de medios, ingresos o propiedad. “También alude a la igualdad en el ejercicio de derechos, en el desarrollo de capacidades y autonomías y de género, étnica, racial y territorial, entre otras”, nos recuerda Abramos, para documentar nuestro optimismo.

No de ahora, sino de los tiempos cepalinos de Prebisch y compañía – es decir, hace más de 30 años- este organismo multilateral ha venido llamando la atención sobre la complejidad y las múltiples dimensiones de la desigualdad social en América Latina y el Caribe, y cómo estas dimensiones se entrecruzan, se potencian y se encadenan a lo largo del ciclo de vida de las personas, creando un desafío enorme para nuestra región, refiere la especialista con sus matices respectivos.

De ahí que, nos enfatice la consultora en jefe de esta entidad, “si todos los países de la región están comprometidos con el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es fundamental avanzar no solo en la superación de la pobreza sino también de la extrema concentración de la riqueza”.

Anota de inmediato Laís Abramo que en esto que llamamos América Latina los datos indican que “la concentración de los activos, es decir, de la propiedad, tanto financiera como no financiera, es mucho más severa y mucho más permanente que la concentración de los ingresos corrientes de las personas”, y como que esto suena a una idea bastante difundida desde hace muchos, pero muchos años.

Cómo estarán las cosas que, en el Hemisferio Occidental, es un eufemismo, hoy día sobreviven aproximadamente 46 millones de personas de pueblos indígenas y 130 millones de afrodescendientes. Como fácilmente se comprenderá, según estas estimaciones, uno de cada cuatro latinoamericanos es indígena o afrodescendiente, aunque su distribución es muy diversa y heterogénea en la región.

Todo esto significa, en buen castellano, como usted lo comprenderá de inmediato, que no se puede hablar de igualdad, de superación de la pobreza, de la agenda de derechos, sin considerar de manera muy clara la situación de estas poblaciones secularmente olvidadas por “la civilización y el progreso”. Viva América Latina, cómo carambas no.

Así que lo que se esté sucediendo en Cancún, con acento venezolano o no, con respeto lo decimos, nos tiene perfectamente sin cuidado porque la toda región, amig@s, se sigue depauperando día a día y la llamada gente pobre continúa en la angustia permanente, con hambre y sed (no nada más de justicia), en un marco de violencia, delincuencia y desolación que no la tiene ni Obama.

Mal de muchos ya no es solo consuelo de tontos, o en todo caso, ni siquiera es el consuelo de millones y millones que se debaten entre el hambre y la muerte sin saber qué hacer ni cómo. Y lo que menos se vale es apelar a eso que mal llaman democracia y que no ha servido por generaciones a paliar los resultados del rezago la pobreza perenne.

Por lo pronto, estas Lascas Económicas andan buscando piedras, conchitas y caracoles de mar para hacerles con silbidos y sombrerazos, un rosario de increpaciones a los señores cancilleres latinoamericanos –incluidos, por cierto, el estadunidense y el canadiense- y también los caribeños, para ver si alguna vez se dignan voltear para abajo, porque acá, para arriba no sabemos mirar y volteamos muy poco. Pero nos vemos aquí la semana entrante.

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