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Las Revueltas de Silvestre

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“Estoy en Contra de las Elecciones Populares Mientras no Descansen en Otras Bases”

*Los Mexicanos no Queremos Elecciones Entre Truhanes

*Tampoco que los Partidos Políticos Sean los que Decidan

*En el Edomex, la Base de Legitimidad fue muy Raquítica

Por Silvestre Villegas Revueltas

La frase con la que se titula el presente artículo fue expresada por Lucas Alamán en una carta que le envió a Antonio López Santa Anna a inicios de marzo de 1853. El contexto histórico de la misiva había sido el siguiente. A lo largo del semestre anterior había renunciado el presidente constitucional, el presidente interino dio un golpe de estado parlamentario, éste poder no se disolvió y desconoció al interino que a su vez recibió el apoyo de los comandantes militares quienes lo reinstalaron, pero cuando el presidente interino quiso poner en cintura a los militares, éstos lo sacaron de Palacio Nacional y pusieron a uno de los suyos que quedó encargado del despacho mientras el caudillo veracruzano hacía maletas, regresaba de su exilio caribeño para tomar las riendas del gobierno mexicano. Lo anterior, que se circunscribe al tema de la sucesión presidencial y al enfrentamiento entre los diversos poderes constitucionales y fácticos, se complementaba con la realidad social que había resultado de la derrota (1848) de nuestro país frente a los Estados Unidos. Aunque el país perdió la mitad de su otrora territorio colonial, el territorio que conocemos estaba prácticamente vacío y habitado por mexicanos que disfrutaban de las modernidades de la Revolución Industrial y podían pasearse en la Madelaine parisina como vestir con los mejores casimires y algodones producidos por la Inglaterra victoriana. En el extremo opuesto había millones de compatriotas que en las serrarías del Nayar, del norte de Puebla, de la montaña guerrerense o en los desiertos del noroeste mexicano, sus condiciones de vida diaria eran parecidas a las del “neolítico” como lo expresó alguna vez Manuel Payno. Consumían muy poco y los artículos que utilizaban eran de tal manera elementales, que no podían constituir la base necesaria para que se creasen industrias locales y una importante red comercial. Por lo que respecta a la sección media de la pirámide social, primero, era muy reducida en su número y en segundo lugar, a pesar de sus aspiraciones de consumo, sus limitados ingresos tampoco la hacían el elemento fundamental para sostener una fuerte economía capitalista. Aunado a lo anterior y para que resolvieran sus apremiantes necesidades, existía principalmente en “la clase media” y en los más pobres, una propensión por apoyar a toda una legión de individuos que llamados políticos y apellidados federalistas, centralistas, monárquicos, liberales, conservadores y republicanos se habían enriquecido al usufructuar con los cargos públicos. Era común que estuvieran en contubernio con los dueños de las casas mercantiles que administraban diversos servicios públicos porque el gobierno central y los estatales no tenían dinero para mantener puentes, puertos, calles, caminos, etcétera. Asimismo, tales funcionarios, y tales comerciantes se convirtieron en prestamistas de las administraciones de Santa Anna, Bustamente, Canalizo y tiempo después con las de Zuloaga y Miramón, constituyendo una élite privilegiada que amasó enormes fortunas que se consolidaron durante el porfiriato, y con variaciones perduraron a lo largo del siglo XX. La rapacidad de tales políticos y la miseria en la que vivía la mayoría del pueblo mexicano, era la realidad decimonónica que ponderaba Lucas Alamán en su carta a Santa Anna; los primeros estaban interesados en que las cosas no cambiasen porque ello generaba enormes fortunas, y el pueblo, se había entregado a los espejismos que le “ofrecían los demagogos” quienes pretendían instalar por medio de elecciones populares, gobiernos que llamados populares, en la realidad eran otros negocios manejados para satisfacer  los intereses egoístas de los llamados políticos profesionales.

Cuando en este junio de 2017 y en diversas elecciones estatales toda una legión de políticos que cubre la totalidad del arcoíris político se ha enfrentado entre sí, y además ha sido señalada por llevar a cabo toda una serie de rapacerías que han dañado las finanzas públicas y la vida de muchos conciudadanos, en este contexto vuelve aparecer el sentido y reclamo de Alamán. No queremos ese tipo de elecciones entre truhanes, no queremos que los partidos políticos sean los únicos que interpreten lo que le conviene al país. Peor, dada la atomización entre partidos y sus candidatos, el porcentaje de votación que llegue a obtener el candidato ganador, tomando en cuenta los números absolutos y los relativos que incluyen a los ciudadanos que enlistados no acudieron a votar, resulta que el individuo ganador llega al poder con números cercanos al 17-21 por ciento del total de la votación. Sin duda una base muy raquítica de legitimidad.

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