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Del Cine y las Leyes

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“El Soborno del Cielo”

Una Huelga Eclesiástica en Colombia

*Resultados de la Comisión del Peor de los Pecados

*Prohibido por la Iglesia Enterrarlo en un Camposanto

*La Libertad Religiosa y el Artículo 24 Constitucional

*Las Vertientes Interna y Externa en Nuestro País

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“El Soborno del Cielo”, filme colombiano dirigido por Lisandro Duque Naranjo, actúan Germán Jaramillo (Párroco), Guillermo García (Alfer Zapata), Milady Dau (Fabiola), Wilderman García (Byron), Sara Deray (Sor Teresa) y Carlota Llano (Doña Josefina Zapata); cuyo estreno se dio antes de la celebración de Semana Santa del 2016.

La historia comienza cuando, desafiando la autoridad del cura, la devota familia de Aimer Zapata, quien se ha suicidado, lo entierra en el camposanto, lo que hace que el párroco deje de administrar sacramentos mientras no se cambie el cadáver de sitio; la población sufre la molestia del sacerdote, hay niños sin bautizar, bodas sin celebrar y moribundos sin recibir la extremaunción; presionada por los vecinos, la familia del suicida determina que cambiará el cadáver si todos los demás cuerpos de suicidas enterrados durante los últimos cinco años, también son trasladados al cementerio laico.

Ambientada en los años sesenta en un poblado colombiano, basado en un cuento del propio director Lisandro Duque que narra los sucesos acaecidos en el pueblo de Sevilla Valle, Colombia; esta comedia de humor negro encara el rol autoritario que tuvo la Iglesia católica en la vida de los colombianos gracias al Concordato de 1887.

LIBERTAD DE CREENCIA, PERO NO DE CULTO

El nuevo párroco del pueblo se entera del suicidio de Aimer Zapata, por lo que niega a su familia oficiar una misa funeraria, pues Dios es el dador de vida y sólo él puede disponer de la misma, por ello, el suicidio es el peor de los pecados que se puedan cometer.

La libertad religiosa está tutelada por el artículo 24 constitucional, y de acuerdo a lo sustentado por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al resolver el Amparo en revisión 1595/2006, tiene dos vertientes: una interna que atiende a la capacidad de las personas para desarrollarse y actuar de conformidad con una particular visión del mundo en la que quede definida la relación del hombre con lo divino, y una externa en el sentido de que todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.

Los actos de culto público son los específicamente orientados a desarrollar de manera colectiva los ritos, ceremonias y prácticas que las diferentes religiones reconocen como manifestaciones institucionalizadas o formalizadas de su fe religiosa, definidas y gobernadas por reglas preestablecidas por ellas.

Es claro que la vertiente interna de la libertad religiosa depende exclusivamente de cada persona, pero la vertiente externa por lo que hace a la práctica de ceremonias, devociones o actos del culto dependen de la colectividad y sobre todo de la institución religiosa, debiéndose de ceñir a sus reglas, pues una persona por sí sola no podría oficiar una misa, y excepcionalmente podría dar sacramentos.

LIBERTAD DE CREENCIA, PERO NO DE PROPIEDAD

Ante la imposibilidad de la misa fúnebre, la familia realiza el sepelio en camposanto, lo cual ofende al párroco, quien solicita al ejército que impida ese entierro; al presentarse la milicia al panteón, pide que el cuerpo sea sepultado en el cementerio civil, pero Alfer Zapata se opone, señalando que le han comprado a la Iglesia el uso de un sepulcro, por lo que los militares deben defender el derecho a la propiedad de los particulares.

Hay infinidad de reglamentos y disposiciones legales sobre el derecho de uso y usufructo del suelo en los panteones, sean civiles o parroquiales, con la limitante, por lógica natural y jurídica, que ese derecho es para depositar los restos de un cuerpo, pero es inusual la exigencia de la que persona, cuyos restos se pretendan enterrar, haya profesado determinada religión o no haya sido un suicida.

Obvio que tal clausula podría pactarse, pero si los reglamentos sobre el usufructo de los cementerios no contemplan esta limitante habría que ver tan válida y legal podría ser.

LIBERTAD DE CREENCIA, PERO NO DE SECRETO DE MUERTE

Fabiola está inquieta por saber si en la lista de suicidas aparece el nombre de su marido, miembro de carrera militar del ejército, quien se suicidó, pero en el parte informativo se puso muerte accidental, pues de lo contrario no tendría derecho a la pensión por viudez; la película muestra que más allá de la creencia religiosa sobre el tema del suicidio, existe una problemática con los seguros de vida y las pensiones por viudez.

El ejercicio de cualquier derecho es en vida de la persona, es decir, que resulta jurídicamente imposible concebir que una persona fallecida pueda ejercer derecho alguno y menos concebible que pueda exigir el respeto a su derecho.

Es importante dilucidar si existe el derecho humano al secreto sobre la causa real de muerte de algún familiar, y quién o quiénes resultan ser los titulares del mismo, así como el esquema legal de protección y bajo que limitantes o restricciones opera este derecho.

EL CONCORDATO DE 1887

Un concordato es el acuerdo celebrado por la Santa Sede, como representante de la Iglesia católica, y un Estado para regular las relaciones entre ellos, en materias de mutuo interés; y posee la categoría jurídica de Tratado Internacional.

La película cuestiona el papel de la Iglesia católica en los tiempos del concordato de 1887, celebrado entre Colombia y el Vaticano, en el que, entre otras cosas, se reconoce la libertad de la Iglesia y de su jurisdicción eclesiástica frente al poder civil, la libertad para poseer libremente bienes, se exime de impuestos a los templos, la educación e instrucción pública deberá organizarse y dirigirse en conformidad con los dogmas y la moral de la religión católica, el matrimonio católico produce efectos civiles, y las causas que afecten dicho vínculo, la cohabitación de los cónyuges y la validez de los esponsales son de competencia exclusiva de las autoridades eclesiásticas.

El documento de 1887, fue reformado por el concordato suscrito el 12 de julio de 1973, aprobado sin mayores complicaciones por la Ley 20 de 1974, y entró a regir en 1975, pero la Corte Suprema de Colombia, el 5 de febrero de 1993, mediante la sentencia distinguida con la nomenclatura C-027, declaró inexequibles, en todo o en parte, numerosos artículos de la convención concordataria; el alto tribunal sostuvo que el artículo 241 de la Constitución de 1991, le atribuía facultades para ejercer el control de constitucionalidad aun sobre los instrumentos internacionales ya perfeccionados cuando la nueva normativa constitucional entró a regir.

Varias disposiciones concordatarias colisionaban con la nueva Ley Fundamental, sobre todo los efectos civiles del matrimonio y al vicariato castrense; claro que el Concordato de 1973 se celebra cuando el Estado colombiano era confesional católico, carácter que perdió con la Constitución de 1991, pues pasó a un régimen de aconfesionalidad absoluta.

Al final resulta un filme interesante, pero ¿qué será lo mejor, no tener los servicios religiosos porque hay un suicida en camposanto o brindar los sacramentos haciendo mutis a este detalle?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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