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Las Revueltas de Silvestre

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La Onda de Calor

*Tres Décadas sin Desarrollo Urbano Científico y Ordenado

*Vialidades Innecesarias en Diversos Puntos de la Ciudad

*Remate: la Tala de Árboles Para Llevar a Cabo las Obras

Por Silvestre Villegas Revueltas

Cuando se están escribiendo las presentes líneas la temperatura afuera de mi oficina es de 29 grados centígrados lo que, para la Ciudad de México, si bien no es una novedad porque como dicen los especialistas, mayo es un mes eminentemente caluroso, sí lo es porque ya llevamos alrededor de diez días con un calor que coloca a las corbatas y sacos como prendas indeseables, en cambio, hacen su aparición los ropajes vaporosos y sugestivos entre la población femenina. Pero ¿qué hace del calor en la capital del país un fenómeno desagradable y distinto a cuando viajamos a destinos tropicales, donde las temperaturas en los 30 grados son una constante durante la mayor parte del año? La respuesta es sencilla en su faceta más evidente: la galopante contaminación. La ciudad y en sí el Valle de México es como una olla de presión, donde en términos generales hay poco viento constante, y si a lo anterior le agregamos millones de automóviles, miles de camiones que son auténticas chatarras expidiendo toneladas de humo del diésel que consumen, maquinaria de la construcción que echan humo como unas genuinas chimeneas -dicho sea de paso, deberían ser verificadas por alguna instancia gubernamental-,  amén de la contaminación producto de la vida cotidiana de los seres vivientes (orines de humanos y perros, materia fecal que al secarse forma parte de la atmosfera que respiramos, el dióxido de carbono producto de los calentadores de agua que se utilizan para bañarse, toneladas de todo tipo de basura, etcétera), tenemos como resultado que la vida diaria en la megalópolis, tal y como la padecemos, genera un tipo de contaminación que ha elevado la temperatura de la ciudad a lo largo del año calendárico. Todo lo anterior es acaso una maldición divina. Definitivamente no. Hemos llegado a esta situación de calor y contaminación porque en las últimas tres décadas no se planeó un desarrollo urbano científico y ordenado, asimismo, porque en la actualidad, las autoridades capitalinas en conjunción con poderosos intereses de la industria de la construcción no han dejado espacio libre, edificando a diestra y siniestra centros comerciales, mega torres de departamentos y oficinas así como vialidades, algunas necesarias y otras francamente de muy dudosa utilidad. Estimado lector, la semana pasada, el recientemente aparecido diario El Heraldo de México publicó un artículo donde señalaba que la ciudad perdía diariamente alrededor de once árboles y el nuevo negocio, o sea la línea del Metrobús que correrá por Avenida de la Reforma, para su realización se van a tener que talar más de medio millar de árboles. Mi más sincera solidaridad con los vecinos de las Lomas de Chapultepec que perderán miles de metros de verdor producto de un diseño urbano y profesional concebido en los años cincuenta del siglo XX; la vialidad no mejorará como lo demuestran los “chorizos” automovilísticos en Xola y avenida Cuauhtémoc por donde pasa el mentado Metrobús. Pero ello no les importa a los individuos que usufructúan estar en los puestos de gobierno en la Leal y Muy Noble Ciudad de México (sí, desde el siglo XVI).

Por último y frente a esta onda de calor, ya estamos haciendo ofrendas propiciatorias a Tláloc para que empiece a regularizar las lluvias; le estamos rezando a san Felipe de Jesús, el patrono de la ciudad, para que envíe una luz de moderación y genuino compromiso de nuestros gobernantes citadinos con la sufrida ciudadanía. Vemos con asiduidad a las encantadoras muchachas que nos explican las condiciones del tiempo por los canales de televisión y mientras tanto, esperamos y soportamos estoicamente “la calor” con un vodka, agua tónica y gotas de limón acompañado de un refrescante queso mozarella, aderezado con jitomates cherry y cebollines.

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